La familia Batalla vende el 55% de la antigua Lubasa al fondo Atitlan

Cartel de Lubasa.
Cartel de Lubasa. / Carlos Rodríguez

La empresa castellonense pasará a estar controlada por la firma del yerno del presidente de Mercadona

Álvaro Mohorte
ÁLVARO MOHORTEValencia

El fondo Atitlan ha llegado a un acuerdo con la familia castellonense Batalla para hacerse con el 55% del Grupo Obinesa, la antigua Lubasa, según confirman fuentes conocedoras de la operación. De ese modo, Roberto Centeno, yerno del presidente de Mercadona, Juan Roig; y su socio Aritza Rodero se hacen con el control de la compañía en la que se integran la constructora Becsa, la azulejera Saloni, concesionarios de automoción y aparcamientos públicos, entre otras actividades.

La operación está condicionada a la quita de deuda de más de 350 millones de euros y la complejidad de la operación hace que se haya optado por realizarla por medio de una firma abierta. De este modo, en los próximos días las diversas partes implicadas en la operación irán firmando en Madrid y Barcelona. Hay que tener en cuenta que más allá del grupo Obinesa y Atitlan participan distintos intermediarios y garantes de aspectos de la operación que ha permitido que se llegue a buen puerto.

Fuentes del holding empresarial siempre han asegurado que el objetivo de la empresa es contar con el fondo de inversión para refinanciar su deuda y superar definitivamente los estragos que le causó la crisis económica y que aún lastran su actividad. Atitlan está creciendo significativamente en el sector inmobiliario y hace unos días se adjudicaba 100.000 metros del terreno que ocupó el circuito urbano de Fórmula 1 de Valencia y entró en el accionariado del Nuevas Actividades Urbanas (Nau), comprando a Bankia la participación de Bancaja.

En el caso del Grupo Lubasa, según las últimas cuentas presentadas en el Registro Mercantil, la empresa cerró 2015 con un incremento de 8% del volumen de negocio, hasta los 315,21 millones de euros, y unos resultados de explotación (los vinculados al negocio puro y duro) que se situaron en 21,73 millones, frente a los 27 millones de euros en pérdidas del año anterior.

Aunque después de descontar impuestos y otras obligaciones, el resultado sigue en negativo, lo cierto es que se ha conseguido reducir a una sexta parte, 5,72 millones. Aún es más llamativo este resultado al haber tenido que encajar un rejón en forma de 16 millones de euros por derivados que contrató antes de la crisis y que, como a muchas otras empresa y particulares, la lleva por la calle de la amargura los últimos años.

Por áreas de negocio, la constructora Becsa no se deja pelos en la gatera y se mantiene en unos beneficios algo superiores al medio millón de euros, mientras que la cerámica Saloni roza los dos millones de euros en beneficios y las canteras de La torreta y Las Pedrizas rozan los 10 millones de beneficio. El problema lo ponen Durantia y Lubasa Aparcamientos, que hacen al grupo cargar con unas pérdidas en 2015 de 11,28 millones y 3,92 millones, empeorando y mejorando, respectivamente, el resultado anterior.

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