Ana Rodríguez: «Lladró tiene que crecer al margen de las figuras»

Ana Rodríguez: «Lladró tiene que crecer al margen de las figuras»

La nueva consejera delegada de Porcelanas Lladró, Ana Rodríguez, apuesta por la diversificación de estilos y productos | La empresa espera ganar en facturación un 15% para 2018, recuperando EE UU, con más presencia en China y captando un nuevo perfil de cliente

Á. MOHORTE

El imponente complejo de la Ciudad de la Porcelana, sede de la firma Lladró, respira la nostalgia de tiempos mejores y las ansias de alistarse a un futuro del que hace tiempo que se descolgó. En un salón amplio como los de las revistas de decoración, se abre una puerta y aparece Ana Rodríguez, arrastrando una maleta. La consejera delegada de Porcelanas Lladró desde julio de 2017 estrecha la mano y explica que tiene que salir hacia Barcelona al final de la tarde y prefiere no tener que volver hasta la zona de los despachos cuando acabe la entrevista para no perder el tiempo.

Alta, de pelo corto y canoso, viste con un estilo más próximo al de una responsables de empresa tecnológicas que a los tópicos que se pueden asociar a una compañía de estilo clásico y orientada al lujo. De hecho, esta ingeniera industrial de 46 años, especialista en química por la Universitat Politècnica de Catalunya fue pionera en el mundo de las 'start-ups' en 1999.

Después se orientaría hacia el negocio industrial hasta recalar en PHI en 2011, con la que asumió las funciones de estrategia y dirección de Lladró tras su compra en enero de 2017, para centrarse en armonizar con el resto del grupo los temas económicos y de modelo de producción.

«La venta online puede acabar siendo el eje central del negocio, sin renunciar a la red física»

«En mi casa no había figuritas de Lladró», reconoce. «Sí conocía gente que tenía la típica vitrina, pero en mi caso es ahora cuando empiezo a tener muchas cosas. Es al conocer lo qué hay detrás cuando te enamoras. Transmitir eso es quizás lo que ha faltado», apunta Rodríguez. Para la primera ejecutiva de la compañía, Lladró tuvo «un éxito abrumador» en un momento determinado, pero «no logró adaptarse a nuevos mercados». Ese es ahora su objetivo.

Las figuras son el punto fuerte de la facturación de la compañía, con un 80% del total, pero entiende que hay que evolucionar hacia nuevos modelos, nuevos temas, que conecten más con los compradores, las tendencias... y sacar nuevos productos, más funcionales. Desde velas y fragancias hasta piezas de iluminación y mobiliario auxiliar que están desarrollando. «Esperamos que también la figura pueda crecer por efecto de estos nuevos productos, porque es una línea que está muy estancada. Lladró tiene que crecer al margen de las figuras, pero esperamos que ellas también crezcan de rebote», sentencia.

En cifras, si el cierre de 2017 situó la facturación en 51 millones de euros, en 2018 aspiran a crecer un 15% gracias a esas nuevas líneas. Por el momento, los cambios que se han empezado a aplicar han estabilizado el mercado de EE UU hasta hacerlo crecer un poco «por primera vez en mucho tiempo», reconoce. Además, entiende que hay mercados por explotar en Asia, como el chino, aunque en otros más tradicionales asegura que les están esperando. «Lladró es una empresa muy especial con una marca espectacular, reconocidísima a nivel internacional y un producto único». Insiste: «Es una perita en dulce».

Quiere transmitir que se está gestando «un nuevo Lladró» que ya empieza a dar sus frutos en los productos, en el aspecto de los puntos de venta y las estrategias de comunicación o la plataforma de venta online. Aunque asegura que mantendrán la actual estructura de venta con tiendas propias, el comercio electrónico es donde quieren entrar «pegando fuerte», donde están haciendo una importe inversión.

«La venta online puede acabar siendo el eje central del canal de venta, y luego habrá puntos físicos en los que suceden cosas, en los que haya terceros que tienen otras marcas junto a la de Lladró... pero, aunque se vaya a mirar el producto a la tienda, cada vez más se compra online», reconoce Ana Rodríguez.

Del mismo modo, las grandes piezas son las que dan «la aspiracionalidad a Lladró, su virtuosismo, pero queremos mantener diferentes categorías de precio con otras propuestas más asequibles como las fragancias, las pequeñas lamparitas...».

Sobre los antiguos propietarios, reconoce que no hay ya relación directa con ellos, pero apunta que los lazos que unían a la familia con el territorio siguen uniendo a la empresa. «Hemos heredado ese prestigio y ese cariño, y se nota».

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