La selección portuguesa se ejercita en Gdansk. / Ap
Ni por asomo se trata de la mejor Portugal que se recuerda pero sí de un combinado compacto, bien trabajado por Paulo Bento y adornado con una estrella capaz por si sola de alumbrar un gran campeonato. Con permiso de la 'Pantera' Eusebio y de Luis Figo, los otros dos mitos de las 'Quinas', la descomunal aparición de Cristiano permite levitar a los lusos.
Ronaldo personaliza todos los sueños de una selección maltratada a lo largo de su pasado. Cinco veces se presentó en penúltima ronda de un gran certamen y solo una vez salió airosa del reto. Rozó la gloria pero murió en el intento. Siempre le faltó, quizá, el genio de la lámpara maravillosa, un tipo capaz de desterrar la tendencia victimista consustancial a los ibéricos.
“A partir de ahora ya todo es posible”, proclamó CR7 tras exprimir a la 'Oranje' y permitir que Portugal sobreviviera al 'grupo de la muerte'. Ansía recuperar el 'Balón de Oro' que le arrebató Messi en 2008 y alzar al fin un título con su país tras cuatro tentativas fallidas en lo personal. En europeos, lloró el subcampeonato de la 2004 ante la agraciada Grecia y vio como un mal menor alcanzar los cuartos en Austria y Suiza 2008. En mundiales, meritorio cuarto puesto en Alemania 2006, donde se quedó también con la miel en los labios, y fracaso en Sudáfrica con la eliminación de octavos, precisamente ante España.
Portugal cabalga a lomos de su caballo ganador. Todo se lo juega a la carta de Ronaldo. Antes, Figo se veía rodeado de Rui Costa, Joao Pinto, Ricardo, el portero Vítor Baía, y un 'ponta de lança' como Pauleta que ya no existe. Helder Postiga está lesionado, Hugo Almeida tendría que rendir muy por encima de su nivel en el Besiktas para ser fiable y el benfiquista Nelson Oliveira es una perla aún por pulir. Es la selección de un modelo y sus complementos. Lesionado Danny y apartados Carvalho y Bosingwa, si acaso Nani pudiera dar un gran paso y entrar en la excelencia.
Prohibido el victimismo
Una vez lograda la mejor versión de Cristiano, el método de Paulo Bento, mucho más moderno y aprobado por los jugadores que el de Queiroz, se fundamenta en no pensar más allá del siguiente partido, un buen descanso, una óptima recuperación y erradicar el tradicional complejo de inferioridad que atenazó a los lusos. “No se trata de temer a nadie sino de respetar a los rivales”, dijo poco después de llegar al cargo, en octubre de 2010, cuando Portugal solo había sumado un punto en los dos primeros partidos de la clasificación, ante Chipre y Noruega. Apareció Ronaldo, autor de siete goles en el camino previo, y la selección llegó a la repesca, donde apabulló a Bosnia-Herzegovina. Fue de menos a más, igual que en Ucrania y Polonia. Arrancó con una justa derrota ante Alemania pero no se desesperó. Superó con enorme sufrimiento a Dinamarca (3-2) y el aluvión de críticas no afectó a un Cristiano todavía fallón. Con dos golazos tumbó a los subcampeones del mundo (2-1) y con un espectacular cabezazo en plancha descerrajó a los checos en cuartos.
Un 4-3-3 innegociable
Con una falta de profundidad de banquillo alarmante, a Bento no le queda otra que tirar de un equipo tipo que solo modifica por sanción, lesión o imperiosa necesidad de cambiar el guión de un partido. Su 4-3-3, similar al del Barça pero con jugadores mucho menores que los azulgrana, resulta innegociable.
Ha logrado el técnico, cuya sencillez ha calado también en la afición, que Portugal sea reconocible y rocosa. Su mayor aportación fue quitar de una vez a Pepe del eje del centro del campo y devolverse a su posición natural de central, donde mezcla bien con Bruno Alves, veterana torre del Zenit que no saca mal el balón y es peligroso por arriba con su 1,90.
Los laterales son similares. Tanto Joao Pereira como Coentrao se despliegan bien al ataque pero a la hora de defender les cuesta más. Por detrás de ellos les responde Rui Patricio, a quien Paulo Bento le brindó la titularidad y la supo mantener a costa de Eduardo. Pero las salidas por alto no son precisamente el fuerte del cancerbero del Sporting. Ahí canta y desentona.
Un animal libre
Tras varias probaturas con Martins, Rubén Micael, en alguna ocasión el rojiblanco Tiago y hasta Quaresma jugando más retrasado, Bento encontró su centro del campo ideal en la repesca. La progresión de Miguel Veloso le permite jugar con él como complemento de Meireles, sacrificado todoterreno del Chelsea, y de Moutinho. El del Oporto, autor del pase genial a Cristiano que preludió el golazo a Cech, es el más ofensivo y creativo de ese 'trivote'.
En ataque, Portugal mantiene la línea de hace años, con dos extremos abiertos a las bandas. De los regates y velocidad de Nani y Cristiano nace el peligro. El crack del Madrid, autor de 60 goles en una temporada de ensueño, goza de plena libertad. Permuta de lado, baja a recibir como enganche y ejerce como delantero centro, ya que en ese puesto los lusos andan muy cojos.
A la hora de las faltas, Cristiano monopoliza los lanzamientos. Le da igual que le silben desde la grada, pero busca el disparo desde cualquier lado. Hay una estadística brutal: más de la mitad de los tiros lusos en la Eurocopa llevan el sello de Ronaldo. En los saques de esquina, casi siempre ejecutados por Nani, los dos centrales se incorporan de maravilla.
Scolari también cree
Un equipo de aprobado, sin alardes, con una mala bestia que no entiende de metas inalcanzables. Encuentran quizá inspiración en Scolari, el 'sargento' brasileño que hace ocho años condujo a las 'Quinas' a su gran final. Deco, Costinha y Maniche, junto a Ronaldo, eran la base de aquel equipo duro que convertía en una batalla cada partido pero al final cedió ante un golpe de fortuna de los helenos.
Scolari trabaja en el Palmeiras pero desde Brasil dice que “apoya como siempre a Portugal”. Cree que “la fuerza de la selección es el trabajo en equipo” pero le resulta inevitable focalizar en Cristiano. “Lo único malo en su vida es Messi. Si no llega a ser por él, sería el mejor del mundo durante cinco años seguidos. Es una gran persona y buen amigo. Le gusta bromear pero es un gran profesional”, ironizó Felipao.



