El seguro ambiguo

Arriba, montón de naranjas rajadas en un campo de Lane recién recolectado. Abajo, frutos partidos en árbol y el suelo. / lp
Arriba, montón de naranjas rajadas en un campo de Lane recién recolectado. Abajo, frutos partidos en árbol y el suelo. / lp

Agroseguro se resiste a indemnizar por los graves daños de rajado en cítricos

VICENTE LLADRÓ VALENCIA.

La piel de las naranjas se abre y los frutos pierden su condición comercial. Unos llaman a este proceso de deterioro simplemente 'rajado', otros hablan de 'la sonrisa de los cítricos', porque mucha fruta se parte por su ecuador y, efectivamente, parece que se abran unas bocas peculiares; pero otros frutos no se parten en horizontal, sino en vertical, de la zona estilar al pedúnculo. En todo caso se trata de un tipo de daño que está causando graves pérdidas de forma generalizada en casi todas las zonas citrícolas de la Comunitat Valenciana.

No es la primera vez que estalla una situación como ésta. Ocurrió de forma similar en 2014. Siempre ha habido problemas de rajado en cítricos, más o menos ocasionales, pero estos últimos años se presentan de forma más intensa y extendida. ¿A qué se deben? Es cuestión que se plantean técnicos y citricultores, aventurando toda clase de hipótesis, aunque se coincide en que hay evidencia clara en el desarrollo final: las naranjas y mandarinas se rajan cuando hay una sucesión de hechos meteorológicos que lo provocan. Esa combinación se ha dado esta temporada: tras muchos meses cálidos y sin lluvias han llegado precipitaciones que acaban causando el estallido. La sequedad ambiental facilita que los frutos desarrollen una piel más fina de lo habitual; después, cuando se presentan las lluvias tras meses de ausencia, la pulpa de las naranjas y mandarinas tiende a crecer súbitamente, la corteza delgada no resiste y revienta. Los frutos afectados ya no sirven para nada; van cayendo al suelo o los tiran los recolectores si aún han quedado adheridos a los árboles. En muchos campos se aprecian altos porcentajes de cosecha perdida.

Para los citricultores son daños debidos a causas meteorológicas extraordinarias (ausencia de lluvias en verano-otoño, altas temperaturas hasta el invierno, lluvias repentinas...) Por tanto deben estar cubiertos por las pólizas de seguros que se suscribieron abarcando también la opción de 'adversidades climáticas excepcionales'. Sin embargo Agroseguro, que reconoció el problema en 2014, se ha negado a aceptarlo hasta hoy.

Algunos peritos aluden a que las naranjas se abren al estar maduras o por fallos del cultivo Los agricultores claman contra la falta de criterio concreto ante unas pérdidas evidentes

Algunos peritos, al evaluar los daños en campos cuyos dueños dieron parte de siniestro, han eludido reconocer y valorar la parte de la cosecha afectada por el rajado. En unos casos han aludido a que tal cosa se debe a 'deficiencias en el manejo de la parcela'; en otros, a que 'la fruta está este año muy madura y se tiene que recolectar antes'. Madura o no, en las condiciones del seguro figura una fecha de cobertura y en función de ello se paga más o menos por asegurar. No es lo mismo asegurar hasta diciembre que hasta abril. No se habla de madurez si se está dentro del periodo previsto y éste acaba dentro de meses.

También se escuda Agroseguro hasta el momento en que son daños que no están generalizados. La normativa dice que estos daños por 'adversidades climáticas excepcionales' deben estar generalizados para ser indemnizables. Es como si una persona asegura los cristales de su coche, cae un fuerte pedrisco que le rompe la luna delantera, pero si no hay más casos en su pueblo le dicen que no está cubierto. No tendría sentido. Un siniestro daña a unos y no a todos. El problema es que estamos hablando de un tipo de seguro -el de Agroseguro en cítricos- que es muy ambiguo y deja demasiado margen a posibles interpretaciones.

Pese a todo, estos daños del rajado en cítricos sí están muy generalizados y cada día que pasa lo están más, conforme puede verse a poco se vaya por las zonas citrícolas y se pregunte a unos y otros.

Las organizaciones agrarias están presionando a Agroseguro y a la Conselleria de Agricultura para que lo reconozcan y se acepte que es un daño indemnizable. Les ha costado verlo, hasta que se ha hecho más que evidente, pero están en ello. No podían hacer otra cosa, pues llueven las quejas y las presiones de los afectados, quienes recuerdan que cuando se les ofreció la opción de contratar la modalidad que abarca las 'adversidades excepcionales', que es más cara que la habitual de helada, pedrisco y viento, nadie les advirtió de que todo se fiaría a interpretaciones futuras, a que los daños fueran generalizados o que se aludiera supuestamente a sobremadurez o al manejo de las parcelas.

La Unió de Llauradors abrió el fuego la semana pasada reclamando a Agroseguro que reconozca el problema e indemnice por los daños. UPA se sumó días después, pidiendo que no se deje en la estacada a los citricultores que aseguraron sus naranjas en una modalidad que debe cubrir estas situaciones. Finalmente, la Asociación Valenciana de Agricultores ha indicado que viene trabajando desde hace semanas para que Agroseguro acepte indemnizar y que por las conversaciones en marcha tiene casi seguro que habrá solución en breve, reconociéndose que el rajado de naranjas es indemnizable si se aseguró tal opción.

De paso no estaría mal que se aprovechara la ocasión para eliminar ambigüedades en un sistema de aseguramiento que se basa demasiadas veces en apreciaciones personales y dudas entrecruzadas, cuando lo preferible es lo concreto. Lo primero de un seguro es que sea seguro.

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