Politica

Francisco Camps: «Mi horizonte está en la Comunitat, no me plantearía otra cosa»

RAMÓN PALOMAR
El líder popular valenciano concede a LAS PROVINCIAS su primera entrevista a un medio de comunicación en los últimos dos años Francisco Camps. Presidente de la Generalitat y candidato del PP a la reelección
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El líder del PPCV, Francisco Camps, en un pleno de Les Corts. / Txema Rodríguez

Sábado por la tarde. El Valencia CF acaba de enchufarle tres chufos a la Real Sociedad. Trinco un taxi en la Gran Vía y me dirijo a la cita con el president Camps para entrevistarle. Un odioso cartelito cuelga del lomo de la butaca del conductor: «No ofrecemos devoluciones de billetes de 50 euros o superiores». Me acongojo. En mi cartera yace un billete de cincuenta pavos y uno de cinco. Compruebo que con la chatarra que remolonea en el bolsillo alcanzo los ocho euros de «suelto». Ignoro si bastará, voy hacia el piso de unos amigos de Camps alejado del centro. Controlo el taxímetro padeciendo como una madre que aguarda el trasnoche de su hijo. Nos sorprende el atasco de la salida del fútbol. El taxímetro avanza. Nosotros no. Por fin sorteamos el embudo y circulamos con cierto donaire. Me veo pidiéndole un billete de diez euros al presi: «Es que no me dan cambio en el taxi, president, le importa prestarme algo.» Lamentable. Aterrizamos sobre nuestro destino. Salvado por la campana, el precio final es de siete con cincuenta y cinco. Magnánimo, le digo que se quede con el cambio. El president Camps me espera en la calle. Nos saludamos. A nuestra espalda, una frutería donde se amontonan con perfección militar cientos de naranjas. Pasa un padre con un hijo. Lucen bufanda futbolera sobre el cuello. El padre ve a Camps. «¿Puedo hacerme una foto con usted?», pregunta. Sí que puede. Posan Camps, el padre y el hijo. Charlamos de fútbol con esos aficionados. Jonás ha metido un gol. A Jonás deben darle minutos porque puede explotar, concluimos. No detecto presencia de escoltas. O los tíos van disfrazados de farolas o no me entero.

Subimos al piso. Vistas magníficas con nubarrones y azul del mar. Acepto una cerveza. Pido al anfitrión permiso para fumar. Concedido. Antes de sentarnos hablamos de su espalda. El president se da la vuelta y me enseña la cicatriz. «Mira mira», me dice. La miro. Todavía luce tierna. Me acoplo sobre un confortable sillón. El president se sienta sobre una silla debido a su operación de espalda. Está, por lo tanto, más alto que yo. Decido empezar por la operación.

-President, supongo que le inyectaron anestesia total, ¿no? Parece que lo de la anestesia siempre da un pavor tremendo.

-Pues mira, a mí era lo que más respeto me causaba, lo de anestesia. Sí, sí, es verdad, impone mucho. Me operaron de apendicitis cuando tenía once años, pero no lo recuerdo; en cambio esta vez ha sido diferente, claro. Pero todo ha ido de maravilla, quiero felicitar al equipo sanitario del hospital doctor Peset por su profesionalidad. Los valencianos deben saber que los profesionales de la sanidad pública son excelentes. El médico ya me ha dicho que volveré a practicar deporte después del verano. Añoro jugar al tenis, sabes.

-Oiga, ¿usted cuando sintió la llamada de la política?

-Fue en el año 82. Estaba viendo la tele. Vi a Calvo Sotelo convocando elecciones generales y me di cuenta que podía ganar el PSOE, me marché de inmediato a la sede de Alianza Popular para afiliarme porque sabía que el socialismo, en este país, traería miseria, como lo hace siempre; el socialismo es retrógrado, le falta seriedad. Percibí que había que luchar contra eso. Para mí fue un compromiso personal.

-En aquel tiempo, un joven afiliándose a la Alianza Popular de Fraga quedaba un poco friki, ¿no?

