Las Provincias

Recolección de clementinas en un campo de Castellón. :: lp
Recolección de clementinas en un campo de Castellón. :: lp

Falta mano de obra para la recolección de cítricos por la recuperación de otros sectores

  • El retraso de la vendimia y las campañas del caqui, la granada, hortalizas y aceitunas también influyen en que se hayan reducido un tercio los 'collidors' disponibles

Parecía que no volvería a ocurrir, que ya no se registrarían aquellos apuros históricos en el sector citrícola, cuando hace más de dos décadas se sufría una tremenda escasez de 'collidors' que hizo que se animasen políticas en favor de la inmigración, que se abrieran las puertas, porque el problema era también común a otras actividades. Y se abrieron, hasta alzarse voces en sentido contrario, que señalaban que quizá se habían abierto demasiado.

Sin embargo estamos ahora en medio de un nuevo e inesperado bandazo. Vuelve a faltar mano de obra en la recolección de cítricos. Las dificultades se sufren a diario y van a más, conforme se va intensificando la campaña y se necesita más personal. La fruta madura, las cadenas de supermercados de toda Europa van entrando en programas de suministro con tinuado, se reinicia la exportación a EE UU y a China, la actividad de los almacenes se acelera y se demanda más producción que tiene que llegar de los campos a las cadenas de selección y empaquetado. Pero no llegan siempre las cantidades esperadas.

Muchas cuadrillas que trabajaron en esto años anteriores han desaparecido de la circulación, ya no están disponibles. Innumerables inmigrantes han regresaado a sus países de origern, sobre todo en el caso de sudamericanos, rumanos y búlgaros; también de las repúblicas bálticas y de algunos puntos del Magreb. Otros temporeros, tanto españoles como extranjeros, han optado por emplearse en diversas ocupaciones que les dan más continuidad y mejores sueldos.

También coinciden varias campañas agrícolas en marcha que restan disponibilidad a la citricultura, cuando otras veces ha ido todo más escalonado. La vendimia se ha retrasado en casi toda España, la recolección de hortalizas en Murcia y Almería se ha agolpado con las altas temperaturas de las últimas semanas, la recolección de aceitunas de mesa está en plena temporada y la producción de caquis y granadas ha crecido y también se recolectan ahora.

Collas que se componían un año atrás de doce compañeros, por ejemplo, acuden ahora a los tajos naranjeros con sólo siete u ocho. Y si eran de veinte igual se han reducido a trece o menos. Y esta es pauta general.

Pagar mejor

Enrique Mingacho, responsable de la ETT (Empresa de Trabajo Temporal) Interim, cifra en no menos del 30% el descenso de la mano de obra disponible en estos momentos en el sector citrícola, y no sólo en la Comunitat Valenciana, sino en toda España. Otras fuentes de empresas exportadoras hablan incluso de que falta un tercio de operarios y muestran gran preocupación porque estamos en un año de alza de producción, lo que requeriría una plantilla global más numerosa que el año pasado.

Se nota que influye la recuperación de otros sectores de la economía española. La construcción tira de nuevo, como ya ocurrió tiempo atrás, y quien puede se decanta antes por la construcción porque gana más. Pero también ha crecido la ocupación en industrias y servicios. Basta con preguntar a quienes estaban antaño cogiendo naranjas en qué se ocupan ahora y por qué.

El aspecto del sueldo y la extrema eventualidad de la actividad naranjera ha sido factor fundamental. Ahí entonan todos un 'mea culpa'. «Se acusa ahora que se ha pagado poco en la recolección -reconocen algunos empleadores- y recogemos lo que sembramos; en cuanto ha habido recuperación de otras cosas, quien puede y tiene oportunidad se va enseguida». La reacción lógica es la de pagar mejor por esta tarea, lo que ya está sucediendo en la medida de lo posible, pero Mingacho apunta que «ahora ofreces más dinero, porque los almacenistas deciden mejorar, y muchos collidors no se lo creen y prefieren no regresar; nosotros no podemos hacer milagros, será cuestión de ir recuperando a base de planteamientos de seriedad y profesionalidad».

Sin embargo, de esta buena intención surge otra inquietud del lado del agricultor: ¿Será a costa del precio de la naranja en el campo; pagará los platos rotos el de siempre? Ya lo está pagando, porque la reducción de cotizaciones en el campo es notable. Subir precios en la venta final no entra en las previsiones de los supermercados.