Isaval: El viaje de tres hermanos y sus botes de pintura

La compañía celebra los 50 años en plena expansión global y con unas ventas de cerca de 40 millones de euros | El negocio que Isaac, Pascual y Víctor Vallejo fundaron en 1968 con dos empleados es hoy una multinacional con 300 trabajadores

Hace ahora 50 años Isaac, Pascual y Víctor Vallejo Martínez pusieron en marcha la firma valenciana de pinturas Isaval. Como todos los principios, aquellos pasos eran todavía modestos, pero cada uno de ellos encontró su espacio. «Isaac era el que dirigía la fábrica, Víctor llevaba la administración y yo, la calle», recuerda Pascual con ocasión de este aniversario. Lo primero fue «trabajar a lo bestia: ni sábados ni domingos ni nada», rememora.

Las primeras instalaciones eran un bajo de 60 metros cuadrados, «en las que había que entrar agachado» y la mesa de despacho era, las más de las veces, un bidón. Eso no impidió que progresaran y se adaptaran a las novedades que se iban produciendo en el negocio de las pinturas y que el público demandaba. «Empezamos con el temple, porque no había otra cosa, pero después salió el plástico y tuvimos que empezar con él y así muchas cosas», señala Isaac.

La jornada para ellos tres empezaba temprano. A eso de las cuatro de la mañana esperaban el camión del material y lo descargaban ellos mismos para ahorrar tiempo y costes. «Nos echábamos a la espalda el saco de Blanco España para echarlo a la pila», rememora Víctor. A continuación realizaban a mano el trabajo de producción de la pintura y, a diferencia con lo que ocurre hoy, ni disponían de laboratorios ni departamento de I+D. «Para eso ya estaba la pared y las manos, para el color y la textura», bromean con la distancia que dan los años.

La empresa está presente en 16 países y dispone de sucursales propias en Perú y Cuba

El primer salto se produjo cuando decidieron trabajar a fondo el desarrollo de pintura para fachadas. Aquella fue la primera ocasión en la que fueron pioneros, pero no fue la única, como recuerdan los tres hermanos: sacaron el bote metálico de 15 litros, frente al de 25 litros, mucho menos manejable; y con el plástico hicieron igual.

De puertas para fuera, Pascual recorría España «de arriba abajo. Salía el lunes y volvía el sábado». Y las técnicas de venta eran, cuanto menos, arriesgadas. «Cogimos el coche y le dije a una señora: 'Mire, yo le voy a mandar mil kilos de pintura. Si los vende, se los cobro y, si no, me los llevo' y yo decía '¡Madre mía!'». Sin embargo, al volver cuando se cumplió la fecha prevista, lo había vendido todo.

De entonces a ahora son muchas las cosas que han cambiado y, una de ellas, las manos que manejan el timón de la compañía: las de la siguiente generación. Son ellos los que, a día de hoy, están al frente de una compañía que está presente en más de 16 países con sucursal propia en Perú y Cuba. Dentro del territorio nacional, Pinturas Isaval cuenta con un total de seis delegaciones comerciales, ocho puntos logísticos y 31 centros de distribución propia, todo ello gestionado desde la sede central, ubicada en la población valenciana de Ribarroja del Turia y que engloba los departamentos de producción, logística, administración, técnico y donde también se encuentra el centro formativo.

En el ejercicio 2016, el último del que ya se tienen con las cuentas auditadas, las ventas crecieron un 3% hasta superar los 37 millones de euros. La buena marcha del negocio y las actividades de la firma están motivadas principalmente «por las políticas comerciales impuestas por la gerencia en pasados ejercicios, lo que ha tenido un reflejo positivo en las magnitudes y resultados del ejercicio, a la vez que sienta las bases para el crecimiento en los próximos años», según el Informe de Gestión de la compañía. De hecho, los beneficios han sido un tercio superiores a los obtenidos en 2015.

Los gastos de explotación se redujeron ese año más de un 6%, como consecuencia de la directiva de realizar un mayor control de este tipo de gastos por parte de la dirección, y los gastos de personal se incrementaron casi un 9%, debido al incremento de la plantilla.

La buena tendencia ha continuado en 2017 y continúa «consolidando el buen momento económico que llevamos viviendo desde hace ya varios años, con lo que se adivinan en un futuro cercano mayores posibilidades». Sin embargo, desde la firma no se lanzan las campanas al vuelo, ya que la situación internacional les anima a la prudencia y a asegurar mucho a los clientes, ya que el contexto actual puede llegar a suponer un incremento sustancial de la morosidad.

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