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La visita del Santo Cáliz a su hogar en Carlet

La visita del Santo Cáliz a su hogar en Carlet
  • El objeto sagrado salió de Valencia en una caja de galletas y tras ser escondido entre los muelles de un colchón y la obra de una cocina

  • La reliquia de la Catedral regresa al municipio en el que permaneció oculta entre 1937 y 1939

valencia. El Santo Cáliz de la Última Cena que se venera en la Catedral de Valencia visitó el pasado domingo la localidad de Carlet, en el corazón de la Ribera, donde permaneció oculto desde 1937 hasta 1939. Una jornada intensa en actos religiosos y festivos que estuvo presidida por el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares.

La visita tuvo lugar con motivo del Año Jubilar Eucarístico del Cáliz de la Misericordia y supuso un día de júbilo, un homenaje a la reliquia, que estuvo escondida durante un año y medio durante la Guerra Civil y que volvió a visitar la población en 1964, en la celebración del 25 aniversario de su ocultamiento.

La venerada reliquia sale en contadas ocasiones de su capilla. La realizada a Carlet del Santo Cáliz de la Catedral ha sido la primera en los últimos diez años, después de la que efectuó el 9 de julio de 2006 para ser utilizado aquel día por el papa Benedicto XVI durante la misa de clausura del V Encuentro Mundial de las Familias celebrada junto a la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

El Santo Cáliz llegó el domingo por la mañana a la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, siendo recibido por cientos de fieles que aguardaban con impaciencia. Fue un día histórico y novedoso para la mayoría de asistentes, pues muchos no habían nacido cuando viajó hasta este pueblo en 1964, de lo que ya han pasado 52 años. Desde Valencia se desplazaron asimismo numerosos fieles, entre ellos y de manera destacada cofrades de la Real Cofradía del Santo Cáliz y el canónigo responsable de su custodia, Jaime Sancho.

Por la tarde, el arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, presidió una misa de campaña en la Plaça del Convent. Cientos de personas acudieron a la celebración eucarística. En la homilía, el cardenal destacó el valor de aquel matrimonio, que, arriesgando sus vidas, escondieron en su casa el Santo Cáliz, destacando que, sin su gesto valiente, el Santo Cáliz no fue profanado ni destruido. Entre los asistentes se encontraban los nietos del matrimonio formado por Bernardo Primo y Lidia Navasquillo.

Finalizada la santa misa, concelebrada por el arzobispo con varios obispos y más de veinte sacerdotes, se puso en marcha la procesión eucarística, con el Santísimo Sacramento en la custodia y, delante de él, en el mismo trono anda, bajo palio, el Santo Cáliz recorriendo las calles de Carlet.

Participaron en el acto numerosos fieles, así como una representación de entidades religiosas, festivas, culturales y falleras. Muchos balcones aparecían engalanados con 'cobertors' durante el recorrido de la reliquia.

De casa en casa

Uno de los momentos más emotivos se vivió cuando la comitiva se detuvo en la casa donde permaneció escondida la reliquia durante año y medio. Allí estaban los descendiente, la familia de Bernardo y Lidia que no pudieron ocultar su emoción, como también el profesor Ballester Olmos, que hace pocos meses publicó un interesante libro sobre cómo se salvó tan venerada reliquia en la persecución religiosa desatada a raíz de la Guerra Civil.

Se sabe que el 21 de julio de 1936, el canónigo de la Catedral de Valencia, Elías Olmos, horas antes del asalto e incendio de la Seo, entregó el Santo Cáliz a María Sabina Suey, quien lo llevó a casa de su madre en la calle Avellanas 3. Meses después viajó a la calle Pelayo, donde fue escondido en casa del hermano de Sabina entre los muelles de un sofá. Ese mismo mes de enero de 1937 fue devuelto a la calle Avellanas, donde Bernardo Primo lo ocultó realizando una pequeña obra en la cocina, pero por temor a nuevos registros y a los bombardeos, el 19 de junio lo trasladó, junto con su mujer, Lidia Navasquillo, de noche y a pie, en una caja de galletas dentro de una cesta, desde Valencia hasta su casa de Carlet, en la calle Padilla, hoy calle del Santo Cáliz.

En la casa de Carlet, Bernardo Primo lo escondió en el piso superior, en el falso hueco de una ventana de la vivienda, dentro de la caja de galletas que había servido de transporte y rodeado de algodón, donde colocó tres bloques, se tapió y se pintaron las paredes. El 30 de marzo de 1939, el Santo Cáliz fue devuelto al Cabildo Catedralicio.