Andreu World: Cuando el diseño se unió al amor por la madera

Trabajadores de Andreu World, con piezas de algunos de sus productos. /LP
Trabajadores de Andreu World, con piezas de algunos de sus productos. / LP

La empresa fundada por Francisco Andreu en 1955 factura más de treinta millones de euros en cerca de un centenar de países | Logra dos premios internacionales Red Dot en una competición entre más de 6.300 creaciones de 59 países

Inés Herrero
INÉS HERRERO

La historia de Andreu World arranca en un pequeño taller de ebanistería en Alaquàs en el que, en 1955, un jovencísimo Francisco Andreu decidió fundar un negocio a partir del amor por la madera y su pasión por el diseño. Con 17 años y una gran visión empresarial, se valió de la experiencia de su familia en el trabajo de la madera para crear una empresa dedicada a la fabricación de piezas de este material, curvados, montaje y barnizado de sillas que vendería en tiendas de muebles.

Ese sería el inicio de una larga relación entre el artesano y la madera, el germen de una empresa familiar que hoy da empleo a 240 personas, factura más de treinta millones de euros -según el último dato disponible, relativo a 2015- y vende el 80% de sus productos en mercados internacionales, en Europa, Medio Oriente, América, Oceanía y Asia.

La firma, según sus responsables, ha sabido transmitir el cariño y el cuidado por la ebanistería, combinado con la innovación y las nuevas tecnologías, a través de diferentes generaciones de artesanos que integran la compañía, rebautizada de Curvados Andreu a Grupo Andreu World para dar el salto al exterior.

La compañía combina el trabajo artesanal con la fabricación sostenible y las nuevas tecnologías

Sus colecciones están presentes en más de 92 países, a través de diferentes delegaciones comerciales y más de un centenar de showrooms. Todo producto que luce el sello de Andreu World es fruto de un minucioso proceso de fabricación, con madera procedente de bosques reforestados 100% sostenibles, que completa la cadena de custodia desde el árbol hasta el producto final.

La filosofía de la empresa aúna trabajo artesanal, sostenibilidad y nuevas tecnologías. Su apuesta por la unión de maestría e innovación, señalan, es la que permite a diseñadores internacionales soñar para crear productos como Nub, una pieza icónica de Patricia Urquiola, que comparte con Jasper Morrison y su Unos Chair o Lievore Altherr Molina y Smile la libertad de trabajar con la experiencia que mima el detalle.

Cada pieza relata una historia diferente pero con algo en común, ese cuidado por la madera, marca de la casa, como punto de partida a través de sutiles formas y acabados, capaces de adaptarse a entornos tan dispares como oficinas, universidades u hogares de todo el mundo.

Fieles a sus raíces, y a ese amor por el detalle heredado de su fundador, los responsables de la empresa valoran que sus creaciones logran perdurar en el tiempo, hasta convertirse en atemporales. Hoy la firma mira al futuro en busca de nuevos retos y nuevos diseños, pero conservando siempre sus valores.

En el origen de Andreu World está la madera, a la que se refiere no sólo como materia única, cálida y noble, sino como una actitud de trabajo e, incluso, una relación con el mundo. Y también las sillas, presentes en los comienzos del negocio y a lo largo de su evolución, en la que se ha esforzado por mantener la calidad que aporta el trabajo en todos sus diseños, al margen de los materiales y de la tecnología empleada.

Materiales innovadores

La empresa destaca su empeño por crear diseños sostenibles e innovadores, que proporcionan soluciones de mobiliario de diseño atemporal para espacios de trabajo, corporativos y públicos, también al aire libre, con materiales innovadores que garantizan una larga durabilidad.

Andreu World reivindica asimismo su compromiso con la cultura del diseño, entendido como una manera de relacionar sus principios y valores con la mirada de distintos creadores. Esa filosofía le ha reportado numerosos premios, como varios Red Dot Awards, entre ellos los dos logrados recientemente entre más de 6.300 creaciones de 59 países, Best of NeoCon Awards o el Premio Nacional de Diseño 2007.

Fue en los años 70 del siglo pasado cuando el diseño hizo su entrada para actualizar la identidad corporativa. A finales de los 80 reunía un catálogo de talla internacional, con Lluscá, Quod, Pensi, Pete Sans, Josep Mora, Nancy Robbins, Bernal e Isern, Pedro Miralles o Alberto Lievore. Y actualmente, además de contar con reputados diseñadores como Patricia Urquiola, Jasper Morrison, Lievore Altherr Molina, William Sawaya o Piergiorgio Cazzaniga, convoca un concurso internacional dirigido a jóvenes diseñadores, que cumple 18 años con más de 14.000 candidatos de todo el mundo.

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