Arden los campos abandonados

El incendio del herbazal que llenaba el campo sin cultivar llevó las llamas hasta los naranjos cuidados del fondo.
El incendio del herbazal que llenaba el campo sin cultivar llevó las llamas hasta los naranjos cuidados del fondo. / la unió de llauradors

La proliferación de incendios en parcelas y solares sin cultivar causa cada vez más daños en las fincas vecinas

VICENTE LLADRÓ VALENCIA.

La Unió de Llauradors ha denunciado públicamente la «gran proliferación de incendios en campos y solares abandonados de las poblaciones y ciudades de la Comunitat Valenciana», lo que está provocando cada vez más daños en fincas bien cultivadas, pero que tienen la mala suerte de ser vecinas de parcelas descuidadas.

El problema está yendo a más, en la medida en que se ha multiplicado también el número de explotaciones agrícolas donde se abandonó hace tiempo su cultivo. También proliferan por todas partes solares en los que no se construye nada, pero crece la vegetación espontánea, y campos que dejaron de serlo porque se incluyeron en algún PAI, pero posteriormente el pinchazo de la burbuja inmobiliaria los dejó en una especie de limbo: ni son campos ni dejan de serlo, quizás tampoco son solares, estrictamente, pero en cualquier caso se trata de terrenos en los que las lluvias ocasionales hacen crecer un aparente vergel momentáneo, que llegado el verano se seca y, con esa gran cantidad de combustible, mantiene un grave peligro para todas las propiedades de alrededor, agrícolas y también residenciales.

Porque el riesgo no se queda en el plano agrícola, sino que llega al urbano. Es más, alrededor de los cascos urbanos de poblaciones y urbanizaciones es precisamente donde suelen proliferar más estas situaciones, porque es ahí donde se compraron campos para convertirlos en solares, o quedaron otros ante la expectativa de gozar 'las mieles' de la inminente construcción, y luego todo quedó paralizado,

En otoño e invierno, el paisaje puede ser hasta atractivo: las lluvias convierten estas parcelas en aparentes praderas; el verde que predomina hace suponer que tal paisaje va a durar. Es más, al llegar la primavera, aquellos naranjos semimuertos que quedan en pie, parecen renacer y florecen; el aroma de azahar ayuda a ver la situación con amabilidad. Pero a continuación llegan los rigores cálidos y secos del verano, todo se agosta y se convierte en un polvorín.

Si se quema (de forma fortuita o por una gamberrada) una parcela repleta de herbazal que se convierte en un montón de paja, es fácil que las llamas alcancen hasta los campos vecinos cultivados. Es muy típica la imagen de unos naranjos quemados en las orillas, o a veces en varias hileras, porque les alcanzó el fuego del campo colindante.

La Unió de Llauradors propone que se establezcan penalizaciones «a los propietarios que no mantengan sus parcelas en unas condiciones mínimas», y que, al mismo tiempo, se den «incentivos fiscales para aquellos que los cuiden y tengan cultivos en producción».

Es obligatorio por ley que los dueños mantengan los terrenos sin peligro para otros, pero a la hora de la verdad es complicado hacer cumplir tal cosa. Cada año son más los ayuntamientos que insisten en informar de tales obligaciones, advirtiendo de las consecuencias y de posibles sanciones; en algunos casos toman la iniciativa de 'limpiar' parcelas y solares si no lo hacen a tiempo sus dueños, y luego les cobran los costes, pero todo muchas veces no queda clara la última propiedad, hubo embargos, inmobiliarias y entidades financieras que ya no existen...

El secretario general de La Unió, Ramón Mampel, ha advertido que «eso de que los incendios se producen únicamente en zonas forestales ya no es cierto y sobre todo en esta época estival con temperaturas elevadas y episodios de poniente». Los incendios en campos y solares perdidos proliferan con el calor «como consecuencia de la crisis urbanística y la falta de rentabilidad en las explotaciones agrícolas. La maleza y la gran cantidad de vegetación existente son el combustible perfecto para los incendios».

Mampel recuerda que «no hay día en que los medios de comunicación no informen de un incendio en alguna localidad originado en un campo o solar abandonado repleto de maleza y escombros». Son incendios que provocan en muchos casos, «aparte del deterioro en el paisaje y la inversión pública necesaria para su extinción, un quebranto económico importante para las fincas colindantes que tienen cultivos en producción y que se ven afectados por los efectos del fuego».

Esta situación «cuesta dinero a los agricultores que hacen bien las cosas y que se han visto en medio de los intereses y la especulación urbanística y del deterioro de unos terrenos que no son suyos», por lo que La Unió insta a los ayuntamientos a penalizar a unos y a incentivar a otros. La manera más fácil y rápida de concretar dicho incentivo sería la bonificación en el Impuesto de Bienes Inmuebles rústicos para los campos cuidados y en producción. «Un campo en buenas condiciones -remarca La Unió- debería tener alguna recompensa, porque mantiene el paisaje y una actividad económica en el pueblo, a la vez que es fuente de salubridad porque evita incendios y la propagación de plagas, incluidas las de roedores».

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