-Bueno, pero ten en cuenta que UCD desaparecía, y que la única alternativa política para frenar al socialismo venía con AP.

-Como eran ustedes pocos le darían algún cargo de entrada.

-No no, para nada. En cuanto me afilié me mandaron a pegar carteles. Yo he pegado muchos carteles con el cubo de cola al lado. Y también he puesto sillas para los mítines. Tenía un Renault 5 y cargábamos allí los carteles y los botes de cola.

-¿Y su primer cargo?

-Vocal del comité ejecutivo de Nuevas Generaciones

-¿De entre todos los cargos cuáles destaca?

-En el 91 fui de número cinco y ganó el PP con Rita Barberá. Me convertí en el concejal más joven. En el 97 fui conseller de cultura con Zaplana. En el 99 secretario de Estado de política autonómica y local. En el 2000 repetí de cabeza de lista al congreso y me nombraron vicepresidente del Congreso.

-Regresa usted a Valencia en el año.

-Como delegado del Gobierno en el año 2002.

-¿Y qué tal eso de mandar sobre la poli?

-Muy interesante, conocí a la Policía Nacional y la Guardia Civil desde dentro. Nunca olvidaré cuando desmantelamos un comando de ETA en Valencia. Mariano Rajoy, a la sazón ministro de Interior, estaba en mi despacho cuando sucedió. Nos llamaron a los dos prácticamente en el mismo momento.

-¿No sabían ustedes que había un operativo en marcha?

-No, pero porque fue una casualidad fruto del celo de un policía. Vio una matricula doblada y siguió ese coche. Así detuvimos a ese comando. También viví el atentado contra el cuartel de la Guardia Civil de Santa Pola. Mataron a la hija de un guardia civil y a un señor que estaba junto al cuartel. Fue muy duro. Eso no se olvida nunca. Cuando asesinan inocentes es durísimo. Visitamos el cuartel, hablamos con las víctimas. Muy duro. Después de ese atentado, José María Aznar llamo a Ángel Acebes, ministro de Interior, y le dijo: «Ponte en contacto con Michavila (ministro de Justicia) y poned en marcha la ley de partidos para dejar fuera del juego democrático a ETA». Ahí se gestó el gran pacto contra el terror y contra la libertad, y con el buen resultado que todos conocemos.

-Y qué le parece ahora lo de Bildu.

-Una verdadera tragedia. Se les da carta de naturaleza democrática. Ocupan el lugar de los verdaderos demócratas, además supone una afrenta hacia las víctimas y, de nuevo, constatamos otro gravísimo error del gobierno socialista porque retrasa la extinción definitiva de ETA. Todo lo que habíamos avanzado y adelantado estos años se retrasa por culpa de una mala política.

Se le nota disgustado con lo de Bildu. Como me parece que este tema está zanjado, emprendo otra ruta.

-Gana usted las elecciones autonómicas y se convierte en president, ¿qué se le pasa a uno por la cabeza en esa situación?

-Fue un momento muy emocionante. Tenía 41 años y te embarga una sensación de responsabilidad y alegría a partes iguales. Sientes que la gente te ha respaldado, yo amo a esta Comunitat y, por lo tanto, no puedo fallar a los ciudadanos. En aquella época la Comunitat Valenciana no contaba nunca para nada. Los socialistas la consideraban de segunda y yo me negaba a resignarme. Durante estos ocho años he luchado por el bienestar de los ciudadanos y estoy orgulloso de ello. Uno, en esos casos, piensa sobre todo en acertar con las decisiones que vas a tomar.

-¿De qué se siente usted orgulloso como president durante estos años?

-Estoy orgulloso del cariño y el afecto de los compañeros del partido. Además hemos contactado con los sectores económicos y sociales de esta tierra. La reforma que hicimos del Estatut nos convierte en una comunidad de primer nivel. No hay nadie con más competencias que nosotros.

-Y en el apartado de los fracasos.

