Las Provincias

«Las empresas españolas temen perder el control al salir a Bolsa, cuando no es así»

Isabel Giménez, directora de la Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros, en la sede de la Bolsa de Valencia. :: damián torres
Isabel Giménez, directora de la Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros, en la sede de la Bolsa de Valencia. :: damián torres
  • Isabel Giménez, directora de la Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros, señala que los países con tradición de cotizar como Reino Unido salen antes de las crisis

Prejuicios y con miedo a perder el control. Esa es la explicación de que las empresas españolas, y por extensión las valencianas, sean tan reticentes a cotizar en Bolsa, según cuenta la directora de la Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros, Isabel Giménez.

¿Cuáles son los objetivos actuales de la FEBF?

Elevar la cultura financiera de la sociedad. Por ejemplo, tenemos un apartado que trata de evitar la exclusión financiera. Para ello, hemos ido a barrios con familias sin recursos para explicarles cómo gestionar presupuestos. Hemos lanzado también diccionarios financiero; muchas personas no saben lo que es el TAE o no conocen la letra pequeña de sus contratos, pero porque tampoco se han molestado en leerlos. No todo es culpa de las entidades financieras. Otro objetivo, a largo plazo, es potenciar la plaza financiera valenciana como euroregión financiera. Toda plaza cuenta con un mercado financiero -en este caso, la bolsa de valencia-, con intermediarios financieros -que han cambiado con la crisis de las cajas de ahorros y la irrupción de las fintech- y grandes empresas. La Comunitat tiene todo esto y se trata de potenciarlo y darle visibilidad a escala internacional.

¿Cómo explican a una persona que no tiene conocimientos financieros qué es la Bolsa de Valencia?

Es una alternativa de financiación para las empresas y los inversores pueden invertir a través de ellas. Los mercados financieros ofrecen numerosas ventajas: la primera es la liquidez. La bolsa es el mercado más perfecto al ser el más líquido: todos los días se dispone de cotización, ofreciendo oportunidades de compra y venta. La segunda ventaja es la posibilidad que los accionistas salgan del capital de la empresa si así lo desean; las compañías deben ser una etapa pero nunca una cárcel. Es lo que sucede cuando hay diferencias entre los accionistas, como en el caso de Lladró, que al no estar cotizada, era una trampa. Otras ventajas son la capacidad de tener una valoración objetiva de su negocio -hay empresas que resisten a las auditorías-, poder compararse a nivel internacional y la independencia de los bancos.

- ¿Por qué las empresas valencianas se resisten a cotizar?

Existen usos extendidos en toda España. Las empresas españolas temen perder el control una vez coticen cuando no tiene por qué ser así. Debería haber también mas apertura en los consejos de administración para fomentar el debate y la crítica. Por otro lado, hay una visión muy mediterránea de que el empresario debe estar toda la vida en la misma compañía. En EE UU no es así; los empresarios cambian de proyectos.

¿La volatilidad no es una desventaja de estar en bolsa?

Hay que ser conscientes de que eso pasa y hay que asumir que el empresario tendrá que desayunar con las hojas de color salmón para estar atento a las variaciones en las cotizaciones. Pero si la empresa va bien, la cotización irá bien.

¿Las malas prácticas han demonizado al Ibex-35?

Nos centramos en las malas prácticas y no en las buenas. Es cierto que los mercados tienen que mejorar su funcionamiento, pero también lo es que un mayor desarrollo de ellos genera empleo. No hay más que ver que los países anglosajones como Reino Unido y EE UU han salido antes de la crisis.

¿El perfil del inversor se ha profesionalizado con la crisis?

La cultura financiera española ha avanzado, pero seguimos detectando carencias. El inversor debe evitar los prejuicios y sentirse dueño y señor de sus decisiones financieras. Además, hay que pasar de las conversaciones sobre Trump o Merkel hacia otras más maduras en las que se planifiquen las inversiones. Hay que dedicar tiempo a ver los ingresos, los gastos y ponerse el objetivo de ahorrar. Y más ahora, con la necesidad de un plan de pensiones privado. Esta capacidad de ahorro la tiene todo el mundo, excepto el colectivo en exclusión financiera. En ese sentido, hay que hacer frente a la lógica consumista que han impuesto multinacionales que viene de países como EE UU, con el Black Friday.