Guillermo Martínez, de becario a director

El ingeniero valenciano, responsable de la planta Schneider Electric en Meliana, liderará un equipo de 400 personas en su regreso tras varios años al frente de otro centro del grupo en Francia

Guillermo Martínez, de becario a director
Juan J. Monzó
I. HERRERO

Los trabajadores de la planta de Schneider Electric en Meliana conocen bien a su nuevo director, el valenciano Guillermo Martínez, que se define como un apasionado de los viajes y de la dirección de equipos. La mayoría de la plantilla fue testigo de sus inicios en la compañía, a la que llegó hace más de 15 años para realizar unas prácticas de empresa y en la que ha desarrollado toda su trayectoria profesional. Martínez compatibilizó sus estudios de Ingeniería Técnica Industrial en la Universidad Politécnica de Valencia con otros empleos como el de repartidor de cupones de restauración o 'collidor' de naranjas, dada la vinculación con el mundo agrícola que mantiene desde su infancia en Cheste, una etapa que recuerda con orgullo y que le enseñó a levantarse con energía todas las mañanas.

Realizó su proyecto final de carrera precisamente en la planta de Meliana, una de mayores fábricas de interruptores diferenciales y magnetotérmicos del mundo y que muchos vecinos aún conocen como la fábrica de Gardy, por su anterior propietario. «Llegué en el momento adecuado y al parecer les gusté», recuerda sobre esos comienzos, para a continuación destacar que luego tuvo «la suerte de dirigir equipos».

Desde 2002, ejerció diferentes responsabilidades en la instalación, inicialmente como técnico de procesos en calidad. A los 31 años dirigía ya el área de producción de la factoría, cargo que desempeñó hasta 2013, cuando se trasladó a la fábrica de Bourguebus (Francia) como director de Calidad, Seguridad y Medio Ambiente, dentro de la política de Schneider de que sus directivos tengan una visión más global y amplíen sus conocimientos en distintas factorías.

A los pocos meses fue nombrado director de la instalación francesa, de menor tamaño y donde asegura haber «ganado en experiencia profesional y personal», hasta que casi cuatro años más tarde le propusieron regresar a España como director de la factoría valenciana. «Pensaba que no iba a volver, es una oportunidad que no podía ni imaginarme, aunque desde pequeño había soñado con ser director de la planta de Meliana», confiesa.

En su nueva etapa al frente de la factoría valenciana de Schneider Electric, ubicada en el emblemático palacete de Cerámicas Nolla, dirigirá un equipo de más de 400 personas y se ocupará también de liderar el centro de desarrollo e innovación que la multinacional posee en esas instalaciones, focalizado en la seguridad y fiabilidad de este tipo de dispositivos.

Entre sus retos fundamentales, Guillermo Martínez cita la remodelación de procesos para adaptarse a las nuevas tecnologías y a la imparable digitalización de la industria, en paralelo a un activo programa de Responsabilidad Social Corporativa y de compromiso con la integración laboral de personas en riesgo de exclusión, reconocido recientemente por Federación Empresarial Metalúrgica Valenciana (Femeval), y que llevó a la plantilla a grabar un disco solidario.

«Mi compromiso con la planta va más allá de lo profesional, es también personal, y el mayor reto es que la situación laboral y emocional de la totalidad de los trabajadores esté en las mejores condiciones posibles, esa es mi motivación», recalca, en alusión a un ámbito en el que implementaron innovadores programas centrados en el bienestar y salud de sus trabajadores, como la incorporación de un fisioterapeuta en planta o la celebración de la semana de la salud.

Martínez aspira asimismo a «seguir siendo pioneros» en su sector y a que la planta se consolide como un referente dentro de Schneider Electric y también para la Comunitat Valenciana, sin descuidar las exigencias de la nueva revolución industrial, la llamada industria 4.0.

En los últimos años, la multinacional ha invertido más de 30 millones de euros en su factoría valenciana, fundamentalmente en nuevas líneas de producción de diferenciales y magnetotérmicos conectados, I+D y en la mejora de sus instalaciones, rodeadas de huerta y que forman parte del patrimonio histórico de Meliana. En ellas, los elementos protegidos conviven con una maquinaria que cada año fabrica cerca de nueve millones de productos, cuatro de los interruptores diferenciales Acti9 que se exportan a todo el mundo.

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