La naranja busca nuevos mercados

Carga de cítricos en un buque, donde la fruta seguirá el tratamiento de horas de frío contra parásitos hasta el país de destino. / toni losas
Carga de cítricos en un buque, donde la fruta seguirá el tratamiento de horas de frío contra parásitos hasta el país de destino. / toni losas

Bruselas ha anunciado un acuerdo comercial con Japón que, sin embargo, se mantiene en la práctica cerrado a los cítricos españoles Tras el éxito de envíos crecientes a China, México y la India son objetivos prioritarios

VICENTE LLADRÓ VALENCIA.

El 93% de las exportaciones citrícolas de España (cerca de cuatro millones de toneladas anuales, casi el 80% de la Comunitat Valenciana) recae en los países de la Unión Europea, nuestro mercado natural desde siempre, por proximidad y porque es el que dispone de mayor capacidad de consumo (no en balde las exportaciones del resto del mundo se dirigen mayoritariamente a los mismos destinos). Sin embargo, ese 7% restante, que va a países terceros (de fuera de la UE), no por minoritario centra menores esfuerzos e interés.

Bien al contrario, muchos exportadores batallan continuamente por abrir nuevos mercados, porque a menudo encuentran lejos soluciones comerciales que más cerca se complicaron. El mercado europeo está muy saturado y la tendencia predominante es que los precios quedan retraídos durante gran parte de la campaña. Mejor buscar posibilidades en lugares distantes, donde cada vez hay mayores porcentajes de población con niveles de renta equiparables o superiores a la media europea. Se ayuda a descongestionar el mercado europeo y se procura conquistar nuevas opciones que son clave para el futuro y comienzan a ser prometedora realidad. Aunque muchas veces la larga distancia es un handicap difícil de superar, y mucho más las trabas comerciales que se interponen, convertidas, en versión moderna, en exigencias fitosanitarias.

Protocolos de freno

La tendencia actual a derribar barreras aduaneras, mediante acuerdos de libre comercio, no se materializa en la práctica de forma tan fácil como pueda parecer por los anuncios políticos que se realizan al respecto. Permanecen las prevenciones contra la entrada teórica de plagas y enfermedades (ante lo que la UE trabaja tan alegre al revés, cuando se trata de importar), y para no desmerecer el espíritu de apertura comercial, lo que se hace es establecer protocolos fitosanitarios, cuyo cumplimiento estricto pueda asegurar la plena inocuidad de la mercancía. No obstante, los protocolos suelen contener aspectos tan leoninos que a la hora de la verdad resulta imposible cumplirlos y la realidad es que no se acaba vendiendo ni una naranja a quien, sobre el papel, se ha convertido en un mercado abierto.

Decepcionante Japón

El caso de Japón es paradigmático. Bruselas ha alcanzado un principio de acuerdo con Tokio para un futuro Tratado de Asociación Comercial que el comisario de Agricultura, Phil Hogan, ha presentado como muy ventajoso. En cambio, los citricultores españoles, que ya cuentan con un protocolo de exportación de naranjas a dicho país desde 1996, ampliado a clementinas en 2004, hace diez años que no consiguen exportar nada. Hubo una campaña muy prometedora, la 98/99, cuando se bordearon las 10.000 toneladas, pero fue porque hubo graves heladas en California, que es el proveedor por antonomasia de los japoneses.

Pagar inspector y traductor

El Comité de Gestión de Cítricos ha pedido al Ministerio de Agricultura que se renegocien con Japón las condiciones del protocolo, puesto que exige que si se interrumpe durante el viaje el tratamiento en frío en el propio barco, por cualquier accidente, no se pueda ya cumplir a la llegada, como ocurre en otros casos (EE UU incluido), y la fruta no puede entrar. Además se exige un inspector japonés en origen y otro español en destino, más traductores, y esos gastos son por cuenta de los exportadores, lo que es inasumible para las cantidades que se barajan hasta ahora. El gran argumento de negociación ha de ser la balanza comercial, tan favorable a Japón.

El ejemplo de China

A la chita callando, el mercado chino no deja de crecer para las naranjas y clementinas españolas en los últimos años , alcanzando en la última campaña 19.709 toneladas. Las perspectivas son buenas y los exportadores que trabajan este mercado, con la ayuda de los técnicos oficiales y del Comité de Gestión, han entrado en una especie de 'velocidad de crucero', de normalidad en las corrientes de expansión paulatina.

México y la India

Estos dos países son ahora las grandes prioridades para los cítricos españoles. Con ambos existen protocolos firmados, pero sus condiciones son imposibles de cumplir. El de la India, tras anunciar, en 2009, la entonces vicepresidenta del Gobierno, Mª Teresa Fernández de la Vega, que se abrían grandes posibilidades con aquel país, las condiciones técnicas no se pactaron hasta 2011 y sólo se ha hecho un envío testimonial de prueba. Exigen que, además del tratamiento en frío durante el trayecto, se añada otro periodo de dos semanas en tierra. La fruta llegaría demasiado 'cansada'. Ahora se está pendiente de negociar una revisión.

Con México hay un protocolo firmado desde 2005 pero se considera 'draconiano', con inspectores mexicanos en origen y destino, que han de pagar los exportadores; un coste que es inasumible, como en el caso de Japón.

Corea del Sur y Australia

Con Corea se firmó el protocolo en 2004 para naranjas y desde entonces se van colocando cantidades modestas que en las tres campañas han superado las dos mil toneladas (2.651 hasta el 27 de julio pasado). Con Australia se firmó en 1999 y las cantidades enviadas son muy inferiores, este año tan sólo 154 toneladas.

En ambos casos, destacan fuentes del Comité de Gestión el obstáculo de la lejanía, así como que son mercados bastante dominados por las exportaciones norteamericanas, pero se ve que es más llevadera la situación con Corea, donde hay mayores perspectivas de crecer, ya que el protocolo australiano es mucho más rígido. Curiosamente, las variedades tardías de Nável que se cultivan hoy en España (Lane, Rhode Summer, Barnfield, Powelll y Chislett) son mutaciones de origen australiano.

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