Una firma española detecta fugas de agua en grandes redes enterradas

Una firma española detecta fugas de agua en grandes redes enterradas

El artilugio se introduce en las tuberías, viaja con el caudal y capta las ondas de cualquier escape para localizar con exactitud dónde actuar

V. LLADRÓ

En cualquier red de conducción de agua hay fugas; la perfección, evitarlas al cien por cien y de manera permanente, es casi imposible, hasta el punto de que la mayoría de entidades y empresas responsables de mallas de distribución para abastecimientos urbanos y de riego agrícola suelen asumir unos porcentajes de pérdidas aceptables. Pero se ocupan de que no vayan a mayores, lo que exige invertir en mantenimiento.

La única estrategia viable para evitar que se pierda demasiada agua es emplear constantemente medios de detección de escapes y corregirlos, lo que, por otra parte, resulta complicado y costoso, porque las tuberías están enterradas, a veces a gran profundidad, lo que hace más difícil la detección, complica ubicar exactamente en qué puntos hay que excavar y encarece las obras.

Una empresa española, Aganova, radicada en Málaga, dispone de una tecnología puntera a nivel mundial para facilitar la rápida localización de filtraciones. El sistema se llama Nautilus y se basa en una bola de tan solo seis centímetros de diámetro que contiene sensores.

La bola Nautilus se introduce en la red de tuberías a revisar a través de la conexión de una ventosa (mecanismo que conecta con el exterior para evacuar bolsas de aire que interfieren con el agua). A partir de ese momento, esta especie de pelota recorre la conducción a examen a la velocidad del propio caudal que la arrastra. Al pasar por algún punto en el que haya una fuga, por mínima que sea, capta y registra las ondas que emite la pequeña corriente de agua que se escapa. Los dispositivos electrónicos del Nautilus guarda los datos de las ondas que capta, pero para saber dónde los ha registrado, a lo largo del recorrido exterior se sitúan, sobre otras ventosas, diversos dispositivos que permitirán sincronizar el paso de la bola. Al procesar después toda la información se determina en qué puntos hay que excavar para llegar a las fugas y repararlas. El margen de error es de un metro, se detectan escapes de tan sólo 0,04 litros por segundo y se llegan a inspeccionar 2 kilómetros por hora.

Según Vanessa van Rossum, de Aganova, hallar anomalías en pequeñas tuberías en las aceras de las ciudades es relativamente fácil con sistemas tradicionales, porque los tubos de pequeño calibre transmiten los sonidos de cualquier fuga. El problema son las tuberías de gran diámetro, profundas y en lugares poco accesibles. Ahí es donde Nautilus resulta más eficaz y rentable.

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