Cuatro años para recuperar los campos abandonados

Campo de naranjos abandonado desde hace años y repleto de maleza; un foco de plagas con  peligro de incendio. / v. lladró
Campo de naranjos abandonado desde hace años y repleto de maleza; un foco de plagas con peligro de incendio. / v. lladró

Tras ser aprobado por el Consell, el proyecto inicia su trámite parlamentario en Les Corts, donde se pretende buscar el máximo consenso La Ley de Estructuras Agrarias dará varias opciones a dueños de parcelas incultas

VICENTE LLADRÓ VALENCIA.

El proyecto de Ley de Estructuras Agrarias, aprobado por el pleno del Consell, entra ahora en el debate parlamentario de Les Corts, donde la Conseleria de Agricultura aspira a conseguir el máximo consenso posible. A ser posible «que se apruebe por unanimidad», ha explicado a LAS PROVINCIAS Francisco Rodríguez Mulero, secretario autonómico de Agricultura, porque «de ese modo se garantizaría que fuera una ley duradera, para mucho tiempo, y por tanto más útil para conseguir los objetivos buscados, en lo que, esencialmente, estaremos todos de acuerdo».

De hecho, en los trámites previos, el texto «ha sido consensuado con todas las organizaciones agrarias, de cooperativas, de regantes y otras del sector agrario de la Comunitat Valenciana», según afirma Mulero.

Los grandes objetivos de esta normativa son bien conocidos. Por supuesto, intentar conseguir un sector productivo agrario que recupere el terreno perdido, que gane potencia y que pueda aprovechar las oportunidades que hoy quedan en vías muertas. Fomentar la entrada de gente joven, impulsar el relevo gereracional, ganar competitividad, favorecer un dimensionamiento adecuado de las explotaciones agrarias, ganar en profesionalidad en todos los frentes, poner de nuevo en cultivo tantas superficies agrícolas que han quedado abandonadas en los últimos años...

En muchos aspectos unas cosas llevan a otras y éstas dependen de aquellas. Los jóvenes se van porque no hay rentabilidad en el campo y no resulta atractivo aventurarse en lo que casi seguro saldrá mal. En consecuencia, la gente que se hace mayor acaba abandonando los campos. Si hay alguien que quiere comprar, o arrendar, resulta muy complicado y costoso conseguirlo. Apenas se vende. Luego falla la financiación; si no empiezas por tener, no es fácil que te presten, y si no sabes lo que vas a ganar, ni si vas a ganar, mejor dejarlo estar. Y si no se encuentran terrenos en venta y que sean apropiados en todos los términos: precio, fertilidad, agua, clima, distancias... Los propietarios prefieren la mayoría de las veces mantener el pleno dominio. Si no es que hace falta el dinero para algo inmediato, no se vende. Y si no hay alguien que venda, no se puede comprar. Y lo mismo para los arriendos. La fiscalidad tampoco ayuda.

Impuestos pendientes

Una de las metas esenciales de esta ley es la de propiciar la movilidad del mercado de la tierra, para que quienes buscan superficie para cultivarla y tener una base territorial suficiente, la encuentren. Habiendo como hay tantísimos campos abandonados parece a priori cosa sencilla. Pero no lo es. Están los precios, los impuestos y también los factores sentimentales, el apego a la propiedad porque sí, o 'por si el día de mañana...', una frase muy repetida en ámbitos agrarios.

La ley prevé la exención total de los impuestos de transmisiones patrimoniales, donaciones y sucesiones, lo que implica importantes ventajas para quienes adquieran fincas agrícolas en compra, donación o herencia. Pero eso no bastará para resolver la cuestión. No se movilizará la tierra desde el otro lado si no se exime también de los impuestos que gravan las teóricas ganancias o y los supuestos incrementos patrimoniales a quien venda o done.

Sin embargo, mientras que la primera gama de impuestos depende de la Generalitat, la segunda es competencia compartida con el Estado. La ley no puede entrar en eso, pero Rodríguez Mulero ha indicado que se están realizando gestiones para intentar resolverlo a comntinuación, ya que es básico.

¿Y qué ocurre si el propietario de un campo sin cultivar desde hace tiempo, y con pretendientes claros para alquilarlo o comprarlo, se niega reiteradamente a trabajarlo y a que nadie lo trabaje?

La ley, que prevé figuras y apoyos económicos para el cultivo en común, 'Xarxa de Terres' y agentes dinamizadores de superficies poco explotadas, también contempla que, llegado el caso, se pueda decidir la expropiación de uso de parcelas que permanezcan sin cultivar y sin signos de cambio por parte de sus dueños. Pero tal posibilidad ha levantado suspicacias y temores, por si se atentaba contra el derecho de propiedad o se llegara a desembocar en abusos.

Para tranquilidad general, las exigencias en tales casos se han alargado y suavizado, a fin de ofrecer todas las garantías, y según afirma Rodríguez Mulero no se llegaría a tales extremos más que pasados cuatro años, cuando se hubieran cumplido de sobra todos los requisitos, agotadas todas las advertencias, y el propietario o la propietaria de un campo en franco abandono persistiera en negarse a cualquier otra opción, entre las que estaría siempre la alterantiva de ceder la gestión temporal a la 'Xarxa de terres', para buscar cultivadores mediante la tutela oficial que aseguraría la percepción de unas rentas de alquiler.

Otro aspecto que levantó ciertas dudas en los primeros pasos del borrador de esta ley fue el del papel de los agentes dinamizadores. ¿Quiénes serían, qué podrían hacer, qué poderes tendrían, se llegarían a parecer -salvando las distancias- a aquellos agentes urbanizadores?

Mulero ha explicado que nunca serán personas individuales, sino ayuntamientos, cooperativas, organizaciones agrarias, comunidades de regantes u otras, que, llegado el caso, propondrían proyectos concretos para revitalizar ciertas áreas, y que en todo caso tendrá que aprobarlo la Generalitat, con el criterio de evitar siempre cualquier atisbo de especulación.

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