Las Provincias

El resurgir del Fénix exportador valenciano

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Vicente Fontestad y su hija Belén en las instalaciones de la empresa. / LP

  • La empresa consiguió seguir cumpliendo con los clientes y dando empleo, como prometió el mismo día del siniestro Vicente Fontestad

  • Un incendio arrasó la empresa Fontestad en 2012 y sólo cuatro años más tarde vuelve a facturar más de 75 millones

El centro de distribución de cítricos más grande de Europa era devorado por las llamas la mañana del 10 de mayo de 2012. A 50 kilómetros de distancia se podía ver la columna de humo que salía de las instalaciones en Museros de Fontestad SA. Una veintena de empleados intentaba sofocar el fuego que se disponían a consumir los 45.000 metros cuadrados de almacenes de fruta y embalaje de madera, cartón y plástico, además de las máquinas para el envasado de la fruta.

El vídeo del incendio

  • Incendio en Fontestad, en Museros

Extintores, cubos, agua con mangueras. Intentan domar el fuego con todo lo que encuentran a mano, mientras la Guardia Civil y los policías locales se unen a la cadena humana que se esfuerza por sacar los productos químicos más peligrosos y que pueden desproporcionar la magnitud del desastre. Los camioneros que en ese momento llegan para cargar o descargar producto intentan también echar una mano, pero la virulencia de las llamas ha convertido una de las naves de la empresa en un verdadero infierno.

El resto de trabajadores de ese turno, más de 200, mira con impotencia cuando las sirenas de los bomberos de Pobla de Farnals, Sagunto, Moncada, Paterna, Torrent, Burjassot y Requena y varias ambulancias se van aproximando por la CV-32. Tres empleadas de Fontestad y dos guardias civiles tienen que ser atendidos por inhalación de humos y un sexto afectado presenta quemaduras en un brazo.

Se había invertido en sistemas de alarma, cortafuegos y otras medidas que permitieron completar la evacuación, pero que nada pudo hacerse para salvar lo material. Vicente Fontestad, presidente de la empresa, a duras penas puede contener las lagrimas mientras ve como el trabajo varias generaciones de su familia se consume en cuestión de horas. Más de 500 empleos, diez millones de kilos de fruta. las perdidas inmediatas tienen una magnitud imponente, pero el efecto en la comarca se prevé desolador.

Las imágenes forman parte hoy del archivo gráfico y personal de los valencianos, pero casi cuatro años más tarde, donde en aquel momento sólo quedaron los restos humeantes de una empresa, hoy se levanta un centro de producción todavía mayor que en sus muros vuelve a lucir como recién pintada la marca familiar: Fontestad.

Desde el primer momento, hasta algunos de los que habían sido rivales le cedieron almacenes con sus cámaras frigoríficas y cajones para poder afrontar la campaña de verano y no perder a los clientes, la sal de la tierra en cualquier negocio y más aún en el citrícola, donde la fuerte competencia puede borrar del mercado a una gran marca por muchos que sean sus méritos del pasado.

Como contaba Vicente Lladró en LAS PROVINCIAS, Pocos días después del siniestro, cuando aún salía humo entre los inmensos montones de hierros retorcidos, Fontestad anunció su compromiso de reconstruir por entero los almacenes y de mantener los puestos de trabajo de toda la plantilla. Para entonces ya había reemprendido la actividad exportadora en el almacén de Motilla en Carcaixent, se servía de naves frigoríficas prestadas por Cañamás y Bordils y negociaba con el Banco de Valencia el alquiler de sus antiguos almacenes de La Pobla de Farnals, que se vendieron al construir los nuevos y que la entidad financiera embargó a una inmobiliaria. Al mismo tiempo alquiló parte del almacén de Anecoop en Torrent, donde había trabajado hasta hacía poco.

Dos años más tarde, Vicente Fontestad cumplió la palabra que le había dado y para lo que había contado con el apoyo de su mujer, Amparo Gil, y sus hijos, Vicente y Belén, hoy al frente de departamentos de la empresa. Con casi 50.000 metros cuadrados, los nuevos almacenes de Fontestad supusieron una inversión de 65 millones de euros y son capaces de procesar unos 800.000 kilos de fruta en dos turnos de trabajo por día, con posibilidad de llegar a picos de un millón por jornada.

Actualmente la firma produce unos 110 millones de kilos por año y en la última campaña auditada, la de 2014, ha recuperado los niveles de venta anteriores al incendio, situando sus ingresos en 75,8 millones de euros. A pasar del desastre, la empresa pudo seguir registrando beneficios (aunque muy reducidos) y ha llegado a situarlos de nuevo por encima de los 15 millones de euros para poder destinar parte de ellos a la reinversión.