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Cambio radical. Arriba, Vicente Franco, en 2014, entre naranjos arrancados porque no había agua para regarlos. A la derecha, finca bien cultivada actualmente porque se dispone de riego.
Cambio radical. Arriba, Vicente Franco, en 2014, entre naranjos arrancados porque no había agua para regarlos. A la derecha, finca bien cultivada actualmente porque se dispone de riego. / V. LLADRÓ

Milagro en Godelleta

  • Los agricultores pagan el riego más caro que nadie pero han salvado los cultivos

  • De la amenaza de volver al secano han pasado a tener agua con cierta seguridad y ahora planean abaratar los costes de bombeo con energía renovable

La situación ha cambiado radicalmente en dos años para los agricultores de Godelleta. En 2014 se quedó casi todo el término municipal sin agua suficiente porque bajaron los niveles de los pozos hasta secarse en algunos casos.

Poco a poco se fue complicando de manera tal que muchas fincas de cítricos, kakis y otros frutales se veían mustias por falta de riego y en algunos casos optaron por arrancar los cítricos, ante las malas perspectivas que se cernían, y aguardar tiempos mejores, o plantearse incluso la vuelta a la viña y otros cultivos en puro y duro secano.

Las cosas se pusieron tan graves que en la cooperativa hortofrutícola, que aglutina gran parte de la producción del pueblo, se quedaron muy cortos de producción de frutas de verano, kakis y cítricos, y encima con abundancia de calibres pequeños, no comerciales, por falta de aporte de agua en los campos.

Sin embargo, la estampa actual es bien distinta, casi milagrosa. Ningún agricultor sufre hoy por falta de suministro y hasta se ha podido socorrer a núcleos agrícolas y de chalets que en un principio no estaban adscritos a la comunidad de regantes pero que al final han acabado padeciendo la misma problemática.

Tan esencial cambio ha sido posible mediante fuertes inversiones (más de 6 millones de euros) para captar nuevos pozos de agua en la Sierra Perenchiza y trazar kilométricas conducciones de tuberías hasta enlazar con las redes ya existentes. Se sustituyó así la parte principal del suministro, que llegaba desde el noroeste de Chiva, por las nuevas fuentes, más hacia el este.

Vicente Franco, responsable de la Comunidad de Regantes de Godelleta y alma máter de las principales actuaciones realizadas, se muestra hoy «muy satisfecho y más tranquilo que hace dos años», porque «hemos salvado las 1.816 hectáreas; todo está hoy bien regado, verde y en producción». Sin embargo, no está todo terminado, «ahora viene la segunda parte, y después la tercera, o si pudiera ser, todo a la vez, porque tenemos que abaratar los costes y ganar plena seguridad de suministro».

Los agricultores de Godelleta son hoy, seguramente, los que pagan más cara el agua de riego: 30 céntimos de euro más IVA por cada metro cúbico. Eso es, como mínimo, el doble de lo habitual en redes de riego a goteo del entorno geográfico y hasta diez veces lo que pagan los usuarios del goteo en la Acequia Real del Júcar. Son dos las razones principales de que el agua les resulte tan cara: las bombas de elevación, que superan desniveles de más de quinientos metros, funcionan con la electricidad que producen generadores con motores a gasóleo, y además están pagando los créditos.

Para resolver la cuestión energética tienen en proyecto la instalación de siete parques de paneles fotovoltaicos que sumarán una potencia de 4,4 megavatios, suficiente para mover todas las bombas. Ocuparán en conjunto una superficie de 80 hanegadas (casi hectáreas) y supondrán una inversión cercana a los seis millones de euros, para la que han solicitado al Consell una subvención que al parecer lleva buen camino de ser concedida y alcanzaría al 50%.

La idea es que con esta sustitución del suministro energético, el precio del agua pueda bajar en un principio a 20 céntimos y después a 15. Pero a continuación tienen proyectada la construcción de una gran balsa para albergar 350.000 metros cúbicos, que aseguraría el riego de un mes. Y al mismo tiempo trabajan para conseguir «fuentes de agua más seguras» y que probablemente «asegurarán también el futuro para los agricultores de Turís, Chiva, Cheste, Macastre y Alborache. Se trata de aprovechar nuevas captaciones subterráneas en ricos acuíferos situados en la Sierra del Ave que son bien conocidos por los técnicos.