«Urgen cambios frente a los retos ambientales, sociales y de mercado»

Dionisio Ortiz Miranda en la UPV durante la entrevista./Irene Marsilla
Dionisio Ortiz Miranda en la UPV durante la entrevista. / Irene Marsilla
Entrevista Dionisio Ortiz, profesor de la Universitat Politècnica de València y coordinador del programa de doctorado en Economía Agroalimentaria
J. FALOMIRValencia

El profesor Dionisio Ortiz fue uno de los ponentes del Foro de Desarrollo Rural, celebrado hace unos días en Valencia, dedicado a explicar los pormenores del programa ‘Leader’en la Comunitat donde habló de las estrategias del desarrollo local participativo.

Currículum vitae

Dionisio Ortiz es profesor titular en el Departamento de Economía y Ciencias Sociales de la Universitat Politècnica de València a la que se incorporó en el año 2000. Ingeniero Agrónomo por la Universidad de Córdoba (1996) y doctor en el Departamento de Economía Agraria de dicha universidad (2000). Realizó una estancia en el Departamento de Land Economy de la Universidad de Cambridge en 2004. Es en la actualidad coordinador del Programa de Doctorado en Economía Agroalimentaria. Es coautor, entre otras muchas publicaciones, de ‘Estrategias colectivas para el desarrollo rural. El caso de las cooperativas de la Comunidad Valenciana. Federación de Cooperativas Agrarias Valencianas’ (2008)

- Si hiciera un diagnóstico del mundo rural valenciano ¿cuáles serían las principales dolencias?

- Posiblemente, el elemento más visible de los problemas del medio rural valenciano está relacionado con el despoblamiento y el deterioro de la estructura demográfica (envejecimiento, masculinización) que están experimentando muchos territorios de interior, aunque no todos. El medio rural no es capaz de generar y ofrecer oportunidades de empleo estable, especialmente para los jóvenes y las mujeres, lo que amenaza la sostenibilidad social de estos territorios. Las oportunidades laborales son esenciales para la atracción y fijación de población, pero el deterioro en la dotación de servicios públicos (sanidad, educación, atención a la dependencia, etc.) constituye otro factor de expulsión de población. Y yo añadiría una amenaza que va a ir a más. Los efectos futuros del cambio climático van a incidir notablemente sobre el medio rural de las regiones mediterráneas, y no estamos siendo capaces de avanzar en los mecanismos de adaptación y mitigación que van a ser necesarios.

- ¿Programas como el ‘Leader’ y otro tipo de subvenciones de la administración son las únicas vías de solución?

- Evidentemente no. Los problemas del medio rural valenciano son diversos y además diferenciados, es decir, inciden de forma distinta en unas zonas y en otras. Por lo tanto, abordarlos requiere una intervención pública que incorpore esta visión integrada, en la que ‘Leader’ u otro tipo de ayudas son únicamente una herramienta más. La responsabilidad en la búsqueda de soluciones no debe caer únicamente del lado de la administración. Los diversos actores económicos y sociales con presencia en el medio rural deben también adoptar una posición proactiva, siendo capaces de cooperar en la búsqueda de soluciones innovadoras e integradoras. Además, todo esto debería hacerse en el marco de un proceso más amplio de planificación, en el que los múltiples actores públicos y privados avancen en la definición de un modelo de territorios rurales para la Comunitat Valenciana.

- ¿Los grupos de acción social tienen una efectividad práctica o sólo son organismos burocratizados?

- En realidad, como muestran las múltiples experiencias que podemos encontrar en la Unión Europea, pueden terminar siendo las dos cosas. El reto de que los grupos de acción local tengan una incidencia real y duradera en el desarrollo y no se conviertan en meras ‘ventanillas’ para pedir subvenciones, depende principalmente de la capacidad de los actores que los conforman (Ayuntamientos, asociaciones empresariales, organizaciones sociales, etc…) de recuperar los aspectos esenciales con los que la UE lanzó ‘Leader’ en los años 90 (innovación, trabajo en red, colaboración entre actores diferentes, protagonismo de los actores no públicos, etc.).

- Afirma que las palabras que definen un problema así como las etiquetas son inspiradoras. Además de eso ¿son eficaces?

