Okuda recibe aplausos y críticas

El proyecto de Latorre y Sanz en colaboración con el diseñador Okuda, en la plaza del Ayuntamiento. / damián torres
El proyecto de Latorre y Sanz en colaboración con el diseñador Okuda, en la plaza del Ayuntamiento. / damián torres

La falla de Latorre y Sanz divide al público, que aprecia la apuesta pero con dudas

PACO MORENO

Entre el gusto y el disgusto. La falla municipal de este año tiene quizás el nombre más apropiado posible, 'Equilibrio universal', al defender la armonía entre las personas, los animales y el planeta, como una petición muda al público para que vea también la aportación cromática del diseñador Okuda San Miguel a la obra de Latorre y Sanz, caminando peligrosamente sobre el filo de una navaja para que los espectadores no caigan en el tópico fácil de «esto no es una falla».

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«Soy muy tradicional y me gustan las fallas más trabajadas», comentaba a primera hora de la mañana un aficionado junto a la valla. El problema es el habitual, a saber, hablar con personas que acaban de llegar de Convento y El Pilar, con la retina repleta de imágenes monumentales, barrocas y humorísticas.

El proyecto de José Latorre y Gabriel Sanz es otra cosa. El primero atiende a LAS PROVINCIAS en el balcón municipal y opina que este tipo de fallas es difícil a día de hoy que entren en la categoría de Especial. «Es el propio concurso el que marcas esas diferencias, las comisiones optan al premio en esa categoría y sienten algo de vértigo de presentarse con cosas diferentes y enfrentarse a parte del público».

El monumento reúne un particular bestiario tratado con una paleta cromática muy original

Hay que tener en cuenta otro aspecto, como es el presupuesto. El Ayuntamiento ha destinado este año 170.000 euros a la falla grande (25.000 euros a la infantil). En la sección Especial las cifras se disparan y pueden hasta duplicar la primera cantidad.

Dicho eso, los testimonios recogidos por este periódico se resumían en dos ideas: elogios por el colorido de la falla y algunas sombras en lo demás. «Si hay trabajo no se ve, no hay riesgo», decía otro de los espectadores». Por el contrario, su pareja decía lo contrario: «Me gusta la estructura de la falla y los colores están muy bien elegidos. Ya no quería otra de vareta», apuntaba en referencia a las propuestas de los últimos años de Manolo García.

La plantà estaba resuelta ayer a las cinco de la tarde, aunque hasta la madrugada estuvieron colocando un manto de colores hecho con una gravilla. «La empresa de Okuda ha hecho un trabajo muy grande de ornamentación, utilizando toda su paleta cromática, con franjas de un metro de anchura», señaló.

Todo el bestiario que forma parte del universo del diseñador se encuentran alrededor de la figura central. Como en toda su obra, defiende que su criterio es no seguir las normas, con un surrealismo que cambia formas de animales y personas, además de impregnarlos de otro color, siempre vivo.

Latorre responde que destacaría de la falla cómo «transmite armonía y felicidad por la explosión de la paleta cromática, una falla transformada con los polígonos de una obra artística contemporánea». Descarta quedarse con alguna idea o escena. «Me gusta toda en su conjunto, desde que Okuda hizo el diseño, es un fiel reflejo del mismo. La colaboración ha sido extraordinaria desde el primer momento que nos pusimos en contacto con él y la implicación de su equipo con el nuestro a la hora de pintar».

Del trabajo con artistas alejados del mundo fallero subraya que es «interesante porque enriquece mucho en todos los sentidos su forma de trabajar en la visión de aspectos que por ti mismo no los aprecias, es importante abrirse a otros artistas», dijo, para recordar que en 2008 ya contaron con la colaboración de Ramón Pla. A Okuda le llamó él porque querían hacer «algo diferente, acorde a estos tiempos».

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