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Fiestas y tradiciones de Valencia

Massamagrell: honores al toro

La calle Camí de la Mar, todo un escenario de emociones y miedos. :: albert de juan
La calle Camí de la Mar, todo un escenario de emociones y miedos. :: albert de juan
  • El Camí la Mar es una de las calles más emblemáticas para los aficionados por su dificultad para recortar

  • Cuadri, Torrestrella, Miura y Palha, cuatro divisas de auténtico lujo para el 'Día del Bou'

valencia. Mañana sábado es día grande en Massamagrell, que acoge su 'Día del Bou', una fecha tradicional y emblemática en el calendario taurino de septiembre. Esta población de l'Horta Nord, inmersa en sus fiestas mayores en honor a su patrona, la Verge del Rosari, ha programado un cartel de auténtico lujo para una de las citas ineludibles para cualquier aficionado taurino. Expectación máxima ante los cuatro toros que los festeros han adquirido con mucha ilusión y no menos esfuerzo, pertenecientes a cuatro ganaderías con sello propio y categoría: Cuadri, Torrestrella, Miura y Palha. Variedad, singularidad y apuesta por el toro-toro, por cuatro divisas que representan la bravura en todo su esplendor.

Además del interés que supone ver cuatro toros de tan cotizadas y emblemáticas ganaderías, una de las singularidades que hacen especial, única e importante esta fecha en Massamagrell, es el recinto, en concreto la calle 'Camí de la Mar', que es desde donde se desencajonan los toros. Goza de enorme popularidad entre los aficionados por su complejidad y dificultad a la hora de recortar a los toros, como lo pueden ser las de San Roque o San Xoxim de Vilavella. La propia calle hace una selección natural de los recortadores descubriendo a los mejores, a los pocos que son capaces de pisar unos terrenos donde no les importa perder la vida. Y es que para ser capaz de entrar y quebrar a un toro en esa calle larga, punto estrecha y sin más defensas que el corazón y las piernas, hay que tener mucho valor, una entrega sin límites, serenidad y unos conocimientos del animal y los terrenos que exigen cierta maestría. Nada hay que dejar al azar.

La calle 'Camí de la Mar' ha forjado en las últimas dos décadas el carácter y la personalidad de los recortadores de Massamagrell, convirtiéndoles en los mejores quebradores de cada época, obligados en cierta medida por la idiosincrasia del citado recinto. Allí creó toda una escuela del recorte el mítico Jacobo, en una época donde Jacinto o Fernando Raimundo dejaron el listón muy alto. Luego llegó una de las mejores generaciones de quebradores integrada por Vicente Calvo, Javi Campos, Héctor Navarrete y el propio Ramón Bellver 'El Blanco', que tanta popularidad alcanzó en el auge de los concursos de recortadores poniendo en valor el quiebro como una de las suertes más cotizadas por su riesgo, pureza y autenticidad. Y luego llegarían nombres más actuales como Balta, Gómez o Fresita. Todos ellos moldearon allí su personalidad en el quiebro, dejando para el recuerdo momentos inolvidables como un reverso de El Blanco, a un buen toro de Juan Pedro Domecq, del que todavía recuerdan con pasión muchos de los afortunados que lo presenciaron. Nadie mejor que él para desvelar algunas de las peculiaridades de esta calle, cubierta de arena para mayor ventaja del animal. «Hay que saber esperar al toro, aguantarlo. Allí siempre he sentido el miedo de verdad porque sabía que a la mínima, cualquier toro te ponía en un aprieto. Sabías que ibas a jugártela. Además, tienes que tener facultades para salir del quiebro y llegar hasta los cajones o la barrera porque normalmente el toro te hace hilo. Nosotros procurábamos colocarnos en sitios estratégicos para hacernos el quite unos a otros, incluso en la barrera nos guardan un sitio. Aunque de todos modos, los de mi época y anteriores, sabíamos hacernos el quite de espaldas nosotros mismos, fue algo que aprendimos por necesidad. Ahora se ve poco», explica Ramón Bellver.

Las fiestas mayores de Massamagrell en honor a la Verge del Rosari han dejado en la historia taurina de este municipio actuaciones de toros míticos, como el primer Miura que salió a las calles de un municipio valenciano. Se recuerda también a toros como Peluquero, de Carlos Núñez en 1987; dos toros de Fermín Bohórquez en 1993; uno de Atanasio Fernández en 1994; un toro de Amparo Valdemoro en 1995 que tras hacerle hilo a Jacinto arremetió contra los cajones haciendo caer al suelo a los festeros; en 1999 destacó un astado de Manolo Tornay, y más recientemente, el toro Potrero de Baltasar Ibán, un juampedro en 2003 o toros de hierros como Jandilla o Cuvillo.

Los festeros de este año ya sueñan en que a esa lista de toros famosos, se sumen los nombres de Archivero, Latoso, Rifador y Gadillito, los toros de Cuadri, Torrestrella, Miura y Palha, que mañana saldrán a las calles de Massamagrell a las 18 horas. «Hay una expectación tremenda este año», matiza El Blanco, «los festeros, que organizan todas las fiestas han trabajado mucho para confeccionar un cartel de esta categoría, como se merece Massamagrell. Desde aquí aprovecho para felicitarles porque no es fácil, tal y como están los precios de los toros, conseguir cuatro ejemplares de estas ganaderías y con una presentación impecable». Aunque los toros se soltarán a las seis de la tarde, dos horas antes tendrá lugar la bajada de cajones, que en este municipio goza de un ambiente muy peculiar. Una tradición que incluso cuenta con un monumento. Todo el pueblo participa de manera festiva de la llegada de los toros, que salen de la plaza Glòries Valencianes y recorren la calle 'Les Casetes' hasta la calle 'Camí de la Mar', de donde se soltarán. «Y no te creas que los toros se guardan muy pronto. Aquí en Massamagrell, los dejamos que desarrollen lo que llevan dentro, que se entreguen, por lo que pueden estar de 15 a 20 minutos sueltos», explica con detalle El Blanco. Por la noche, a las 24 horas, se embolarán los cuatro. «Se ven buenas emboladas gracias a que los toros se resguardan en el 'Camí de la Mar', toman aire y se arrancan después con velocidad, viéndose buenos quiebros. Es todo un espectáculo pasar 'El Día del Bou' en Massamagrell", expone Ramón Bellver.