Las Provincias

Cinco años sin el Banco de Valencia

  • Dos tensas reuniones y un comunicado sirvieron para acabar con una entidad que había logrado superar el siglo de vida

  • El símbolo financiero de la burguesía valenciana se desplomó en unas pocas horas

Al filo de las cuatro de la tarde del lunes 21 de noviembre de 2011, la Comisión Nacional Nacional del Mercado de Valores (CNMV) anunciaba que se suspendía la cotización de las acciones de Banco de Valencia. Con este comunicado saltaba la liebre y en cuestión de minutos el Banco de España publicaba una 'Nota informativa' con la que hacía público cómo, «a petición del consejo de administración», se acordaba «la sustitución de los administradores del banco por el Frob (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria)».

Caía así sobre la centenaria institución financiera la espada de Damocles que veía pendiendo sobre ella desde que unos meses antes los inspectores del organismo regulador advirtieran que las cuentas no cuadraban y la entidad estaba en riesgo de sucumbir ante la acumulación de créditos fallidos y la falta de provisiones para cubrir el agujero que se le estaba abriendo con la agudización de la crisis.

En la sede de la calle de Las Barcas de Valencia, la actividad había empezado temprano. La prensa llegaba con la victoria del Partido Popular como tema principal de portada y la imagen del que iba a ser próximo presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el balcón de la calle Génova. Sin embargo, era en la planta noble del edificio del corazón financiero valenciano donde se estaba viviendo lo que sería la apertura de los informativos de esa noche y de los diarios de la mañana siguiente, sin posibilidad ya de interferir en el proceso electoral.

Era el primer banco en caer después de seis cajas (Caja Castilla-La Mancha, Cajasur, CAM, Catalunya Caixa, Unnim y Nova Caixa Galicia), evidenciando la crisis del sistema que habían tardado en aceptar tanto José Luis Rodríguez Zapatero desde La Moncloa como Miguel Ángel Fernández Ordóñez al frente del Banco de España. Además, la nueva entidad afectada estaba en la órbita de la caja que presidía quien había sido gran referente de la política económica del Partido Popular, Rodrigo Rato.

En Madrid se entendió que ya era el momento. El principal accionista, el Banco Financiero y de Ahorros (BFA-Bankia), solicitaba el rescate del que durante 111 años había sido la referencia bancaria de la burguesía valenciana. El presidente desde hacía dos semanas, Aurelio Izquierdo, que también había sido director general de Bancaja y exresponsable en la dirección de negocio de Bankia, era el encargado de entregar en mano la solicitud de la intervención en la sede de Banco de España.

Sin tiempo que perder, el secretario general del organismo regulador, Francisco Javier Priego Pérez, firmó la resolución que se haría efectiva al publicarse al día siguiente en el Boletín Oficial del Estado (BOE), aunque ya el mismo 21 de noviembre la Comisión Rectora del Frob se puso manos a la obra. Así, la propia 'Nota informativa' con la que se anunciaba la toma de control ya transmitía la decisión de «suscribir capital del banco por un importe de hasta 1.000 millones de euros y otorgarle una línea de crédito de 2.000 millones de euros para asegurar su liquidez».

El objetivo era estabilizar las cuentas del Banco de Valencia y recapitalizarlo, haciendo posible «una posterior enajenación a otra entidad mediante un proceso competitivo». De paso, el organismo regulador establecía el relato oficial de la sucesión de acontecimiento ocurridos de forma más o menos discreta en las últimas semanas.

«La decisión de la Comisión Ejecutiva del Banco de España se produce después de haber evaluado la situación financiera-patrimonial de Banco de Valencia y haber constatado que no ha podido adoptar las medidas adecuadas para asegurar su viabilidad. Por este motivo, el Banco de España remitió recientemente un escrito requiriendo a los administradores de Banco de Valencia una solución urgente y definitiva para su situación. El consejo de esta entidad ha manifestado hoy formalmente al Banco de España la imposibilidad de encontrar de inmediato una solución viable de futuro para la entidad y ha solicitado la sustitución de sus administradores por otros designados por el Frob, de acuerdo con lo previsto en el artículo 7 del RD ley 9/2009».

Aunque el Banco de España indicaba que «los depositantes y acreedores pueden estar absolutamente tranquilos ya que las decisiones adoptadas hoy garantizan que Banco de Valencia podrá seguir operando con normalidad y cumplirá con todas sus obligaciones frente a terceros», lo cierto es que los teléfonos empezaron a sonar sin descanso en la sede de la calle Barcas y la mayor parte de los consejeros optaron por apagar sus móviles y reducir las comunicaciones a los más próximos.

La burguesía valenciana estaba conmocionada y también muchos pequeños ahorradores que tenían sus fondos en la entidad o habían invertido en las acciones que se consideraron durante décadas como un valor seguro y que entre 2000 y 2007 habían multiplicado por cinco su valor hasta los 11,38 euros. Sin embargo, hacía cuatro año que su cotización se hundía y terminaba esa jornada en los 0,74 euros.

Temeroso de los riesgos a los que se enfrentaba en los mercados, el Banco Financiero y de Ahorros (FBA-Bankia) trasladó un 'Hecho relevante' a la CNMV a primera hora de la tarde con la intención de fijar un dique de contención. El documento de la entidad presidida por Rodrigo Rato sólo constaba de nueve líneas y quería trasladar dos puntos: «BFA ostenta una participación financiera del 27,3% en Banco de Valencia a través de su participación del 69,98% en Bancaja Inversiones SA» y «de acuerdo a la información actualmente disponible, esta circunstancia no tendrá un impacto significativo en la solvencia del grupo BFA».

Sin embargo, el terremoto tumbaba casi simultáneamente al comunicado la silla de José Luis Olivas como vicepresidente de BFA y de Bankia. Sus relaciones con Rato se habían enturbiado desde que el también presidente de Bancaja anunciara su dimisión del Banco de Valencia el viernes 28 de octubre, sin habérselo dicho al presidente de Bankia.

Justo antes de comenzar una reunión de urgencia del consejo de administración de BFA-Bankia a las cinco de la tarde en Madrid, Olivas comunicó a los otros miembros del órgano de gobierno que dejaba esas responsabilidades a consecuencia de la intervención del banco que había presidido durante siete años. En un ambiente cargado de tensión y bajo la mirada fría de Rato, Olivas insistió en que dejaba el puesto sin ningún tipo de indemnización y expuso los argumentos que ha blandido ente la justicia: su puesto de presidente de Banco de Valencia no llevaba aparejada funciones ejecutivas y echó todas las culpas de la situación de la entidad al destituido Domingo Parra, consejero delegado del banco durante 17 años.

Acto seguido, Olivas señaló que no tenía sentido que permaneciera en la reunión y dejó la sala. Al abandonar la sede de Bankia, quien sumaba a su pasado haber sido poco más de un año presidente de la Generalitat, mantenía en su poder diversos cargos institucionales de los que fue paulatinamente despojado, pero resistió en la presidencia de Bancaja, hasta el 22 de mayo de 2012, trece días después de la nacionalización de Bankia y a falta de tres años y un mes de ser detenido por Agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) en el transcurso de una operación por delitos de estafa y malversación. Pero eso estaba aún por llegar.