Las Provincias

La reconstrucción del imperio de los Batalla

La reconstrucción del imperio de la familia Batalla
  • La compañía vuelve a registrar beneficios en sus líneas principales de negocio y va liberándose de la carga de los excesos de la burbuja inmobiliaria

  • El grupo Obinesa, que llegó a ser una referencia ineludible en Castellón con Lubasa, vuelve a crecer tras años de duro ajuste

La familia Batalla no sufrió una crisis, sino una revolución. Miembros de la aristocracia económica valenciana del mayor periodo de prosperidad que ha vivido la Comunitat en su historia reciente, su nombre era sinónimo de poder y su emblema naranja con letras negras estaba tan presente que figuraba en el imaginario colectivo como líder local con vocación de ocupar su lugar a escala estatal.

Pero entonces llegó la crisis, reventando al sector y a la banca que le facilitó los créditos. Problemas fiscales y acusaciones comprometidas en materia de Competencia y de adjudicaciones públicas terminaron en algunos casos con sanciones que empañaron aquellos años convulsos ante los que estaban apunto de hundirse muchos de sus antiguos rivales o compañeros.

Lejos de embarrarse, la familia Batalla decidió reordenar su grupo empresarial cuando aún soplaba el viento a favor. La empresa había crecido extraordinariamente con el auge de la construcción residencial y el desarrollo de la obra pública, entrando en el reducido club de la elite empresarial castellonenses y autonómica. Corría el año 2007 y eran muchos los que calificaban de agoreros a los expertos que advertían del próximo fin de una época que iba a saldarse con un reventón en toda regla. La familia, con su patriarca Luis Batalla al frente, decidió agrupar su actividad en cuatros bloques. Por una parte estaría la construcción, bajo la marca Becsa; por otra, su red de concesionarios de automoción; el negocio de producción cerámica bajo la marca Saloni; y el de materiales de construcción y canteras, con Origen como marca.

En aquel momento, ya se había tenido que dejar en un segundo plano a la marca Lubasa, santo y seña de la familia, al pesar sobre ella una condena por fraude en el IVA que dañó su imagen y la inhabilitó para la adjudicación de contratos públicos. Tanto fue así que, pese a ser el acrónimo del nombre del fundador (Luis Batalla SA), terminó rebautizada como Durantia y asumiendo una papel secundario en la organización del grupo.

La división en áreas facilitó que el desplome de la construcción no terminara por contagiarse a todas las facetas del grupo y esto, según analistas ajenos a la empresa, le permitió mantener la bandera en pie y no verse abocada a la desaparición. De todos modos, los siguientes años vinieron marcados por daciones en pago de activos relevantes y negociaciones intensas que terminaron con la desvinculación de activos que tenían vocación de emblemáticos, como el rediseñado edificio de los Juzgados de Valencia de la Porta de la Mar.

Tras esta travesía del desierto, Obinesa Grupo Industrial cerró 2015 con un incremento de 8% del volumen de negocio, hasta los 315,21 millones de euros, y unos resultados de explotación (los vinculados al negocio puro y duro) que se situaron en 21,73 millones, frente a los 27 millones de euros en pérdidas del año anterior.

Aunque después de descontar impuestos y otras obligaciones, el resultado sigue en negativo, lo cierto es que se ha conseguido reducir a una sexta parte, 5,72 millones. Aún es más llamativo este resultado al haber tenido que encajar un rejón en forma de 16 millones de euros por derivados que contrató antes de la crisis y que, como a muchas otras empresa y particulares, la lleva por la calle de la amargura los últimos años.

Por áreas de negocio, la constructora Becsa no se deja pelos en la gatera y se mantiene en unos beneficios algo superiores al medio millón de euros, mientras que la cerámica Saloni roza los dos millones de euros en beneficios y las canteras de La torreta y Las Pedrizas rozan los 10 millones de beneficio. El problema lo ponen Durantia y Lubasa Aparcamientos, que hacen al grupo cargar con unas pérdidas en 2015 de 11,28 millones y 3,92 millones, empeorando y mejorando, respectivamente, el resultado anterior.

Centrados en la construcción, pero mucho más diversificados que antaño, la familia busca la forma de dar un futuro a un negocio familiar con más de medio siglo de vida a una realidad compleja y cambiante en la que se abren nuevas oportunidades para los supervivientes y los nuevos actores que crecen al albur de la incipiente recuperación tras un largo y duro invierno.