El árbol singular, monumento natural y cultural

Con más de 1.500 años de antigüedad, La Morruda es el árbol más antiguo de toda la Comunitat Valenciana./J. PLASENCIA
Con más de 1.500 años de antigüedad, La Morruda es el árbol más antiguo de toda la Comunitat Valenciana. / J. PLASENCIA
La Comunitat es la región que más ejemplares monumentales ha protegido de Europa
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Son testigos mudos de la historia, a través de ellos se puede redescubrir e imaginar épocas pasadas. Las raíces de los árboles monumentales o singulares llevan siglos inspeccionando la tierra, han visto pasar distintas civilizaciones y culturas sin decir nada, como estatuas vivas que nos recuerdan lo pequeños que somos.

César Palacios, geógrafo, naturalista, periodista y experto en árboles monumentales, recuerda que en la Comunitat Valenciana se catalogan como singulares aquellos ejemplares con más de 350 años, 30 metros de altura o seis metros de perímetro de tronco. Sin embargo, agrega: «la singularidad es algo muy subjetivo. ¿Un árbol de 340 años no tiene categoría suficiente para ser protegido y uno de 350 años sí? Al final, un árbol singular es aquél que, por encima de cualquier otro razonamiento, vamos a echar de menos cuando haya desaparecido».

Hay que tener en cuenta que estos árboles han dejado de ser meramente forestales o agrícolas para convertirse en piezas únicas de nuestro patrimonio natural y cultural y, por tanto, merecen una atención y cuidado especial. «La protección del arbolado singular es competencia de las comunidades autonómicas y, salvo Canarias, todas han desarrollado alguna norma de conservación. Pero las herramientas elegidas han sido muy diferentes, desde considerarlos monumentos naturales a tan solo tenerlos inventariados», explica Palacios. La Comunitat Valenciana cuenta, en este sentido, con una legislación bastante avanzada: además de elaborar la Ley de Patrimonio Arbóreo Monumental, la Generalitat puso en marcha un catálogo de árboles monumentales y singulares. La conservación de un árbol monumental es importante no solo por su longevidad, belleza o simbolismo, sino también por el papel que juegan para la biodiversidad. «Los árboles singulares suelen ser ejemplares muy viejos y, por lo tanto, fundamentales en los ecosistemas como refugios de una biodiversidad muy amenazada, aquella que como hongos, pequeñas plantas o insectos necesitan de madera muerta y muchos huecos para poder sobrevivir, pero también anfibios, aves y mamíferos que viven y se alimentan bajo sus ramas», destaca el naturalista. Son también «importantes testigos del cambio climático» aportando la información que atesoran sus anillos de crecimiento. «El hecho de ser muy longevos garantiza una riqueza genética de la que se beneficia todo el bosque», señala.

Ancianos vecinos

El habitante más anciano de la provincia de Alicante vive en la Vila Joiosa, cerca del barrio de l’Ermita. L’Olivera Grossa es un ejemplar de olivo común que, según el ‘Catálogo de Árboles Monumentales y Singulares de la Comunitat Valenciana’, fue contemporáneo del profeta Mahoma, por lo que su edad se estima en unos 1.400 años y todavía sigue dando frutos. Mide más de siete metros de altura, pero lo que más destaca es su diámetro y sus formas enrevesadas y laberínticas. Todos los habitantes de la Vila conocen su existencia, forma parte del imaginario colectivo de esta localidad y durante estos 14 siglos, ha sido testigo mudo de cómo este bello pueblo de pescadores se convertía en una de las ciudades más importantes de la Marina Baixa. L’Olivera Grossa es solo uno de 1.503 ejemplares que están inventariados en el catálogo regional de árboles monumentales y singulares. «Hace poco se actualizó con 623 nuevos ejemplares. No existe ninguna otra región en Europa que haya protegido un número tan elevado de árboles», resalta César Palacios.

Amenazas

La principal amenaza para estos árboles somos nosotros y nuestras intervenciones en su entorno. «Muchas veces se nos olvida que lo más importante de un árbol son sus raíces, excavando zanjas a su alrededor para instalar tuberías o directamente hormigonando su entorno. Otras veces sufren podas severas que los debilitan o abren heridas por las que entran enfermedades. Incluso cuando los apreciamos pueden morir de éxito, pues el exceso de visitas y el que muchos trepen por ellos los deterioraran gravemente. Por eso numerosos árboles singulares tienen vallados de protección, para evitarles esos amores que matan», relata Palacios. Preguntado por cuántos han desaparecido en los últimos años, el geógrafo señala que no hay datos fiables. «Como todo ser vivo, los árboles singulares acaban muriendo por mucho que los apreciemos», señala. Un reciente ejemplo es el Pi de la Bassa (Serra, Valencia), que un temporal derribó el año pasado aprovechando que una plaga prácticamente lo había matado. «Otra cosa es que no sepamos cuidarlos como se debe y lleguemos a provocar su muerte», agrega.

Muchos de estos árboles están en peligro por causas diversas, ya sea por su edad, por las modificaciones del entorno, por la falta de conocimiento del número de individuos destacables y de su estado de salud. Estas razones han propiciado la pérdida de una parte sustancial del patrimonio arbóreo de la Comunitat Valenciana. Además, cada vez con más frecuencia los árboles singulares son referentes de interés turístico para los que se desarrollan incluso rutas específicas, lo que puede incrementar su deterioro si no se toman las precauciones adecuadas.

Para detener y evitar la degradación y desaparición de este patrimonio se requiere una asistencia y control continuados y cuidados especializados. Asimismo, deben ponerse en marcha instrumentos de planificación que aseguren su adecuada gestión, evolución de su estado de salud, aplicación de los tratamientos de conservación y la restauración de los árboles y entornos que lo necesiten.«Los árboles singulares son un raro ejemplo de patrimonio al mismo tiempo natural y cultural. A su interés biológico se unen leyendas, costumbres y prácticas tradicionales que nos permiten interpretar todo un paisaje, el desarrollado a su sombra a lo largo de muchos siglos. E incluso ahora se han convertido en herramientas de desarrollo sostenible a la sombra del ecoturismo. Si la cultura es el cultivo del espíritu, sin duda estos árboles son su mejor fruto», concluye Palacios.

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