Los grezzi de la plaza

J. L. BENLLOCH VALENCIA

La feria de Fallas ha estado preñada de pasión. No debe extrañar. En una ciudad con tanta vida, tan intensa, tan festiva, tan disputada, tan agitada, tan creativa pero también tan secuestrada y tan contradictoria que la pasión y el choque parecen inevitables. Como ejemplo ahí están mismamente los de Compromís, en la Generalitat y en el Ayuntamiento de la capital, a muerte contra los toros, no quieren ni que aparquen las teles y esos mismos en los pueblos, a muerte con los toros. Y para qué hablarles del tráfico en la ciudad ¡vaya cómo está el tráfico! o de los entre bastidores de las corridas, en realidad para cada tercio tenemos un Grezzi, concejal amigo del despropósito sin que esté muy claro si lo suyo es simple ineptitud o mala leche. Lo malo, en lo taurino, es que se contagia, comienza en los corrales y se extiende al palco, unas veces salvador y otras náufrago y todo se agrava cuando acaba viéndose por todo el orbe taurino. ¿Qué pensarán de nosotros?... Los resultados son terribles. Se mosquean los defensores del toro con razón, porque los hubo chicos o impropios, díganlo como quieran; se mosquean los defensores del toro bonito porque los hubo muy feos, altos, acaballados, sin trapío...; se mosquean los ganaderos porque acaban lidiando lo que no les gusta; se mosquean los toreros por todo lo anterior; debería mosquearse el grezzi de turno porque a varios de los que rechazaron los aplaudieron de salida; deben mosquearse los empresarios porque la partida de transporte, toros van, toros vienen, se les habrá ido de las manos; se mosquean algunos ganaderos que sufrieron trato discriminatorio respecto a otros colegas que lidiaron los hijos de los que les rechazaron a ellos... El caos merece reflexión urgente, conocimientos, unidad de criterio, menos protagonismos y más realismo, Valencia, como alguno de ellos dice, no es su plaza, ni un reconocimiento, es una factura al cobro. Con un grezzi jodiendo los semáforos tenemos bastante.

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