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El Valencia Basket conquista la Liga ACB por primera vez en su historia

Valencia Basket, campeones de la Liga ACB / EFE

El triunfo del colectivo sobre los egos se simboliza en las lágrimas de Rafa Martínez y Van Rossom levantando el trofeo de campeón

Juan Carlos Villena
JUAN CARLOS VILLENAValencia

El Valencia Basket ya es eterno. Esperó toda una vida para serlo, treinta años de lucha para lograr lo que parecía un sueño no hace mucho. La vida siempre premia al que nunca se rinde, que no para de intentarlo, al que siempre se levanta de los golpes. La espera mereció la pena puesto que la Fonteta vivió ese momento que siempre había anhelado. A un capitán levantando la copa de la Liga. Rafa Martínez compartió la gloria con Sam Van Rossom, el segundo capitán, para levantar al cielo una copa que inundó de lágrimas los 9.000 asientos de la Fonteta. Las primera fueron las de Rafa y Sam, que no pudieron aguantar ese torrente de emociones.

El tiempo pondrá en perspectiva a lo que ayer consiguió el Valencia Basket. Un título de la ACB superando dos eliminatorias por 1-3 con desventaja de campo y ante dos equipos de Euroliga. El golpe final, ganando tres partidos consecutivos al Real Madrid. Un hito al alcance de muy pocos y que convierte al Valencia Basket en un grande de la ACB. En un equipo eterno. Todos los títulos tienen un símbolo. La Liga del Valencia Basket pasará a la historia por un palmeo de Sato a cuatro metros del suelo. Rozando el cielo. Volando. El alero, un pulmón y corazón del conjunto valenciano, no podía escapar ese balón. No podía hacerlo. Desde que llegó a la Fonteta soñó con ganar una Liga y esa canasta, el 83-71 a falta de dos minutos, certificó el título. Los valencianos tuvieron que sufrir, no podía ser de otra forma, pero desde ese instante ya no se podía escapar el título.

87 Valencia Basket

Diot (11), San Emeterio (7), Sastre (19), Sikma (8), Dubljevic (1) -cinco titular- Sato (10), Thomas (12), Vives (3), Rafa Martínez (9) y Oriola (7)

76 Real Madrid

Llull (23), Rudy Fernández (8), Taylor (7), Reyes (6), Ayón (10) -cinco titular- Nocioni (6), Doncic (2), Randolph (1), Carroll (11) y Maciulis (2)

parciales
19-20, 29-11, 19-25, 20-20
Árbitros
García González, Conde y Peruga. Sin eliminados
Incidencias
Cuarto partido de la final de la Liga ACB disputado en el pabellón de la Fuente de San Luis ante 8.500 espectadores. Ximo Puig, president de la Generalitat valenciana, y Enric Morera, president de Les Corts, fueron algunas de las autoridades que asistieron al encuentro

Las lágrimas de toda la plantilla de Pedro Martínez fueron el último símbolo de un equipo eterno. De un equipo que supo sufrir juntos, cuando se perdió la Eurocup en el último instante, para pasar a la historia del baloncesto español por la puerta grande. Son leyenda pura. El Valencia Basket fue una marea taronja que pasó por encima del Real Madrid desde el 17-20. En ese instante, después de una canasta de Carroll, se desató la tormenta perfecta. Un parcial de 26-3 arrolló al conjunto de Pablo Laso. Se llevó por delante a los madridistas. Guillem Vives, Rafa Martínez, Romain Sato, Will Thomas y Pierre Oriola. Ese es el quinteto que pasará a la historia. Los cinco gladiadores que, en siete minutos de baloncesto perfecto, dejaron tambaleando a uno de los mejores equipos de Europa. Cuando el Real Madrid quiso reaccionar el marcador reflejaba un 43-23. Con Vives como director de orquesta y Thomas, vaya final que ha realizado el americano, acercó el título al alcance de la mano. La reacción blanca, previsible, se quedó en un pequeño parcial de 4-8 que dejó el marcador al descanso en 48-31. Era imposible no soñar.

La valoración del segundo cuarto fue 40-5. Imponente. Sobrecogedor. El Valencia Basket aguantó el momento más importante, el inicio del tercer cuarto, para seguir golpeando en las dudas del rival. Se llegó hasta una máxima renta (60-37). En ese momento llegó el sufrimiento. Era imposible ganarle un título al Real Madrid sin sufrir y Sergio Llull se encargó de recordarlo. El balear se encomendó a la remontada imposible y consiguió meter algo de miedo en el cuerpo de su rival. Refugiado en una zona, el Real Madrid se agarró al partido para poner ese único momento de dudas del rival. Hasta el final del tercer cuarto, el parcial fue de 7-19. El 67-56 era el mejor símbolo del respeto que se merecía un equipo campeón. Por muy roto que se le viera en la pista. El Valencia Basket se encomendó a la épica en el último cuarto y aguantó con unos grandes minutos de Antoine Diot (70-56 ).

Llegó en en ese momento el instante más importante, posiblemente, de los treinta años del Valencia Basket. Llull rebajó la renta a siete (73-66). Fue el momento de San Emeterio. El cántabro pidió cabeza a sus compañeros. No podía volver a ocurrir el colapso del partido ante Unicaja. Los gestos eran claros, todo el mundo estaba de acuerdo. Un triple de Sato y dos rebotes con el alma de Dubljevic, que se jugó el físico frente a Ayón, permitieron superar el primer momento malo. El segundo llegó con ese palmeo sobre las nubes de Sato. En ese golpe de dedos la moneda salió cara. Por una vez debía salir cara, después de tantos años de sufrimiento.

La Fonteta ya era en ese momento una fiesta y el Real Madrid bajó los brazos. Sato, un caballero, lo primero que hizo fue ir a consolar a Nocioni. El argentino había comenzado a llorar nada más sonar la bocina final. El ese instante había terminado su carrera profesional. Sato quiso honrarle con un gesto de deportista que también pasara a la historia.El equipo que nunca se rinde, que nunca deja de soñar, que nunca deja de luchar, escribió ayer la página más bonita de la historia del club. Treinta años. Treinta. Para recordarlo toda la vida. Gloria eterna.

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