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VICENTE SAN RAMÓN, LEYENDA VIVA DE NUESTRA MÚSICA

  • Tiene 86 años y es fundador superviviente de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad

A los 86 años de edad, Vicente San Ramón se ha convertido en leyenda viva de nuestra música. Instrumentista desde niño y hoy todavía al pie del cañón, puede decirse que toda su vida la ha consagrado a la música, especialmente a la de banda. En estos momentos, es el único superviviente de aquel benemérito grupo de adelantados que hace cerca de medio siglo fundaron la ahora denominada Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana.

No fue fácil la tarea de unir a las bandas de nuestra Comunitat. Un elenco de amantes de la música, entre los que figuraban Antonio Andrés Juan (el primer presidente de la Federación), Ángel Asunción Rubio, Vicente Ruiz Monrabal, José Almería Gisbert, Casildo Sanchis Navarro y Vicente San Ramón Báguena. Estos se lanzaron a recorrer los confines de las tres provincias valencianas para dar a conocer su proyecto a los directivos de las bandas. Y lógicamente tropezaron con no pocas dificultades. Pero al fin, con el beneplácito de unas treinta sociedades musicales, a las que no tardarían en sumarse muchas más, se pudo llegar a la firma del acta fundacional. Y así se consiguió aglutinar a más de 500 bandas federadas, que vienen a ser la mitad de las que existen en España, con 50.000 músicos amateurs.

Por eso, con oportunidad y justicia, durante la Gala de la Música Valenciana celebrada cuarenta años después, en 2008, fueron homenajeados con los Premios Euterpe tres de los miembros fundadores supervivientes: José Almería, Casildo Sanchis y Vicente San Ramón, «que marcaron las líneas maestras del que hoy es nuestro movimiento asociativo».

San Ramón recuerda que la primera banda que inscribió a sus componentes como músicos federados fue la de Llombai, y a su hijo Francisco de Borja le correspondió el carné número 1. «Yo tengo el número 5», puntualiza.

Uno de los primeros logros fue la constitución de la Banda Juvenil de la Federación, que San Ramón presidió durante nueve años, siendo director José María Cervera Lloret, con una plantilla de 120 niños procedentes de 20 municipios. «Los ensayos se llevaban a cabo todos los sábados, en los locales de la Sociedad Coral el Micalet», rememora. Dado su prestigio y popularidad, la Banda Juvenil, generosamente contratada paseó su virtuosismo por buena parte de la geografía española, actuando hasta en el Pardo ante el caudillo Franco, así como en el teatro de la Zarzuela de Madrid. Además de este delicado cometido, San Ramón ejerció por espacio de 14 años el cargo de delegado de la FSMCV en la comarca de la Vall del Magre, a la que pertenecen Turís, Montserrat, Montroi, Real, Llombai, Catadau y Alfarp.

Vive permanentemente ligado y entregado a la música. Cofundador de la Agrupación de Veteranos Ribera de Xúquer, ha permanecido en activo en la misma hasta hace poco. «Y la he tenido que dejar tras fracturarme la cadera en una caída», se lamenta. Desde que en 1947 ingresó en la banda de Llombai como clarinete (y después saxo alto y tenor) ha sido uno de sus más firmes valedores, habiendo desempeñado la presidencia de la entidad a lo largo de veinte años en tres etapas diferentes. Por otro lado, puso en marcha varios grupos musicales y orquestinas.

Pero uno de sus méritos más relevantes ha sido el esfuerzo que realizó durante 14 años trasladando en su propia furgoneta desde Llombai, dos o tres tardes todas las semanas, a estudiar al Conservatorio Superior de Valencia a ocho o diez niños, la mayoría de los cuales llegaron a ser cualificados profesionales, como su mismo hijo Francisco de Borja San Ramón, director del Conservatorio de El Ferrol; Jorge Pons, catedrático en Alicante; Rafael Sanz, director de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid; Ángel Tomás, profesor de la Banda Municipal de Valencia; Laureano Climent, compositor.

En el transcurso de su dilatada vida musical, Vicente San Ramón ha recibido numerosos reconocimientos. Muy significativo resultó el clamoroso homenaje que en 1993 le rindió el vecindario de Llombai, la Unión Protectora Musical y el presidente de la FSMCV, Ángel Asunción. El más reciente gesto de gratitud de que ha sido objeto por la sociedad musical llombaína tuvo lugar durante la festividad de Santa Cecilia, el pasado año, en que fue merecidamente premiado.

Siempre se recordará el consejo que ha expresado en más de una ocasión: «Jamás me cansaré de repetir que el sacrificio que en pro de la música hagamos todos, y en los pueblos principalmente los ayuntamientos, quedará más que colmado si logramos que uno sólo de los niños implicados llegue un día a ser profesional de la música».