Las Provincias

LA LIBRETA GRIS

Reflexión de censura

«La democracia son dos lobos y una oveja votando sobre qué van a comer». Benjamin Franklin (1706 - 1790), político y científico estadounidense.

Ha tardado menos de lo previsible pero más de lo esperado que el fantasma (o ectoplasma, más bien) de la moción de censura sobrevuele la torre de Calendura, llenando el cielo de negros estratocúmulos y bajas presiones e invocando todo tipo de aparataje eléctrico. Un sobresalto que ha llegado, como marcan los tiempos y la ejecutora, a través de las redes sociales. Cristina Martínez resurge desde los confines del ciberespacio para advertir de que está próximo el Armagedón del tripartito. Pero ella y su socio ilicitano, Fernando Durá, no se presentan como los ejecutores del advenimiento apocalíptico, sino como sus profetas en plena epifanía. Después de varios días de incertidumbre, zozobra y algún ardor de estómago, han aclarado que se trata solo de reflexiones en voz alta. Aclaran que si hay que presentar una moción de censura se presenta, pero hacerlo 'pa ná', pues no. Debe existir antes una connivencia entre los sujetos proponentes (léase: toda la oposición) para que el ardid prospere. Echando mano de unos principios elementales de álgebra y física aplicada, han concluido que la masa opositora de PP, Ciudadanos e Ilicitanos sumaría un peso atómico de 14, frente a los 13 del tripartito (PSOE, Compromís y Partido de Elche). Hasta ahí bien. Más o menos todos tenemos estudios básicos o una calculadora a mano. Martínez y Durá han cavilado, además, que si hay que presentar el revocatorio, ahora es el momento, antes de que llegue Navidad y se reblandezcan los corazones. Aseguran que la gestión municipal es un desastre absoluto y que en los seis meses que Ilicitanos lleva fuera del gobierno la cosa no ha ido de peor a pésima. Pero hay que ponerse de acuerdo. Y ahí lo dejan. En el PP, supuestamente los más interesados en la caída del tripartito, no quieren oír hablar de volver a unir sus destinos con quien causó no solo la pérdida de la mayoría absoluta en el Ayuntamiento, sino buena parte de la sangría de votos y ediles populares. Además, Mercedes Alonso todavía tiene atravesado en el cerebelo aquel intento frustrado de moción revocatoria a Alejandro Soler, del que no guarda muy grato recuerdo, y ahora prefiere seguir dedicada a sus asuntos, cualesquiera que fueren. Y nada digamos de Ciudadanos, machacados hasta el aburrimiento por @CMR, y que tan cómodos se encuentran en esa antesala del gobierno aunque manteniendo su pisito de solteros y sin compromiso (je, je). «Lo que tiene que hacer Cristina Martínez es dejarse de tonterías y ponerse a trabajar de una vez», sentenció el portavoz ciudadano, David Caballero, resumiendo un sentir generalizado entre los integrantes de la bancada opositora. Consciente de lo inviable de su ensoñación -al menos de momento- la portavoz ilicitana se limita a decir que es solo una elucubración epistemológica. El problema es que hay quien se puede tomar estas divagaciones de una tarde-noche de verano en serio y luego pasa lo que pasa.

Mientras tanto, el tripartito se moviliza, por lo que pueda pasar. La concejal del área, Esther Díez, cambió momentáneamente esta semana la bici por el autobús híbrido y comprobó que no es lo mismo sujetar un manillar con un timbre de pulgar por todo aditamento, que un cacho de volante con infinidad de botoncitos, lucecitas y mandos. Va a estudiar si compran alguno de estos modernos y sostenibles vehículos o, por el contrario, se adquiere una flota de biciclos con motorcito eléctrico (vamos, unos 'mosquitos' 3.0), que también se sostienen lo suyo. Veremos. Su compañera a la par que portavoz compromisaria, Mireia Mollà, celebró también la Semana de la Movilidad motorizándose junto a un grupo de veteranos moteros. Haciendo gala de su talante participativo y su habitual simpatía, se subió a una 'custom' tras la presentación de la Ruta Mototurística y no salió disparada porque no tenían un casco para ella, que si no, la habríamos visto convertida en una 'motor queen' al estilo de Megan Fox o Jessica Alba a toda pastilla por la Corredora, antes de que la peatonalicen. Y es que lo de la moción de sus antiguos colegas del tripartito le resbaló tanto como la moto de Marc Márquez sobre la gravilla.

El alcalde, por su parte, tampoco ha tenido tiempo para pensar en la reflexión ilicitana -al menos eso ha parecido- y lo que ha hecho ha sido anunciar más participación (aún, si cabe). El presidente de la Red de Transparencia y Participación Ciudadana de la FEMP, que no es otro que Carlos González, quiere predicar con el ejemplo y hacer de Elche el municipio más cristalino, abierto y refulgente del orbe recuperando el debate sobre el estado de la ciudad. Y lo hace a lo grande: no uno sino dos días. Sin embargo, la fórmula, aunque ampliada, no deja de ser una prolongación de la 'antigua política': un previsible muermo, vamos. Participativo, pero muermo al fin y al cabo. Nada que ver con la vidilla que tenían estos eventos antiguamente. En especial en los tiempos de Alonso, cuando la entonces alcaldesa convocó, en 2014, el último debate sobre el estado de la ciudad hasta el momento. Aunque sin participación ni transparencia: lo que se llevaba en aquellos tiempos. La oposición -PSOE y Partido de Elche- reclamó la convocatoria y la alcaldesa, más solícita y diligente que nunca, fijó la sesión para un 29 de agosto, 24 horas después de haberlo solicitado oficialmente el portavoz socialista, Antonio Rodes, impidiendo así a la oposición presentar propuestas. De «filibusterismo político» calificó la maniobra el actual director general de la Sociedad Parques Temáticos de la Generalitat. Desde luego, no le movía a la regidora popular promover la participación, no ya ciudadana, sino ni siquiera la de sus propios concejales: cuatro ediles del PP no acudieron por la premura de la convocatoria, al encontrarse de vacaciones. Ni se notó. Y es que eran otros tiempos. ¿No?