Las Provincias

Cómo se llegó al colapso de la entidad

  • El 28 de julio de 2011 se presentaban unas cuentas semestrales con un beneficio de 16,7 millones

La crisis financiera parecía ajena al Banco de Valencia... al menos sobre el papel. El 28 de julio de 2011 se presentaban unas cuentas semestrales con un beneficio de 16,7 millones y la promesa de mejora en todos los ámbitos. Sin embargo, desde el Banco de España se empezó a advertir ya en 2009 que las cuentas no salían. La entidad estaba ignorando peligrosamente el deterioro del crédito, especialmente promotor y constructor. La entidad aplicó alguna medida, pero el supervisor comunicó que no era suficiente. Al llegar a 2011, se cuestionan las cuentas de los dos últimos años y se advierte que la tasa de morosidad es muy superior a la declarada.

El consejo del banco valenciano promete el 28 de enero que ampliará capital y hará provisiones adicionales de 200 millones. Sin embargo, no lo hace ni advierte a los accionistas de la situación. El 8 de julio, el consejero delegado Domingo Parra recibe una carta en la que se le advierte desde el regulador que los incumplimientos ponen en grave peligro a la entidad. Pasado el verano, el Banco de España aprieta el acelerador y en octubre dimiten Parra y Olivas. El 31 de octubre y el 10 de noviembre llegan dos requerimientos que terminan en la intervención. A 31 de diciembre se cierra el año con unas pérdidas de 922 millones y la necesidad de inyectarle 5.500 millones.