Arranca la Eurocopa 2012, la primera gran cita internacional de fútbol organizada detrás de lo que era el Telón de Acero. Un reto colosal, con unos ingresos comerciales estimados para la UEFA de 1.300 millones y una audiencia media por partido de 150 millones de telespectadores, superior a la ‘superbowl’ de fútbol americano. No falta ningún poderoso en este Mundial en miniatura donde Brasil, Argentina, Chile o Uruguay sufrirían.
«Va a ser una locura. Mucho ruido, un ambiente genial. Tres semanas de fiesta grande. Solo hay temor a los ‘hooligans’, a las mafias que operan en los viejos países del Este y a una escalada de precios descontrolada», afirma en un correcto inglés Monika Siemowski, una joven estudiante de Varsovia que colabora con los turistas en la estación central de trenes. Arranca la Eurocopa 2012, la primera gran cita internacional de fútbol organizada detrás de lo que era el Telón de Acero. Un reto colosal, con unos ingresos comerciales estimados para la UEFA de 1.300 millones y una audiencia media por partido de 150 millones de telespectadores, superior a la ‘superbowl’ de fútbol americano. No falta ningún poderoso en este Mundial en miniatura donde Brasil, Argentina, Chile o Uruguay sufrirían.
Pleno de aristócratas europeos en una lucha sin cuartel de todos contra España. El campeón mantiene el elixir de su fórmula mágica. Ese estilo que nació con Luis Aragonés hace cuatro años y se consolidó gracias al sentido común de Vicente del Bosque. Los goles Fernando Torres, en el Prater vienés, y Andrés Iniesta, en el Soccer City de Johannesburgo, escenificaron mucho más que sendos títulos. Fin de los viejos vicios, de los complejos de inferioridad, de los tópicos, de excusas manidas de equipos de medio pelo. Alemanes, italianos, holandeses e ingleses, tradicionales grandes potencias, destacan a ‘La Roja’ como referente universal. En fútbol, España sí marca tendencia. Ni eurobonos, ni intervenciones, ni sometimiento a la dictadura de los mercados.
Es favorita en las apuestas, con una prima de riesgo baja. No hay hombres de negro, más allá de algún árbitro que pueda errar, que exijan cómo actuar. Hasta los orgullosos alemanes pretenden imitar la filosofía española. Desde que Joachim Löw, mediático técnico de la ‘Mannschaft’ perdió la final de 2008, supo el camino a seguir. Vuelta a sus orígenes, a esa Alemania extraordinaria que conquistó Europa en 1972 con Günter Netzer en el eje. Quiere el balón y lo demostró en Sudáfrica. Con Özil de lujoso asistente, debe pelear el título pese a haber sido humillada en un reciente amistoso ante Suiza (5-3) en el que los germanos se desplegaron con muchos suplentes. «Trataremos de trabajar nuestros automatismos y mejorar», dijo el seleccionador alemán para disipar dudas.
Pese a esa apuesta rácana del duelo por el título en Sudáfrica, la Holanda de Van Marwijk también reluce. Su ataque asusta. Van Persie, autor de 30 goles para el Arsenal en la pasada ‘Premier’, y Huntelaar, clave en las eliminatorias con 12 tantos, son dos estiletes. Robben percute una y otra vez, aunque el cuerpo técnico de la ‘Oranje’ deberá levantarle el ánimo tras su pesadilla en la final de ‘Champions’ con el Bayern Múnich. El decisivo penalti fallado en la prórroga le deprimió. No son los hermosos tulipanes de los setenta, pero sí es un combinado florido. El grupo de la muerte se completa con Dinamarca, siempre una incógnita, y esa Portugal de Paulo Bento que se agarra al estandarte de Cristiano Ronaldo, ansioso por brillar al fin con su selección y arrebatar a Messi el ‘Balón de Oro’.