-Es cierto que, en ocasiones, los discursos de las instituciones comunitarias o de los académicos pueden parecer plagados de etiquetas como bioeconomía, partenariados urbano-rurales, economía colaborativa… y que esa ‘jerga’ parezca alejada de los problemas y las realidades que perciben los actores de los territorios rurales. Sin embargo, con frecuencia esos elementos discursivos apuntan también tendencias y oportunidades de las políticas y los mercados, a la vez que contribuyen a estimular los debates en torno a cómo se perciben los problemas y las alternativas para los territorios rurales. Lo que yo planteo es la necesidad de que esos actores que trabajan con los pies en los territorios rurales estén al tanto de lo que se plantea con esos neologismos, porque les permiten a su vez conectarse con otros actores, encontrar oportunidades de colaboración, incluso explorar cómo materializar esos conceptos en sus realidades más cercanas. Su eficacia deriva de su capacidad para inducir cambios. En todo caso, asumo que también es necesario un poco más de pedagogía por parte de los políticos y de los académicos.

- ¿Qué papel juegan las cooperativas en todo este impulso para evitar la despoblación?

- El papel de las entidades cooperativas en el medio rural valenciano ha sido, es y será determinante en las dinámicas económicas de las zonas de interior. Uno de los atributos de la estructura económica rural es el pequeño tamaño de sus explotaciones agrarias y empresas, por lo que la acción colectiva se convierte en una necesidad insoslayable. Dicho esto, también es necesario resaltar la necesidad de que las cooperativas adopten los cambios necesarios para poder hacer frente a los retos ambientales, sociales y de mercado que están apareciendo. Para ello, las cooperativas deben explorar modelos más profundos de colaboración, avanzar en la profesionalización de sus estructuras, reforzar sus bases sociales y de gobierno (en especial con una mayor y más real integración femenina) y en algunos casos trascender los ámbitos sectoriales en los que han estado situadas durante décadas.

- En muchos pueblos las cooperativas son el dinamizador económico de la zona ¿reciben el apoyo adecuado?

- Para mí la cuestión no es si el apoyo que reciben es mayor o menor, sino si se orienta a facilitar la transición de las cooperativas en las direcciones que apuntaba antes. Y a mi modo de entender, no lo suficiente. Creo que seguimos demasiado anclados a inercias de apoyo del pasado.

- La agricultura sigue siendo el principal recurso de las zonas rurales pero ¿se están buscando otros modelos productivos?

- Con frecuencia me gusta confrontar a mis alumnos con el siguiente dato. Según el último censo de población, en los municipios valencianos de menos de 2.000 habitantes (que es el umbral que usa el INE para delimitar los municipios rurales), la agricultura supone menos del 12% de los ocupados. El 88% restante son ocupados de otros sectores. Es cierto que no podemos olvidar la fuerte presencia de la agricultura a tiempo parcial o su contribución a un sector importante como es la industria agroalimentaria. Pero ese dato invita a huir de planteamientos demasiado simplistas que asimilen ruralidad y agricultura sin más. Sí es cierto que la actividad agraria es un factor de relevancia en las transformaciones de las economías rurales. Están apareciendo diversos modelos productivos y de gestión de las explotaciones (de diversificación agraria y no agraria, de integración con empresas de comercialización o búsqueda de canales alternativos de comercialización, de apuesta por métodos de producción más compatibles a largo plazo con la calidad ambiental). Lo que creo que aún no tenemos es un análisis en profundidad de cuáles son las implicaciones reales de esos modelos en las zonas rurales.

- ¿Qué es eso del desarrollo nexógeno?

- El término es de una socióloga de la Universidad de Wageningen en Holanda, Bettina Bock. Este término persigue enfatizar la enorme importancia que tienen los nexos entre actores rurales, dentro, pero especialmente fuera de sus territorios, lo que les permite aprovechar nuevas oportunidades y reforzar el atractivo de sus territorios. Lo que me gusta de este término es que también nos invita a repensar las políticas tradicionales, muy orientadas por ejemplo a financiar activos físicos (equipamiento, maquinaria), cuando quizás tendrían que estar financiando precisamente la configuración de esos nexos.

- ¿Cuál es el papel de las universidades en todo este intento de ofrecer soluciones?

- Las universidades deben asumir un papel más proactivo, más ‘cercano a lo que tenemos cerca’. Yo sintetizaría ese papel en tres aspectos. Primero, como investigadores, hemos de contribuir a entender mejor los procesos de cambio social y económico en el medio rural, así como sus implicaciones sobre el desarrollo. Segundo, las universidades deben contribuir a la formación de nuevas capacidades para los actores llamados a liderar los procesos de desarrollo. Finalmente, las universidades deberían trabajar conjuntamente con los responsables políticos, las administraciones, la sociedad civil y las empresas en construir un espacio de intercambio de información útil para tomar decisiones.

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