Las Provincias

Fiestas y tradiciones de Valencia

El clergyman, piedra de escándalo en 1966

  • Los sacerdotes mayores siguieron vistiendo sotana, aunque pronto llegaría una generación de 'curas con vaqueros'

  • Fue uno de los primeros signos de renovación tras el Concilio Vaticano II

Se había aprobado unas semanas antes, pero la novedad comenzó a registrarse en la calle con la vuelta a la vida habitual después de las vacaciones de 1966: los sacerdotes -al menos algunos sacerdotes más jóvenes- salían a la calle y no vestían la tradicional sotana de los religiosos, sino un novedoso traje negro, con alzacuellos. Cincuenta años después, cuando la sociedad ha asumido de largo la transformación del atuendo religioso, cabe recordar el escándalo que el cambio produjo en algunos cristianos mayores o recalcitrantes. Pero el problema, hoy, es muy otro: en España faltan sacerdotes.

El papa Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II en el año 1959 y abrió su primera sesión en 1962. Pero falleció al año siguiente. Fue su sucesor, Pablo VI, quien culminó, hasta el año 1965, las tres sesiones conciliares de un acontecimiento que transformó la Iglesia Católica por completo. Una de las vías de cambio fue el acercamiento al pueblo, a las necesidades y costumbres de la sociedad más cercana a la Iglesia, criterio del que se habrían de derivar múltiples transformaciones, de ninguna importancia doctrinal pero de gran trascendencia formal.

Así, en los años sesenta, sobre todo de la mano de una generación de sacerdotes jóvenes, la sociedad va a ver la introducción de música popular en los templos, el giro del oficiante de la Misa hacia el pueblo y, ya en el año 1966, el año de los grandes cambios, el abandono del latín en la celebración de la Eucaristía y la autorización del clergyman, el traje con alzacuellos que dejó atrás a las antiguas sotanas, codificadas en el siglo XVI para los sacerdotes. También por ese tiempo, de forma más imprecisa, desapareció la tonsura o «coronilla» que los religiosos se hacían afeitar en la cabeza.

Si estas últimas medidas fueron causa de gran escándalo, o al menos de comentarios y curiosidad, entre la feligresía mayor española, aún lo fue más que muchos sacerdotes jóvenes fueran más lejos, al final de los sesenta, al vestir pronto de paisano, dejarse el pelo largo y, desde luego, al tener actitudes políticas decididamente progresistas, obreristas o de izquierdas, ya en los años setenta. Es la generación de «curas obreros» o «curas con tejanos», propia de los años setenta y ochenta y de las barriadas marginales.

En Valencia, como en toda España, se vieron los primeros clergyman en septiembre de 1966. Le medida la había autorizado la Conferencia Episcopal Italiana en abril y en los últimos días de julio lo fueron autorizando, tras acordarlo en su propia conferencia, los obispos españoles: Gerona, Huelva, Menorca, Valencia... Las noticias se fueron multiplicando: desde el 1 de agosto de 1966 se podía usar el traje negro con alzacuellos en la Iglesia Católica española; aunque en realidad fue en septiembre cuando se pudo ver su uso en la calle.

Los cambios fueron paulatinos y se produjeron, en general, con cautela y prudencia. Los sacerdotes midieron bien, como les recomendaban las normas, dónde y cómo usar la nueva indumentaria, al tiempo que iban disipando las resistencias de los fieles más mayores, o de los recalcitrantes que no soportaban a un cura católico vestido como «si fuera protestante». Desde luego, los sacerdotes más mayores, o los de cuerpo menos agraciado por los kilos, se abstuvieron de cambiar y prefirieron continuar con la clásica estética de la sotana. También se tardó algún para poder ver un obispo, arzobispo o cardenal vestido con el nuevo traje.