-Bueno, pues que cuando ganó Zapatero las generales nos quitó el trasvase del agua. Fue lo primero que hizo y con una valenciana en el gobierno firmando, Maria Teresa Fernández de la Vega. Eso fue otra tragedia política. Fue lo primero que hizo Zapatero y por decreto.

-Transcurren los años y usted sigue en el cargo.

-Y lo afrontas con ilusión y con un conocimiento mayor porque conoces mejor a la administración y conoces a la sociedad. Hemos pactado con todos los sectores sociales. Con el gobierno central infraestructuras, también hemos pactado con instituciones europeas, con la oposición el Estatut. Hemos conseguido el mayor número de pactos de nuestra historia.

-Usted, con sus consellers, manda de una forma directa o prefiere las intrigas.

-Soy muy directo. Les digo lo que me gusta y lo que no me gusta. Eso sí, delego mucho en ellos y les doy confianza, pero esto es una manera de mantenerlos en tensión porque tienen que dar la talla. No me gusta la intriga. Soy directo y franco.

Seguimos frente a frente. Nuria Romeral, su jefa de prensa, va y viene ojo avizor. El president come con la familia los fines de semana. Mantiene amigos de la infancia y la facultad. Le pregunto por la familia para desengrasar.

-¿Si sus hijos le saliesen góticos, cómo lo encajaría?

-No, no me han salido góticos. Procuro educarlos dándoles libertad, les digo que se preparen para el mundo que les espera, les encauzo, o lo intento, para que tengan independencia y para que tomen sus decisiones con responsabilidad.

-Usted que ha conocido a ambos, ¿cuáles son las diferencias entre Aznar y Rajoy?

Medita un rato. Por primera vez no responde de inmediato.

-Yo diría que Rajoy resulta como más cercano, como más accesible que Aznar. Supongo que es el toque castellano de Aznar el que le imprime ese lado un pelín más inaccesible en lo personal. Digamos que te cuesta menos llamar por teléfono a Rajoy que a Aznar. También es verdad que Aznar era presidente de España en aquella época y eso impone. Eso sí, ambos aman a España, ambos son hombres de Estado.

Llegados a este punto, debo embarcarme en la rabiosa actualidad. Me da miedo. Soy la clase de persona que jamás devuelve una prenda porque temo enfrentarme al dependiente. No les digo más. Pero claro, si no le menciono lo de Gürtel voy a quedar fatal ante los compañeros y los lectores. También es verdad que, al no mantener ningún prestigio en la profesión, a peor no puedo ir. ¿Pregunto o no pregunto? ¿Soy un hombre o una gallina? Siento que me crecen las alas. Compongo faz frailuna y me embarco hacia los terrenos resbaladizos. Intento empezar con disimulo.

-Si gana Rajoy y le llama para ocupar un ministerio, ¿como reaccionaría?

-Mi horizonte está en esta Comunitat, no me plantearía otra cosa. Y abandonaré el cargo cuando los ciudadanos no me respalden. Pero yo creo que mi horizonte está aquí.

-¿Se ha sentido usted arropado en los malos momentos?

-Sí. En los malos momentos me he sentido arropado por todo el mundo. Yo sigo mi camino.

Detecto que ha recalcado «por todo el mundo». Me recrezco. Me envalentono. No debería. Total, ¿qué voy a ganar? Nuestras miradas se cruzan y proyecto la palabra tabú.

-¿Qué me cuenta usted del asunto Gürtel?

Lo he soltado. No me lo puedo creer. He dicho 'Gürtel'. El president no se cuartea como Drácula ante los rayos del sol. Asume el golpe sin inmutarse. Ignoro si la procesión va por dentro. Con lo bien que íbamos. Lanza un suspiro imperceptible como de fastidio y cansancio. Contesta muy pausado.

