La huerta valenciana cierra la campaña con los precios más bajos de las últimas décadas

Agricultores recogen sandías en un campo valenciano. / lp
Agricultores recogen sandías en un campo valenciano. / lp

Los descensos más relevantes se producen en la cebolla y la sandía por las que se paga en el campo hasta cuatro céntimos el kilo

S. L. SANTOS/S. AMORÓS VALENCIA.

La huerta valenciana

ha sufrido un progresivo descenso de los precios de sus productos hasta llegar a una situación extrema. En pleno cierre de la campaña hortofrutícola las conclusiones son desoladoras ya que se considera la peor temporada de las últimas décadas. Buena muestra de ello se ha vivido con la sandía cuyos precios ofrecidos en origen han caído hasta situarse en 0,05 céntimos por kilo. Los agricultores no pueden cubrir gastos de recolección ni de transporte lo que supone un cierre de campaña con campos descuidados, fruta destruida por los tractores y otra tanta que se ha echado a perder.

«No encontramos adjetivos para describir esta campaña hortofrutícola que ha provocado una tragedia económica en cientos de familias valencianas», aseguró el presidente de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA), Cristóbal Aguado. En julio la asociación valenciana ya advirtió que el cultivo de la sandía, uno de los referentes agrícolas de la Comunitat, desaparecía progresivamente, como resultado del hundimiento de las cotizaciones del campo.

Varias son las causas que han provocado la bajada de los precios pagados al agricultor. AVA-Asaja considera que el principal motivo reside en la saturación de los mercados europeos, provocada por la entrada masiva de importaciones. En el caso de la cebolla, desde Perú, Chile, Egipto o Israel y en el de la patata, por las importaciones de origen francés. A esto se suma el veto ruso con la fruta de hueso. Aguado ya expresó su malestar con las grandes cadenas de distribución, alegando que no pueden ser «un mercado depredador» y criticó que la Administración y el Gobierno no adoptaran medidas para delimitar el mercado.

«Primero fue la cebolla y la patata, las cosas no mejoraron con las frutas de hueso y ahora ha sido el turno de las sandías», explicó el presidente de la patronal. En el caso de la cebolla se considera que debería costar 20 céntimos para ser rentable su producción, pero en el mercado se compran al productor por unos 12 céntimos llegando a alcanzar un precio mínimo de 4 céntimos de euro. La patata debería valer 25 céntimos para resultar rentable pero se ha llegado a vender por 7 céntimos. Por su parte, en las frutas de hueso destaca el caso del melocotón, cuyo umbral de rentabilidad son 55 céntimos y se vende por un precio medio de 30 céntimos e incluso por la mitad.

Otra de las causas en la bajada de precios para los agricultores son las condiciones climatológicas que, desde AVA-Asaja declaran que «no ayudaron ni en el centro ni en el norte de Europa donde el frío retrasó la demanda y elevó 'stocks'». Además, añaden que la situación en España no fue mejor ya que «en otras regiones de producción más precoz como Andalucía y Murcia restaron espacio a las producciones valencianas».

La patronal exige medidas

La Política Agrícola Común (PAC) impone una serie de medidas en las importaciones y exportaciones entre los países de la Unión Europea. Este tipo de políticas agrarias son calificadas de insuficientes por la patronal.

«Las medidas emanadas de la PAC que contemplan la legislación de ámbito europeo, nacional y autonómico constituyen un fracaso en su finalidad de estabilizar los mercados de frutas y hortalizas y de garantizar una rentabilidad digna a los productores», defendió Cristóbal Aguado. También consideró que desde las instituciones europeas falta transparencia e interés respecto a los problemas que plantea la gran distribución.

AVA-Asaja sostiene que «las administraciones no pueden esperar más tiempo para destinar fondos en la modernización del sector y en adoptar medidas eficaces como el establecimiento de un seguro de rentas o de una ley de la cadena alimentaria a nivel comunitario que sirva para corregir esta clase de desequilibrios». Y concluye que la peor consecuencia es que los jóvenes no se incorporen al sector y por tanto se abandonen los campos.

Fotos

Vídeos