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Fernando I, un rey envuelto en la polémica historiográfica

Miniatura del siglo XV que figura el sepelio de Fernando I. :: lp
Miniatura del siglo XV que figura el sepelio de Fernando I. :: lp
  • El abuelo de Fernando el Católico, de origen castellano, llegó de un modo inaudito a la corona de Aragón

  • San Vicente Ferrer, convencido de su idoneidad, defendió su figura entre algunos valencianos escépticos

Tal día como hoy de 1380 venía al mundo uno de los monarcas más extraordinarios y controvertidos de nuestra historia: Fernando de Trastámara. Como el resto de los mortales, acaparó virtudes y defectos. Sin embargo, los dos calificativos empleados pueden relacionarse con una circunstancia, a saber, su origen castellano. Más allá de su procedencia foránea, el quid de la cuestión radicaba en que provenía de una estirpe que reinaba en un territorio históricamente hostil a la Corona de Aragón. Para muestra un botón. Algunas décadas antes a su nombramiento como rey de la Corona de Aragón, Valencia sufría un constante y terrible asedio de las tropas castellanas al cual resistió con gran determinación, aspecto que le valió la obtención de la dos eles que ostenta su escudo en correspondencia a su carácter doblemente leal. Por otro lado, fueron muchas y variadas las vicisitudes que llevaron hasta el trono aragonés a Fernando, un aspecto que todavía hoy levanta ampollas entre diversas corrientes historiográficas. Al respecto, como en tantas otras cuestiones, invito al amable lector a que saque sus propias conclusiones. Lo que sí auguro es una historia digna del mejor guión imaginable. A la espera de las nuevas aventuras de los Stark, los Targaryen, los Lannister y los Baratheon, les mostraré como los Trastámara superan cualquier ficción. Para que Fernando se convirtiera en rey de la Corona de Aragón acontecería una guerra civil en Castilla, un fratricidio entre hermanastros (cometido por su abuelo), un vacío sucesorio en otra Corona que provocó un nuevo conflicto bélico, una reunión auspiciada por un Papa donde intervinieron los hombres considerados más íntegros del momento, una controvertida elección al trono entre seis aspirantes, así como una férrea defensa del nuevo rey por un santo en vida. Casi nada.

Nacido para no reinar

Fernando vino al mundo el 27 de noviembre de 1380, en Medina del Campo (Valladolid). Era el segundo hijo de Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón. Esta última era hermana de Martín el Humano y convertía a Fernando en nieto por vía materna del rey de Aragón Pedro IV el Ceremonioso. No olviden este dato. El asunto es que el ascenso de los Trastámara a la casa real castellana ya es novelesca. Enrique II de Castilla, el abuelo de Fernando por vía paterna y primer rey castellano de la dinastía Trastámara, mató en 1369 a su propio hermanastro, Pedro el Cruel, aquél que había puesto en jaque nuestra ciudad entre 1356 y 1365. Así finalizaba una guerra civil donde las fuerzas del primer Trastámara contaron con el apoyo de la Corona de Aragón.

Volviendo a Fernando, sus aspiraciones al trono castellano dependían del futuro de su hermano mayor, Enrique III, cuyo sobrenombre, El Doliente, auguraba una existencia más bien breve. Pero el Doliente tuvo un hijo justo un año antes de morir. Fernando sería regente de Castilla junto a la viuda del Doliente hasta que el legítimo sucesor alcanzara la mayoría de edad. Fernando se quedaba sin la corona castellana pese a que sin mucho esfuerzo hubiera podido conseguirla: su ejército era uno de los más afamados de la península. El único representante de las fuerzas cristianas que había asestado un verdadero golpe a los infieles después de mucho tiempo. Fernando tomó la ciudad de Antequera, hito que le valió el apodo de Fernando de Antequera. La rueda de la fortuna, un tema de gran éxito en la época le depararía una sorpresa.

