Ros Casares, en proceso de liquidación de inmuebles al año de vender sus fábricas

Instalaciones de Ros Casares en El Puig (Valencia), propiedad de la alemana Thyssenkrupp desde hace un año.
Instalaciones de Ros Casares en El Puig (Valencia), propiedad de la alemana Thyssenkrupp desde hace un año. / jesús montañana

El concurso sigue vivo tras haber salvado la actividad de las unidades de negocio al repartirlas entre Thyssen y Gedesco

Inés Herrero
INÉS HERREROValencia

El histórico grupo siderúrgico valenciano Ros Casares afronta ya las últimas fases del concurso de acreedores en el que se encuentra inmerso desde 2014. Se vio arrastrado por sus cuantiosas deudas tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la caída del consumo de acero, agravado además por su enfrentamiento con los socios alemanes con quienes se repartía su factoría de El Puig (Valencia), considerada el principal activo de la firma.

Al año de que Thyssenkrupp ganase definitivamente esa guerra y se adjudicase la unidad productiva hoy rebautizada como Thyssenkrupp Galmed, dentro del reparto con Gedesco autorizado por el titular del juzgado de lo mercantil 1 de Valencia, Salvador Vilata, la administración concursal trata de dar la mejor salida posible a un sinfín de inmuebles repartidos por toda España.

Según confirman a LAS PROVINCIAS fuentes conocedoras del proceso, los activos que han empezado ya a liquidarse, a través de las distintas fórmulas que se acuerden en cada caso, incluyen solares y naves industriales para usos muy determinados repartidos por toda la geografía española, incluida Canarias.

Cabe recordar, eso sí, que los más valiosos cambiaron de manos el pasado verano y que esa venta de las principales unidades de negocio, que se completó a finales de julio, ha permitido mantener la actividad de las emblemáticas instalaciones del grupo en El Puig y en Sagunto.

En concreto, el grupo alemán Thyssenkrupp se adjudicó por 6,9 millones la planta de El Puig, antes controlada a partes iguales con la familia Ros, mientras que la valenciana Gedesco Finance invirtió 4,5 millones hacerse con el centro de trabajo de Sagunto y otros bienes.

Los administraciones estudian las fórmulas más adecuadas para liquidar los bienes restantes

El reparto autorizado entonces por el juez iba en la línea del acuerdo alcanzado entre la familia Ros y la administración concursal, promovido desde el despacho de Varona Abogados con intención de mantener la actividad y los puestos de trabajo y evitar así la liquidación.

Un año después, el tiempo parece haberles dado la razón en relación al éxito de la solución propuesta para salvar la actividad productiva, los puestos de trabajo y atraer inversiones a ambas instalaciones, reactivadas por sus respectivos dueños y con planes de crecimiento.

La reapertura de la galvanizadora de Sagunto se consideraba clave para la solución del concurso de acreedores de Ros Casares, aunque finalmente Thyssenkrupp no se hizo con ambos centros de trabajo, sino con el de El Puig, como recogía la última oferta de los administradores.

A este acuerdo también contribuyó la retirada de las demandas cruzadas entre Thyssen y Ros Casares, a raíz del cierre de Galmed, ya que los valencianos entendieron que la compañía germana estaba asfixiándoles para ajustar sus niveles de producción en el sur de Europa sin importarle las consecuencias.

Así, el grupo alemán se hizo con la que estaba considerada como la joya de la corona de la emblemática firma, donde prevé invertir 25 millones, mientras que la vecina instalación de Sagunto fue a parar a Gedesco, junto con otros centros productivos en Vitoria yen Toledo.

El reparto de esos activos estrella convirtió el concurso de Ros Casares en un ejemplo de cómo se pueden salvar los empleos y la actividad, más allá de la antigua suspensión de pagos. A partir de ahí, el antiguo imperio siderúrgico valenciano se extinguirá definitivamente cuando se acuerde la forma más rentable de deshacerse de los activos restantes de todas sus sociedades, con ofertas en sobre cerrado o, incluso, por venta directa de chatarra.

El juez avala ahora la solución planteada por la familia Ros

Cerca de tres años después de que la familia Ros nombrase un «consejo de administración profesionalizado» para intentar desbloquear la situación de Thyssen Ros Casares, considerada la joya de la corona del grupo siderúrgico, la justicia avala su actuación.

De poco sirve ahora esa medida, con la que en día intentaron romper el bloqueo de su socio alemán, Thyssenkrupp, hoy dueño de la instalación en solitario. En su día el registrador mercantil denegó la inscripción de los acuerdos adoptados en 2014 por apreciar defectos insubsanables.

Los Ros demandaron y los tribunales acabaron dando por buena esa junta, que debería haberse inscrito y podría haber cambiado sustancialmente el desenlace.

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