Las Provincias

«Temo que la empresa Lladró, en breve, no sea de la familia ni de los valencianos»

Vicente Lladró, cofundador y propietario del 15% de Lladró, tras la entrevista. :: juan j. monzó
Vicente Lladró, cofundador y propietario del 15% de Lladró, tras la entrevista. :: juan j. monzó
  • Vicente Lladró Dolz, el menor de los tres hermanos, apunta sobre las perspectivas presentes y futuras: «Va de mal en peor, antes ganábamos dinero a montones y ahora la quieren malvender a buitres financieros»

Vicente Lladró Dolz (1933) es el menor de los tres hermanos que, en 1953, pusieron en marcha la empresa de porcelana decorativa Lladró en Almàssera. En 2007, tras años de dificultades y de tensiones entre los miembros de la segunda generación de la familia, los cofundadores decidieron separar las distintas líneas de negocio y Juan, en una puja interna con su hermano José, se hizo con un 70% del fabricante de las célebres figuras de porcelana. Vicente, el pequeño, relató el lunes a LAS PROVINCIAS que en su día no entró en esa subasta, ni entendió por qué sus hermanos «pactaron qué tenía que mandar uno».

Cerca de una década después de ese vuelco accionarial, en el que tanto él como José pasaron de tener un 33% a un 15% de la firma, Vicente ha decidido romper su silencio sobre el declive de la compañía a la que ha dedicado buena parte de su vida, movido por el «temor a que, en breve espacio de tiempo, la empresa Lladró no sea de la familia, ni de los valencianos, ni de los españoles».

En una entrevista concedida a este periódico, el menor de los Lladró se mostró preocupado por la situación de la mercantil, especialmente a raíz de la posibilidad de que «pronto pase a manos de un fondo buitre», y dio por sentado que se está negociando la venta del paquete accionarial mayoritario de Lladró, pese a que hasta la fecha se hablaba de la búsqueda de un socio internacional que aportase capital para aumentar su competitividad, pero sin aspirar a hacerse con el control de la firma.

En cuanto a qué falló para que la historia de fulgurante éxito empresarial diera paso a números rojos y a centenares de despidos que durante años intentaron evitar, apunta a los cambios introducidos desde 2007. «Juan empezó a cambiarlo todo, lo primero a subir los precios en plena crisis, cuando yo los hubiera bajado. En las piezas que ganábamos un 60% los subió una barbaridad y se cargó los mercados, sobre todo el americano, teniendo en cuenta que el dólar estaba en uno de sus momentos más bajos. El mercado que ha sido la joya para Lladró, donde más éxito hemos tenido, y más hemos ganado. No sé si es de ser inconscientes o irresponsables», sentenció.

Y le reprochó, además, que «dejó de fabricar las piezas clásicas, pese a su belleza y altísima rentabilidad», y cuando cayeron las ventas, «los gastos generales se multiplicaron por cinco y empezó a vender el patrimonio más emblemático y a prescindir del magnífico equipo humano que teníamos, y todo sin hacer caso de nuestros consejos».

Vicente Lladró se define como «un hombre de equipo» y marca distancias con los «personalismos» de sus hermanos, con quienes durante años abordó sus discrepancias con normalidad. Es más, atribuye el «éxito un tanto inmerecido» cosechado a que tuvieron «el mejor equipo de profesionales y el más humano».

«Pero el endiosamiento es malo y cuando el hombre se endiosa, Dios lo pone en su sitio. Lo malo es que lo están pagando los que no tienen la culpa y que quieren a la empresa y la necesitan para vivir, tanto empleados como clientes y distribuidores, que han sido nuestros embajadores, pues gracias a ellos Lladró ha llegado a la cúspide mundial», reconoció el cofundador de la empresa, que confiesa que, moralmente, nunca creyó que su hermano actuaría de ese modo, pese a «tener derecho a todo» por ostentar la mayoría.

Sobre las perspectivas presentes y futuras, se mostró tajante: «La empresa va de mal en peor, antes ganábamos dinero a montones y ahora la quieren malvender a buitres financieros, que no tienen conciencia y no se preocupan ni por la marca ni por los trabajadores». Y, en cuanto a la parte que considera en riesgo de pasar a manos extrañas, añade: «Mi hermano Juan no puede vender mi parte a un fondo buitre, pero la suya sí y él tiene un 70%».

Vicente Lladró recuerda, con cierta nostalgia, los más de 60 años que ha dedicado al área de fabricación de las piezas de porcelana, hasta el punto de reconocer al instante la causa de cualquier desperfecto o rotura. Y narra también con cariño la relación que siempre ha tenido con sus hermanos, con los que levantó el imperio Lladró y vio después cómo se agrietaba a medida que la familia crecía e iba ganando protagonismo en el día a día de la empresa. En este punto, valora que su esposa siempre se mantuvo al margen de los problemas de las empresas y que sus hijos se expresan con una única voz, unánime, en la junta general de accionistas a la que se limita su participación en la compañía. Su hijo David entró en el consejo hace poco más de un año, en la ampliación de miembros con la que se aparcaron las rencillas del pasado, aunque se marchó apenas medio año más tarde, en marzo, «en vista de que sólo querían que firmara las cuentas, sin darle ningún tipo de explicación».

Falta de transparencia

De la historia reciente de Lladró lamenta, precisamente, que si bien «dicen que la transparencia es la vacuna contra la corrupción, en los últimos años en nuestra empresa ha brillado por su ausencia». Pese a todo, Vicente asegura que «la relación personal con Juan y Pepe es muy buena», aunque le hieren «las faltas de respeto de personas más jóvenes».

También le duele que, desde 2007, puso sus 60 años de experiencia al servicio de la empresa que considera «como un hijo más», pero no quisieron escuchar sus ideas para reflotar las ventas, tales como volver a apostar por figuras sencillas, más rentables y ofrecer descuentos. «Todas mis ofertas profesionales han sido despreciadas. Sin embargo, el trato personal ha sido muy bueno», insistió ayer Vicente, que se pregunta «qué ha sido de aquella empresa que, sin subir los precios, era la más rentable de España y parte del extranjero». «Éramos la envidia del mundo entero y no estábamos contentos. ¿Qué ha pasado?», lamentó.