Valencianos sin rey

Mientras Fernando regía junto a su cuñada en la corona de Castilla, Martín I el Humano fallecía en Barcelona en 1410 sin sucesor alguno, dejando a valencianos, aragoneses, catalanes, mallorquines, sicilianos y otros súbditos de la monarquía aragonesa sin rey. Digno del mejor film que puedan imaginar, algunos documentos recogen que en la agonía final le hicieron una pregunta de gran extensión a Martín que venía a decir algo así como si estaba de acuerdo en que le sucediera quien por justicia mereciera. Martín dijo «hoc», que significa «sí, correcto». Pero quizá «hoc» fue sólo el sonido gutural final. Lío servido. Los posibles implicados en la solución pronto comenzaron a postular porqué cada uno de ellos era el aspirante al trono vacante que por justicia merecían. Hasta 6 personas mostraron su candidatura. Según algunos historiadores, Fadrique -nieto bastardo de Martín el Humano-, parecía el más indicado para la corona, pero en su contra jugaba su minoría de edad. Otros indican que el hecho de haber nacido fuera del matrimonio le deslegitimaba. Lo que en apenas un año quedó claro es que militarmente Fernando de Antequera y Jaume de Urgell, ya enzarzados en cruentas batallas, eran los más poderosos. El Papa Luna, recién afincado en el castillo de Peñíscola organizó una serie de consultas para dirimir cómo resolver el conflicto bloqueando las armas. Finalmente, los nueve hombres más justos de la época emitirían su voto.

Fernando, monarca

El único pero no pequeño inconveniente legal de la candidatura de Fernando a la Corona de Aragón era la vía materna por la que pasaba su línea sucesoria. Su condición de extranjero no era tan relevante. Como hemos visto su abuelo paterno Enrique II ya estuvo aliado con las tropas valencianas en su conflicto contra Pedro el Cruel. El resto de características hacían de Fernando un gran candidato. De proceder honesto en su corona natal, experto en asuntos de gobierno y con un poder militar manifiesto en su lucha contra el islam y contra el propio Jaume de Urgell. Por si fuera poco, era el preferido de Benedicto XIII (Papa Luna), quien había orquestado la elección. Ganó Fernando de Antequera, quien contó entre sus votos los de los hermanos Ferrer, Bonifacio y Vicente. Este último ya era entonces concebido como la máxima autoridad del momento y para algunos un hombre llamado a la santidad. Por eso mismo fue él quien hizo público el nombre del elegido la mañana del 28 de junio de 1412. Un grito sonó de manera unánime tras la voz de Ferrer pronunciando el nombre de Ferrer: «viva, viva, nostre rey e senyor Don Ferrando». El segundón de una dinastía castellana era rey de la corona de Aragón.

El catedrático Francisco M. Gimeno editó parte de un manuscrito conservado en el Archivo Municipal de Valencia donde se recogieron gran parte de los actos celebrativos tras saber la noticia de la elección de Fernando. El 30 de junio de 1412 las autoridades y la flor y nata de la sociedad valenciana del momento se reunieron en la catedral para un evento en el que se daría a conocer el nombre del nuevo monarca de los valencianos. Imaginen al obispo de la ciudad Hug de Llupià subido en el mismo púlpito gótico que todavía podemos ver y abriendo las cartas con las noticias que venían de Caspe. La catedral abarrotada y expectante, porque las misivas estaban aún selladas. Tras la lectura de la primera, las voces se unieron: «viva, viva, viva lo molt excel·lent senyor don Ferrando, rey d'Aragó, rey e senyor nostre».

Pese a esta emoción inicial conocemos algunas persuasivas defensas que tuvo que hacer San Vicente Ferrer en Valencia del nuevo monarca. En una de ellas, el 27 de diciembre de 1412, reprueba a algunos ciudadanos su rechazo expreso a Fernando I. El dominico explicó que los orígenes de Fernando se asociaban a tierras valencianas y aragonesas, al señalar que el padre del nuevo rey fue concebido en el reino de Valencia. Además, indicó que sin duda era el guerrero más válido y reservó como epílogo una fascinante defensa de la línea materna sucesoria de Fernando I: «axí com Jesuchrist succeí a David per mare, axí aquest nostre rey en aquest regne».

En esa época San Vicente Ferrer requería de medidas de seguridad para que el enfervorizado pueblo no le dañara en su afán por tocarlo, y sus palabras convertían a Fernando I en un rey de carácter mesiánico. Un rey acorde para preparar la cristiandad antes del inminente Juicio Final que Ferrer predicaba.

La frase «Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti» se atribuye a Óscar Wilde, escritor inglés de la segunda mitad del siglo XIX. Por cuestiones políticas, hoy totalmente descontextualizadas, Fernando I sigue siendo un personaje que no deja indiferente a nadie.