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Fiestas y tradiciones de Valencia

Flores y campanas para recordar a los difuntos

Flores y campanas para recordar a los difuntos
  • Las celebraciones en torno a Todos los Santos mantienen vivas tradiciones tan antiguas como el cristianismo

  • Los bronces del Miguelete voltearán a mano mañana por la tarde y el miércoles con motivo de la festividad

Con toda probabilidad usted visitará, tal vez ya lo haya hecho, entre hoy y mañana el cementerio donde se encuentran enterrados familiares, amigos o conocidos. En el camposanto coincidirá con muchas personas más. Llevarán un ramo de flores para depositarlo en la tumba de sus seres queridos. Cumplirán así con la tradición más arraigada en torno a la festividad de Todos los Santos. Pero no es la única que ha llegado a nuestros días de la mano de la celebración del 1 de noviembre. Los toques de difunto de las campanas, que se conservan tanto para la fiesta de mañana como para los entierros, es otra de las grandes tradiciones vigentes entre los valencianos.

Acercarse a los camposantos, hábito que acumulando idas y venidas de la historia ha llegado al siglo XXI, «es tan antiguo como el cristianismo. Ya en época romana se hacía». Con estas palabras aclara el canónigo Jaime Sancho, experto en Liturgia y Patrimonio, el origen de una costumbre que en sus inicios comportaba «incluso comer delante de las tumbas». De ahí que en las «catacumbas de Roma se encuentran los espacios destinados al refrigerio, algo que desapareció y se fue pasando a una mayor espiritualización».

Los ramos de flores son la muestra de homenaje más extendida conviviendo con la elaboración de los dulces propios de la mesa de estos días y «en algunos lugares probablemente habrá canciones populares» relacionadas con la festividad. No todo se ha conservado. Refiere el canónigo a lo largo de los años se han perdido costumbres, como la de encender luces en pequeñas lámparas de aceite la noche del 1 de noviembre.

Y en medio de todo ello, como música de fondo, subsisten los toques de campana que con el tiempo han acompañado a la cultura de la muerte. Francesc Llop aclara que no sólo hay que tener en cuenta la voz de las campanas que se escucha estos días, también presencia de su sonido ante la muerte de una persona, el toque de difuntos que es el más antiguo que existe.

En Valencia mañana a las siete y media de la tarde desde el Miguelete los campaneros interpretarán esa música, que se repetirá el miércoles, festividad de los Fieles Difuntos. «El de la noche es muy emocionante», puntualiza Llop. El sonido que ofrecerán los campaneros se conoce como «clamoreo» y, en contra de lo que se cree, «el toque de muerto no es lento, aunque se percibe lento». Sucede así porque cuando suena, «quienes lo escuchan se encuentran haciendo frente a un duelo, circunstancia que provoca que el tiempo se perciba a un ritmo distinto del real».

En la ciudad mañana y el miércoles se escuchará ese son. Pero también en algunos pueblos valencianos, donde, además, mantienen la costumbre de acompañar con campanas la muerte de sus vecinos «sobre todo en el momento previo al entierro y cuando finaliza».

Hubo un tiempo en el que la presencia era mayor, tanto en la capital como en el resto de municipios. Cuando moría alguien se tocaba por la mañana lo que se conocía como «señal». Se repetía al mediodía y por la tarde, dependiendo de cuándo se celebraba el entierro, momento en el que volvía -en algunos lugares aún lo hace- el volteo.

Las campanas se encargaban de «despertar todo el ritual de la muerte». Daban la noticia de los fallecimientos. Ofrecían información sobre el finado, según los toques porque los sones tradicionales de difunto señalan si es varón o mujer, o si se trata de un niño. La primera circunstancia comporta tres toques iniciales, la segunda dos. Llop recuerda que en épocas en las que la muerte de niños no era infrecuente también se escuchaba el «albaet, que era rápido, se consideraba de gloria». Las partituras que la historia ha dejado para los campaneros también incluyen rasgos diferenciadores «cuando el fallecido es eclesiástico».

Algunos aspectos perviven, otros desaparecieron o se adaptaron a los tiempos en torno a la festividad con la que mañana la Iglesia recuerda «a los santos anónimos y el miércoles, rezamos por todos los fieles difuntos. La primera es una celebración de gloria y la segunda penitencial», explica Jaime Sancho. En torno a estos dos días se reúnen variadas manifestaciones de respeto hacia los difuntos, que muestran que «los valencianos tenemos una visión de la muerte muy cristiana, poco supersticiosa».

El sacerdote Benjamín Zorrilla, capellán del cementerio General de Valencia, recalca que estamos ante la «festividad de la comunión de los santos» y considera que depositar flores en los nichos es «símbolo de gratitud, de homenaje», explicación de que todos «somos hijos de muchas generaciones». Lo demuestra el hecho de que «en el cementerio se ve a muchos jóvenes que vienen por primera vez. Se han criado con sus abuelos y para ellos son un punto de referencia emocional».