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/ GRÁFICO: JAVIER BARRIOCANAL

El republicano arrasa en los estados clave

  • Trump arrebata a los demócratas Florida y Ohio, reteniendo Carolina del Norte frente a una Clinton que apenas ha logrado salvar Nevada entre los estados pendulares

El 'tsunami Trump' ha arrasado en la práctica totalidad de los estados bisagra, de cuya suerte dependía quién ocupará el Despacho Oval a partir del próximo 20 de enero. El republicano necesitaba ganar en casi todos ellos. Y lo ha hecho con una inesperada autoridad. Ni Florida, ni Ohio ni Carolina del Norte. Ninguno de esos territorios ha caído del lado de Hillary Clinton quien, a diferencia de Trump, sólo precisaba algún que otro triunfo que añadir a los tradicionales bastiones demócratas para alcanzar la cifra mágica de los 270 votos en el colegio electoral.

Ni siquiera ha logrado salvar Pensilvania, donde echó el resto en la recta final de la campaña con mítines en los que estuvo acompañada por su marido, el expresidente Bill Clinton, por el mandatario saliente, Barack Obama, e incluso por el 'Boss' Springsteen. Tradicional feudo de los demócratas, la derrota en Pensilvania, por poco más de un punto, no es sino una constatación de la debilidad de su candidatura y de que Trump ha sabido conectar mucho mejor que ella con esos trabajadores que se sienten acorralados por el movimiento de la globalización.

Las elecciones tenían tres campos de batalla fundamentales: Florida, Ohio y Carolina del Norte. A Clinton podría haberle bastado con triunfar en uno de ellos. Pero Trump los ha hecho caer de su lado como piezas de dominó, uno tras otro. Florida, con 29 votos, era la pieza más codiciada del pastel. El estado que dio la victoria a George W. Bush en el año 2000 fue a parar a manos de los demócratas en 2004 y 2008. Clinton confiaba en que la renovación generacional del estado le otorgase también a ella el triunfo. Trump se lo ha arrebatado por casi un punto y medio porcentual. A falta de analizar con lupa cómo se han repartido los votos por condados, los demócratas podrían haberse visto perjudicados por la apertura hacia Cuba de la Administración Obama, un movimiento que no perdonan los exiliados, aunque sí muchos de sus hijos. A ellos se dirigió el magnate cuando prometió revertir el acercamiento a la isla. Su peso ha podido valer más que el miedo de los hispanos procedentes de otros países como Venezuela o Colombia a las diatribas de Trump contra los latinos y su promesa de construir un muro con México.

El cinturón industrial se revuelve contra Clinton

En Ohio, con 19 votos electorales, Trump se ha visto beneficiado por el sentimiento de desamparo de una clase media cada vez más menguante. El vencedor en Ohio ha coincidido con el ganador a nivel nacional en todas las elecciones a partir de las de 1964. Clinton podía permitirse perderlo, siempre que hubiese retenido Florida o Carolina del Norte. Pero no lo ha hecho.

En Carolina del Norte, las esperanzas demócratas radicaban en la comunidad afroamericana. Por ello dedicó Clinton notables esfuerzos a este estado en la recta final de la campaña. Sin embargo, y pese a la alta participación registrada, que habitualmente beneficia a los demócratas y que obligó a extender los horarios de las votaciones en algunos condados, Trump ha salido victorioso. Obama se había impuesto allí por tres décimas a John McCain en 2008, pero en 2012 claudicó ante Mitt Romney. Clinton no ha logrado devolverlo a las alforjas de los demócratas. Trump le ha sacado allí 3,8 puntos

Clinton ha salvado Minesota, un estado que los demócratas retuvieron incluso ante las arrolladoras victorias de Ronald Reagan en 1980 frente a Jimmy Carter y del antiguo actor en 1984 frente a Walter Mondale, pero ha perdido Iowa, el estado cuyos 'caucus' abren la pelea por las nominaciones de los dos grandes partidos. Ha caído además en otros territorios que habían sido feudos demócratas en las últimas elecciones como Michigan o Wisconsin.

Las esperanzas de triunfar en Arizona, tradicional feudo de los republicanos que se había sumado a la nómina de los denominados 'swing states' y en el que los demócratas confiaban en el creciente voto hispano, también se han tornado vanas para Clinton, que ha logrado salvar Nevada, donde el voto hispano ha podido desempeñar un papel fundamental, al representar los hispanos el 28,1% de la población del estado al que pertenece Las Vegas. Apenas una isla que ha logrado mantenerse a flote pese al irresistible empuje del 'tsunami Trump'.