Cambian el paso
Para empezar, a España le espera la emergente Italia de Cesare Prandelli. Valiente técnico que se aleja del ‘catenaccio’, dibuja un rombo en el centro del campo dominado por Pirlo y recupera la figura del enganche o ‘tresquartista’. Quiere la pelota y busca el gol con dos puntas. Obligado a cambiar la tendencia tras los desastres con Donadoni y Lippi en los últimos campeonatos, Prandelli debe mitigar la convulsión creada por el escándalo del ‘Calcioscommesse’. La baja de Giuseppe Rossi es un problema. Muy pendientes de Cassano, apartado seis meses de los terrenos por una operación de corazón, y de cómo reconducirá su indisciplina Balotelli. Inglaterra no cree en el veterano Roy Hodgson, elegido por descarte.
Ya sin Capello, con Terry despojado del brazalete de capitán por acusaciones de racismo, Wayne Rooney suspendido los dos primeros partidos y Lampard baja de última hora, los ‘Pross’ sufren turbulencias. Sueñan con un título que jamás estuvieron cerca de conseguir. En Francia, su gran rival de grupo con permiso de los rocosos suecos y los animosos anfitriones ucranianos del legendario Blokhin y el viejo Schevchenko, las aguas bajan bastante tranquilas con Laurent Blanc. Apuesta firme por la generación del 87, campeones de Europa sub-19 como Benzema, Nasri y Ben Arfa. El motín de Sudáfrica contra Domenech no se olvida.
Hay más selecciones creativas. Dick Advocaat quiere que Rusia tenga el balón, pero no da con la tecla clave. Arshavin no acaba de explotar y el cambio generacional no concluyó. Hasta la Grecia de Fernando Santos es mucho más técnica ahora que cuando se coronó con el mezquino Otto Rehhagel. El campeonato dejará alguna revelación y el récord de veteranía en un banquillo, a cargo del abuelo Trapattoni (73 años), que recondujo a Irlanda donde se merecía tras hurtarle su presencia en el Mundial con la mano de Henry.
Bullicio en el ‘regalo’ estalinista
Aunque una parte importante de las poblaciones de Polonia y Ucrania no están en absoluto interesadas en la Eurocopa, la fiebre del fútbol se eleva por momentos. Bullicio a pie del Palacio de la Cultura, el centro de la ciudad de la capital polaca. Monumento de estilo estalinista, ‘regalo’ de los soviéticos, transformado en la mayor ‘fanzone’ del campeonato, capaz de recibir a 100.000 aficionados. Del otro lado del Vístula, que atraviesa la ciudad, se levanta el flamante nuevo estadio Nacional, escenario del Polonia-Grecia que el viernes desata las hostilidades futboleras. Todo un símbolo. Reemplaza al estadio de la era comunista, convertido en un vasto mercadillo de cosas usadas tras la caída del régimen en 1989.
Varsovia ha empapelado su estación de tren con carteles de aficionados de todos los países en competición. Un salón próximo ofrece pintarse las uñas y el pelo con los colores de las diferentes selecciones. Los productos con motivos de la Eurocopa y sus mascotas, Slavek y Slavko, invaden los comercios. Igual que Varsovia, las ciudades sede se han renovado. Enorme inversión de 25.000 millones de euros en infraestructuras financiadas en gran parte por ambos estados. Pero los trabajos, las obras incesantes, sobre todo en transportes, atentaron contra la vida cotidiana de los habitantes. Según un sondeo, el 44% de los polacos de declara feliz por la competición, pero un 49% se expresa con indiferencia.
Un estudio similar en Ucrania indica que la mitad de la población apoya el torneo pero un 32% lo critica. Si a nivel deportivo, España y Alemania parten con cierta ventaja, en el aspecto organizativo Polonia lleva la delantera a Ucrania, criticada por el encarcelamiento de la ex primera ministra y opositora, Yulia Timochenko, y el descontrol de los precios de los hoteles durante la competición en la antigua república soviética.



Vídeo