-Mira, prefiero no hablar de ese tema porque luego, diga lo que diga, todo se malinterpreta. Todo. Yo estoy tranquilo, créeme. Pero sí me gustaría que los valencianos tuviesen en cuenta lo siguiente y reflexionasen: el actual gobierno central no puede permitir que la Comunidad Valenciana sea fuerte y que encima tenga un gobierno del PP con un apoyo mayoritario de la población porque saben que eso les pasa factura y que, tarde o temprano, sin la Comunitat no pueden gobernar el país. Eso se les atraganta y van a emplear cualquier método para desgastarnos. Somos fuertes y por eso nos acosan. No soportan que ganemos con nuestro esfuerzo. Ellos lo han intentado todo para ganar y no lo logran.

Vale, de acuerdo, a lo mejor debería insistir, pero yo no soy un Navy Seal. Ni siquiera hice la mili. Ni siquiera soy periodista; estudié Filología Románica y tampoco acabé, que me lo dejé en quinto. Así pues, prefiero no hurgar. En esta escena me he sentido como cuando vemos a un padre pegarle a su hijo y exclama: «Y que sepas que me ha dolido más a mí que a ti». Lo que no sé es si soy el padre, el hijo o, ya puestos, el Espíritu Santo. Superado lo de 'Gürtel', pienso que el resto fluirá, por lo tanto arranco con Canal 9...

-¿Se atreverán con un ERE en Canal 9?

-Canal 9 es una televisión necesaria para nuestro idioma valenciano, que por cierto hoy se habla más que nunca en todos los ámbitos. La necesitamos para que el valenciano perviva como idioma, y en eso ayuda desde L´Alqueria Blanca hasta los informativos. Además informa sobre los que sucede en nuestra Comunitat y lo que nos puede interesar del resto del mundo.

-Pero en Telecinco o en Antena 3 tienen dos tercios menos de personal y cubren toda España.

-No estoy enterado en profundidad de estas cifras de los massmedia, pero vamos a luchar para que Canal Nou sea viable con la publicidad y se ajuste a los presupuestos, y estoy convencido de que será viable y de que seguirá siendo pública.

-¿Eso pasa por ajustar la plantilla?

-Hay que hacer un análisis exhaustivo para, insisto, que se pueda soportar con los ingresos de la publicidad y para conseguir, entre todos, una televisión y una radio moderna y cercana que perviva en el tiempo.

-¿Se manipula en los informativos de Canal 9?

-Yo creo que no. Ahí trabajan unos profesionales que hacen su trabajo de manera excepcional. Me gustaría precisar que la única sentencia firme, la única, en este sentido, fue contra un gobierno socialista. Contra nosotros no ha habido ni denuncias ni mucho menos sentencias.

-¿Qué hay del posible tijeretazo, si ganan, para después de las elecciones?

-Se habla mucho de los funcionarios. Pero me gustaría recordarle a los valencianos que nueve de cada diez funcionarios pertenecen a la sanidad o a la enseñanza. Nueve de cada diez. Es falsa esa imagen de un funcionariado sobredimensionado en la Comunitat. Con nuestro plan de austeridad ya hemos ahorrado mil millones de euros. El BBVA, empresa privada, no lo olvidemos, dice en un informe que somos la cuarta autonomía que más gastos ha recortado y que somos, junto al País Vasco, la que más dinero ha invertido. Somos, también, la tercera comunidad que menos funcionarios tiene por cada cien habitantes.

-Los funcionarios son intocables, para eso se han chupado una oposición. Pero, ¿qué pasa con los empleados de las empresas públicas?

-Vamos a estudiarlo muy a fondo. Las empresas públicas que lo necesiten las vamos a reorganizar para optimizarlas y hacerlas más eficientes, para dirigirlas hacia los objetivos de los mercados, y para eso tenemos que contar con el mundo empresarial y, si hace falta, externalizar hacia el sector privado algunos servicios para que sean más baratos sin por ello perder prestaciones. Cada euro que sea ejecutado sufrirá un control exhaustivo para que cunda. Vamos a hacer más con menos.

-La crisis pega duro.

