Naranjas de piel más gruesa para evitar que se agrieten

Naranjas rajadas. La piel no ha podido resistir la presión de la pulpa y ha terminado por estallar. / v. lladró
Naranjas rajadas. La piel no ha podido resistir la presión de la pulpa y ha terminado por estallar. / v. lladró

Los investigadores aconsejan realizar tratamientos para fortalecer la cortezaCarlos Mesejo, de la Politécnica, apunta que en este problema influyen condiciones meteorológicas y genéticas de cada variedad y los patrones

VICENTE LLADRÓ VALENCIA.

Si hasta no hace muchos años la 'piel fina' era uno de las principales cualidades que definían la buena calidad de una naranja, en estos momentos está casi totalmente abandonado dicho concepto, porque ya nadie impone tal característica y porque la fuerza de los hechos obliga a tender en sentido contrario, puesto que uno de los principales problemas estriba en que muchas naranjas se agrietan en el árbol y tener la piel final favorece el estropicio. Mejor procurar hacerla gruesa, a ver si así resiste.

Carlos Mesejo, profesor de la Escuela de Ingeniería Agronómica e investigador del Instituto Agroforestal de la Universidad Politécnica de Valencia, ha definido la cuestión del rajado o agrietamiento de las naranjas como «un problema multifuncional» en el que intervienen diversos factores «de difícil control». Entre las causas puede haber tendencias genéticas de algunas variedades, aunque lo cierto es que no se manifiestan siempre igual, unos años más, otros menos, incluso nada.

En una conferencia en el Congrés Citrícola de Picassent, el profesor Mesejo habló de las principales fisiopatías que padecen los cítricos y se detuvo especialmente en la cuestión del rajado, por ser la incidencia que está cobrando ahora especial envergadura. «En muchos casos está alcanzando este año niveles preocupantes», reconoció el investigador.

Es una fisiopatía que se manifiesta más si llueve algo a finales de verano o principios de otoñoNo sirven aplicaciones con fitohormonas sino de compuestos cálcicos y nitrogenados

Las fisiopatías son dolencias de las plantas que no tienen origen biótico, es decir que no están causadas por microorganismos (virus, bacterias, hongos...), sino que se deben a desajustes motivados por razones físicas o ambientales (climatología, suelo...) más o menos acentuadas por propensiones genéticas de cada especie o variedad.

Los citricultores sospechan que una de las cosas que más influyen en este tipo de problemas es el empleo de los patrones actuales, obligados por otra parte porque son tolerantes a la enfermedad de la Tristeza, y de no ser por su concurso aquí ya no quedaría citricultura desde hace años.

Absorción de agua

Es cierto que con el patrón amargo, que era el que se empleaba antaño, apenas se daba este elenco de fisiopatías que proliferan ahora (rajado, bufado, clareta, pixat...), pero se juega con lo que se puede, y de no ser por los patrones tolerantes no se habría superado el desastre de la Tristeza.

Carlos Mesejo explicó que el fenómeno que en última instancia determina que una naranja se agriete y estalle está relacionado con la capacidad de absorción de agua en determinados momentos de su crecimiento y la falta de elasticidad de la piel para poder resistir tal empuje.

Rechazó que el empleo de tratamientos con ácido giberélico (adecuado sin embargo contra la clareta) pueda interrumpir el problema y dijo que, por el contrario, lo podría intensificar. Recomendó, en cambio, tratamientos encaminados a «aumentar el espesor de la corteza», con aplicaciones entre junio y julio a base de nitrato cálcico.

Aquí encontramos la referida contradicción aparente entre lo que era la percepción de la calidad de una naranjera antaño, la que tenía la piel fina (cuando reinaba el pie amargo), y la necesidad actual de favorecer lo contrario para poder evitar que la fruta se abra.

El investigador de la Politécnica abundó en las circunstancias en que una excesiva absorción de agua determina que la fruta reviente. Dijo que un factor que interviene con determinación es que se registren lluvias entre agosto y septiembre, incluso pequeñas precipitaciones de tan solo unos pocos litros por metro cuadrado, y concluyó que «más lluvia es igual a más rajado».

Importante para el seguro

Esta conclusión es de gran importancia porque Agroseguro viene discutiendo que el problema de las pérdidas de cosecha por el rajado sea un daño que deba cubrir la póliza de quien esté asegurado, escudándose en que no es una cuestión derivada de incidencias meteorológicas, sino debida a deficiencias del cultivo (o msea, culpa del agricultor), y para ello ha aducido en ocasiones informes técnicos que lo avalarían.

Pues bien, aquí está este otro informe técnico, explicado en público, que indica que el rajado de las naranjas está relacionado potencialmente con muchas cosas, pero al final lo que hace que los frutos revienten son unas lluvias en determinados momentos (final del verano-principios de otoño) y máxime si se arrastran meses de sequía ambiental (recuerden que llovió un poco en septiembre y octubre). Porque no es cuestión de dar más o menos riego; esto puede estar perfecto, sin deficiencias, y haber fuertes índices de rajado. Se debe más a la sequía ambiental, la que rompe súbitamente una lluvia, aunque sea pequeña, que no resuelve nada en lo hidrológico, pero siembra un desastre.

Mesejo afirmó también que esta problemática es más acusada en los suelos más arenosos, porque en ellos influye en mayor porcentaje la 'presión' del agua con ocasión de una lluvia repentina, por lo que insistió en que, dentro de la dificultad general para controlar esta fisiopatía, en el único punto donde puede actuar el agricultor es intentando que la corteza del fruto sea más gruesa.

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