España se llena de olivos y almendros en superintensivo

Una de tantísimas fincas de olivar intensivo fuera de Valencia. / v. ll.
Una de tantísimas fincas de olivar intensivo fuera de Valencia. / v. ll.

El campo valenciano apenas acoge este moderno tipo de cultivo

V. LLADRÓ VALENCIA.

Por toda España se vienen multiplicando en los últimos años las plantaciones superintensivas de olivos y almendros. Por toda España menos en la Comunitat Valenciana, donde apenas se conoce alguna iniciativa aislada, lo que sorprende bastante, ya que aquí siempre estuvo el agricultor muy atento a las últimas innovaciones. En cambio en este terreno de las modernas técnicas de intensificar la producción de olivas y almendras no se está apostando por lo que sí impera en las demás regiones españolas y en otros países, empezando por Portugal y siguiendo por el Magreb, Sudamérica, Australia...

Basta fijarse un poco, con ocasión de algún viaje por carretera o en tren, para captar lo que está sucediendo en Castilla-La Mancha, Aragón, La Rioja, Extremadura, Andalucía, Murcia, Cataluña, Castilla-León... La transformación del paisaje es notoria. Largas hileras de olivos y de almendros plantados en seto se suceden en grandes fincas totalmente mecanizadas. La mayoría de ellas aún no han alcanzado su plena producción, muchas están recién puestas y otras van de camino.

Si alguien se cuestiona por qué los precios bajan, o no suben lo que se espera, dependiendo de aparentes fluctuaciones productivas, que piense en lo que está sucediendo con estas grandes inversiones en modernas plantaciones de olivar y almendros que proliferan por todas partes, menos por tierras valencianas.

Son olivos y almendros que se plantan con máquinas, se podan con máquinas y se recolectan con máquinas, con las mismas que vendimian la uva; primero recogen las viñas, luego pasan a la almendra y finalmente a la oliva.

Está claro que los costes no son los mismos; sin duda son superiores en las plantaciones superintensivas (en plan industrial) que en los campos tradicionales, no así en cuanto a la mano de obra en podas y recolección, pero son todavía muy superiores los rendimientos, la producción obtenida, del orden de diez, quince o veinte veces más, y por consiguiente los márgenes de beneficios no tienen nada que ver con los de los sistemas clásicos.

De este modo, mientras que en los hermosos campos abancalados y artesanales que priman en nuestros paisajes no se puede seguir adelante y crece el lamento por unos precios que no dan rentabilidad, en estas nuevas realidades que se van imponiendo en otros lugares son capaces de vender a menos para ganar más y conquistar el mercado, por lo que se está registrando un llamativo proceso de sustitución productiva en la que, lamentablemente, el campo valenciano se está quedando atrás. O peor aún, no toca bola.

Por toda España -y Portugal- emergen enormes plantaciones de olivos y almendros en riego a goteo, donde antes había cereales o praderas, mientras aquí se persiste en viejas estructuras y en hablar de teóricas alternativas, que ya son realidad en estas nuevas formas de producir.

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