Toreo bueno, muy bueno de capote

El diestro David Mora toreando al cuarto toro. / Txema Rodriguez
El diestro David Mora toreando al cuarto toro. / Txema Rodriguez

Álvaro Lorenzo cuaja una excelente faena mientras que Adame, que se presentaba en la ciudad, tiene el peor lote David Mora corta una oreja y roza la puerta grande de la plaza valenciana

JOSÉ LUIS BENLLOCH VALENCIA.

Lo bueno de la tarde no se hizo esperar. Para abrir plaza dos toros excelentes de Alcurrucén, distintos pero excelentes, y aún sería mejor el toro cuarto y en ese mismo introito hubo toreo de capa de muchos quilates en versiones distintas, las de David Mora y la de Álvaro Lorenzo, a la verónica, muy despaciosos ambos, cada uno con su sello, de acompañar las embestidas, de irse detrás del vuelo del capote, lances sedosos de esos que parecen que no se van a acabar nunca, con remates de ringo rango, lo que toca en esos casos, medias enroscadas que es como se debe rematar el toreo bueno dicho a modo de recordatorio en tiempos en los que tanto priman las reolinas y polvaredas. Las faenas de muleta de ambos mantuvieron el interés bien alto. Un pinchazo previo a las estocadas dejó la recompensa en sendas y redondas ovaciones. Por todo eso, uno y otro, David Mora y Álvaro Lorenzo pusieron la tarde en mucho nivel. No pudo mantener el tono Luis David Adame, que pechó con el lote más deslucido.

La faena más celebrada fue la de Mora al cuarto, gran toro, en todos los sentidos, grande y bueno, un castaño con 560 kilos que embistió mucho y bien, templado y con importancia, al que Mora y Álvaro le bordaron los quites, luego la faena tuvo ritmo y ligazón. En el maridaje que supone siempre una buena faena no desmerecieron ni uno ni otro, embistió templado el de Alcurrucén y lo toreó templado Mora. Y aun siendo buena esa faena, personalmente me gustó más la primera por más rítmica, porque los muletazos comenzaban y acababan, que es detalle fundamental ahora que tanto se lleva taparles la cara a los toros y que aquello no tenga solución de continuidad ni fin. En ese primero no hubo toques, por tanto hubo entrega, seguridad de estar donde debía estar, de tal manera que le bastaba un solo aleteo, a veces ni eso, para traerse el toro hasta el final. Así que una por más vibrante, la segunda, y otra por más rítmica, la primera, el diestro de Borox cuajó una excelente tarde que quedó a un pinchazo de la puerta grande.

Del toreo de capa de Lorenzo está dicho todo. Solo queda decir que no es casualidad ni descubrimiento, el chico nació con ese don que es gozo para los aficionados. Ayer arrancaba la temporada con nuevo mentor, Nemesio Matías, lo que equivale a pasar del manto protector de los Lozano, a la trinchera de la independencia. Si torea muchos toros como lo hizo en su primero, no va echar nada de menos. Se le abrirán las puertas. El toro, bajo y cuajado, curiosamente de sus anteriores apoderados, salió haciendo cosas feas de salida. Amagó, se frenó, probó, nada que descompusiese a Álvaro, que, maestro en el encaste, creyó en el toro y lo entendió a la perfección. Se lo pensaba el colorado, lo esperaba Lorenzo, seguía renuente el toro, que cuando iba para adelante iba con todo, por abajo, esa fue su gran virtud, con mucha transmisión, algunos le llaman a eso tiro, pues el toro era un tiro en cada arrancada y Álvaro, un capitán capaz de mandarle. En algún momento pensé que estaba demasiado tiempo con el toro, seguramente consecuencia de su seguridad, pero vistos los resultados no le perjudicó. Su segundo toro, de El Ventorillo, un remiendo grandullón y sin clase, descompuso la corrida y no dio grandes opciones al torero.

Adame queda dicho que pechó con el peor lote. Puso a contribución ganas y desparpajo juvenil. Su primero no tuvo ritmo, fue probón y descompuesto y algo parecido fue el sexto, un toraco al que le pegaron una ovación de salida por su estampa al que luego trasteó Adame con habilidad y poco lucimiento.

La corrida tuvo una extraña, al menos extraña, intrahistoria en corrales, y toros que los veterinarios rechazaron fueron ovacionados de salida. Raro, muy raro. Inexplicable. O no tanto.

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