Una puerta a las estrelllas se abre en Aras de los Olmos

Una puerta a las estrelllas se abre en Aras de los Olmos
El municipio de Los Serranos, con tres observatorios astronómicos, es uno de los diez mejores lugares certificados del planeta para contemplar el cielo
RAFA HONRUBIA

Cuando nuestros antepasados miraban al cielo veían puertas abiertas a otros mundos, a otros universos. Las constelaciones predecían cosas, las estrellas contaban historias, el entendimiento de la bóveda celeste les ayudaba a orientarse con mapas y rutas estelares, a establecer calendarios para las cosechas y para las festividades sagradas. El ser humano se ha ocupado de los fenómenos astronómicos desde siempre. Tenemos una conexión muy cercana con las estrellas, o como decía el gran científico y divulgador Carl Sagan: «Todo el material rocoso y metálico que pisamos, el hierro en nuestra sangre, el calcio de los dientes, el carbono en nuestros genes fueron producidos hace mil millones de años en el interior de una estrella gigante roja. Estamos hechos de materia estelar». Nosotros mismos somos polvo de estrellas.

El problema es que esa conexión con la esfera celeste se ha ido diluyendo en el día tras día. Hace no demasiados años nuestros abuelos subían al monte y sabían encontrar la Estrella Polar, en la constelación de la Osa Menor, que marca el norte. Con esta información podían orientarse. Actualmente encontrar la Estrella Polar a pocos kilómetros de una ciudad es bastante complejo. La contaminación lumínica oscurece la bóveda celeste y todos sus secretos. Nos aleja de ella. De hecho, existen pocos lugares en el mundo que destaquen por la claridad de sus cielos nocturnos.

Entre los diez mejores lugares del mundo para observar el cielo nocturno figura un pequeño municipio del interior de Valencia. Aras de los Olmos es una de las Reservas Starlight existentes en el mundo. «El motivo principal de que sea tan importante para los astrónomos es la gran calidad de su cielo, prístino, oscuro y sin contaminación lumínica. Son algunas de las particularidades que hacen que en noches claras y sin Luna, la Vía Láctea se te caiga sobre la cabeza», explica Alejandro Vera, apasionado de la astronomía desde muy joven y director astrExperiència, empresa de astroturismo con sede en Aras pero que da cobertura a otras localidades de la zona.

El cielo de Aras es oscuro y no tiene contaminación lumínica

El astroturismo una divulgación con desarrollo rural sostenible

Una Reserva Starlight es un espacio natural protegido donde la oscuridad natural de la noche no se ve afectada por la contaminación lumínica y reúne unas condiciones aptas para la construcción de observatorios astronómicos de primer nivel. En Aras de los Olmos existen tres observatorios astronómicos en su término municipal. «Es algo parecido a las banderas azules de las playas», señala Vera. La fundación Starlight, que nació en 2009, obliga a las autoridades locales de estos emplazamientos mágicos a comprometerse en la defensa de la calidad del cielo nocturno, se comprueba también la preservación de valores científicos y astronómicos para la defensa de la calidad de la visión de la luz de las estrellas. Además, las zonas certificadas como Reserva Starlight deben tener una baja densidad de población.

A fecha de hoy, Reservas Starlight en el planeta existen solo una decena. «Y no porque lo digamos nosotros, sino porque esto es fruto de un trabajo previo de personas como Susana Malón o Joanma Bullón que estuvieron más de dos años midiendo ininterrumpidamente el cielo para aportar los datos necesarios a la fundación Starlight para certificar la zona, bajo el amparo de Unesco, la Unión Astronómica Internacional y la Organización Mundial del Turismo. Es decir, que Aras de los Olmos es uno de los diez mejores lugares certificados del planeta para ver las estrellas, junto a la isla de la Palma (Canarias), al Desierto de Atacama (Chile) o alguna región del noroeste de Canadá», asegura.

Astroturismo

Esta certificación está dando vida al municipio y a toda la Mancomunidad del Alto Turia. El astroturismo o turismo de estrellas es todavía poco conocido en España pero parece que va cogiendo fuerza. «Es un tipo de turismo emergente en nuestro país. Por primera vez, un gran problema que afecta al interior de nuestro país como es en este caso la despoblación, es un aliado para poder generar actividad económica y crear empleo», señala Vera.

El astroturismo aúna divulgación científica con desarrollo rural sostenible, dos sectores muy menospreciados en nuestra sociedad. Y busca ser accesible para el público en general, no solo atraer a los aficionados y profesionales de la astronomía, cualquier persona que desee vivir una experiencia única sin conocimientos previos puede disfrutar al máximo de observar el cielo. En este sentido, Alejandro Vera afirma que de las más de 4.000 personas que atiende astreExperiència al año, el 95% de ellas es gente que nunca ha mirado por un telescopio.

Y recomienda a todos los no iniciados que miren hacia arriba porque «el cielo nocturno en buenas condiciones ofrece un espectáculo inigualable». Con un planisferio celeste «podremos reconocer a simple vista, la Osa Mayor, Casiopea, el Cisne o tantas y tantas constelaciones cruzando la Vía Láctea. Si a esa persona le acompañan unos prismáticos en un lugar donde no haya contaminación lumínica, y en una noche sin Luna, podrá descubrir cúmulos de estrellas y algunas nebulosas entre la vastedad de nuestra galaxia», señala.

«La astronomía es divertida si se sabe diseñar una actividad”, asegura el director de astrExperiència, quienes ofrecen multitud de talleres para colegios e institutos. Uno de sus talleres tiene como fin simular un impacto de meteorito mediante materiales como cacao en polvo, harina o agua. «Los chavales interactúan entre ellos y aprenden cómo se pueden formar los cráteres que vemos en la Luna, algo que retienen mejor si después del taller les hacemos una observación a través de nuestros potentes telescopios», destaca.

El cielo es patrimonio

Pero para disfrutar de un espectáculo así, las autoridades deben tomárselo en serio. «El cielo es patrimonio de toda la Humanidad y está considerado como un derecho inalienable de todos los habitantes del planeta, como así lo recoge la Declaración de la Palma. El hecho de crear Reservas y Destinos bajo la Fundación Starlight, es precisamente para proteger los espacios que aún quedan con buen cielo, y garantizar este derecho a la propia Humanidad, porque las personas tienen derecho a mirar hacia arriba y ver las estrellas tal y conforme han sido contempladas por nuestros abuelos y bisabuelos desde que el hombre salió de las cavernas y alzamos nuestra vista al cielo», resalta Alejandro.

Hay que poner en valor la bóveda celeste como patrimonio científico, cultural y medioambiental, fomentar sus capacidades como dinamizador sostenible de la economía rural. Para ello, es necesario reducir la contaminación lumínica, dedicar más recursos a la divulgación científica e introducir la astronomía como parte de la programación en los centros escolares.

Alejandro Vera, quien pasa cientos de noches al año observando las estrellas desde la Muela de Aras, reconoce que lo que más le llama la atención del cielo nocturno es coger un telescopio, apuntar a una galaxia «y ser consciente de que esa pequeña mancha es un sistema de cientos de miles de millones de estrellas, y que la luz que entra directamente en mi ojo, salió de allí hace millones de años, cuando aquí, en la Tierra, los humanos no existían, sino que empezaban a aparecer los primeros osos en los bosques, hace más de 30 millones de años. O quedarme maravillado con la Vía Láctea, sin ayuda de instrumentos, sin más pretensión que contemplar el universo».

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