-Porque Zapatero mintió y no tomó las medidas cuando debía. Es el responsable de cinco millones de parados, del mayor recorte social, de la perdida del peso de España en Europa y en el mundo. Ha generado tal desconfianza en los mercados que esto no se sostiene. Sin confianza no vamos a ninguna parte. Por eso estoy convencido que, si el PSOE pierde como se espera en estas elecciones, deberá convocar elecciones anticipadas. Estoy convencido de ello. Y mejor que sea antes del verano porque cada día que pasa cuenta. Sólo un gobierno serio con Mariano Rajoy en la presidencia puede sacarnos del atolladero. Zapatero se encontró un país lanzado, con la caja llena, y en siete años ha destrozado todo el legado de los ocho años del PP. Por eso votar en clave autonómica, en esta ocasión, adquiere relevancia nacional. Votando a nuestro alcalde, a nuestro presidente de comunidad, votamos al presidente del país.

-¿Y la crisis aquí en la Comunitat cómo la combatimos?

-Con austeridad. Con presupuestos económicos. Con un gran pacto nacional para unificar y fortalecer el mercado. Con mayor eficiencia en nuestras administraciones autonómicas, con todo el apoyo del sector productivo, defendiendo a los autónomos, a los pequeños comerciantes, a los agricultores. Basándonos en dos principios: la estabilidad institucional y luego los acuerdos, los pactos. Vamos a implantar una medida que consistirá en la exención fiscal del 100% durante el primer año a cualquier pequeño comerciante que monte un negocio. No pagará impuestos durante el primer año. Y el segundo, sólo el 50%. Me comprometo también durante los primeros seis meses a erradicar todas las trabas burocráticas, los trámites legales y las normativas para la gente que monte pequeñas empresas o negocios. Acabaremos con el papeleo farragoso. La administración debe ser un apoyo. Vamos a modificar incluso, en este sentido, las leyes que haga falta.

-¿Qué les dice usted a nuestros parados?

-Son nuestra primera preocupación. Si todas las pequeñas empresas contratasen sólo un empleado más, sólo uno, el paro bajaría al 8%. Por eso desde la administración debemos facilitar los mecanismos para implantar nuevos comercios y empresas familiares. No he dejado de trabajar para combatir el paro. Estamos desarrollando un plan de competitividad y es fundamental que cambie el gobierno central porque el paro es un problema nacional. Volvemos a la falta de confianza que genera nuestro actual gobierno central. La cifra que el gobierno gasta en subsidios y lo que deja de ingresar es de 80.000 millones de euros, que es más de la mitad de endeudamiento de todas las comunidades autónomas y más de la mitad del crecimiento de la deuda del Estado. Así, con los socialistas al frente, no vamos a ningún lado.

Mis dedos andan fatigados. Hablamos de los beneficios del AVE. El president me explica que cada euro invertido en grandes eventos ha generado dos para la Comunitat. Pasan de las nueve y media. Tengo hambre y estoy cansado. Le digo que por mí ya vale. Está de acuerdo. Nos largamos. He dejado una casa ajena apestando a tabaco. Imperdonable. Ya en la calle recuerdo que no tengo cambio para un taxi. No me atrevo a pedirle pasta prestada porque, tal y como está el patio, diez cochinos pavos se consideraría un soborno. El president señala la furgoneta que usa desde su operación de espalda y me dice: «¿Te acercamos?» Acepto por comodidad y por cotillear. Gran chasco. El interior de la furgo es tosco y no brilla ninguna clase de tecnología peliculera, sofisticada. Poco glamur. Mis amigos cantantes de rock gastan furgonetas con tele y mueble bar. Esta no. Tampoco llevamos escolta de motos o coches. Conduce un poli y hay otro de copiloto. Hablo de armas con ellos. Nos despedimos. Me dejan en la esquina de la Gran Vía con Conde Salvatierra. Llamo a una preciosidad con la que había medio quedado. No me contesta. Otro fracaso sentimental a la vista. Lástima, me gusta mucho pero debe de estar enfadada, creyendo que estoy de juerga con los amigotes. Le habría dado la exclusiva: «Nena, acabo de entrevistar al president y le he preguntado por 'Gürtel', fíjate qué remacho soy».

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