Caixabank perdió 737 millones en depósitos por el desafío catalán y el Sabadell ganó 1.200

El presidente de 
Caixabank, Jordi 
Gual. / i. MARSILLA
El presidente de Caixabank, Jordi Gual. / i. MARSILLA

El traslado de sus respectivas sedes a Valencia y Alicante con una diferencia de 24 horas fue crucial en la fuga de fondos

Á. MOHORTE / JOSÉ M. CAMARERO VALENCIA/MADRID.

Las dos grandes entidades fundadas en Cataluña sintieron de forma muy distinta los efectos del desafío soberanista que se desencadenó con el referéndum ilegal del 1 de octubre. Aunque tanto el Sabadell como Caixabank terminaron por trasladar su sede a Alicante y Valencia respectivamente, lo cierto es que desde esa fecha y hasta fin de año la fuga y recuperación de depósitos que sufrieron deja un saldo desigual.

Las dos aseguran que el impacto inicial fue relevante y, junto que estaban sufriendo sus valores en la Bolsa, les sobraron los motivos para emprender la mudanza. La cuestión es que, mientras que el Sabadell fue la primera en dar el paso el jueves 5 de octubre de decidir su traslado, al disponer en sus estatutos, «como un as en la manga» (según el presidente del Sabadell), que el consejo de administración ejerciera esta potestad sin convocar a la junta general de accionistas; Caixabank tuvo que esperar hasta la tarde del viernes 6, una vez que el Consejo de Ministros levantó esa barrera. Este lapso de tiempo fue clave, según fuentes conocedoras del proceso.

Una vez cerrado el año y hecho el recuento, el Sabadell consiguió revertir esa situación y terminó el trimestre con un aumento de depósitos de 1.200 millones, según ha reconocido el presidente de la entidad, Josep Oliu. Por contra, Caixabank descontó 737 millones, aunque la media anual se cerró en positivo, con un superávit de 10.700 millones, ganados previamente ese año. La entidad atribuye el dato a los primeros días del desafío soberanista, aunque después se estabilizara y empezara a revertirse el fenómeno en fechas posteriores.

En la presentación de resultados anuales en Valencia, el presidente de Caixabank, Jordi Gual, mostró su satisfacción por la marcha de la entidad en «un año con momentos difíciles, pero en los que se han obtenido unos magníficos resultados», razón por lo que ha agradecido el comportamiento del personal en «esos días complicados».

Gual destacó que la decisión del cambio de sede tuvo un efecto inmediato en la reversión de la pérdida de depósitos. «Fue una decisión acertada pero difícil», destacó, y aunque reconoció que «podría haber clientes a los que la decisión les disgustó desde un punto de vista emocional», el paso obedecía a la necesidad de defender los intereses de los accionistas.

De hecho, el presidente de la corporación aclaró que ese proceso de recuperación de ahorros comenzó el día siguiente a la decisión de trasladar la sede social desde Barcelona a Valencia, donde también se encuentra fijada ya su sede fiscal. «Si eso ocurrió un viernes, la reversión del proceso si inició el lunes siguiente», explicó.

Por su parte, desde Madrid, donde el Sabadell también presentaba ayer sus cuentas anuales, el presidente de esa entidad, Josep Oliu, reconoció que, tras un momento inicial de «nerviosismo» en octubre, el último trimestre del año se cerró con un balance positivo en torno a 1.200 millones.

En cualquier caso, Oliu remarcó que no hubo «boicot», sino más bien una reacción de nerviosismo de la clientela ante el riesgo de que la entidad quedara fuera del paraguas del Banco Central Europeo. A la pregunta de si se sentía exiliado por haber tenido que trasladar la sede social del banco fuera de Cataluña respondió: «Yo no me siento exiliado. Me sentiría así si estuviera fuera de España. El banco es una realidad que está en diferentes partes».

De cara al futuro, Gual evitó pronunciar cualquier tipo de estimación sobre la evolución de los acontecimientos y manifestó su esperanza en que los responsables lleguen a una solución. Por su parte, Oliu apuntó que, aunque la incertidumbre política de Cataluña está «latente», para él tiene más valor la certidumbre institucional, por lo que si el próximo gobierno catalán está en el marco de las instituciones, no tendrá impacto sobre la economía española. En todo caso, ambos confirmaron que la mudanza se había planteado de forma estable y no se planteaban la vuelta.

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