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El Valencia Basket, a un paso de ganar la Liga Endesa

Bojan Dubljevic protege el balón ante un jugador del Real Madrid
Bojan Dubljevic protege el balón ante un jugador del Real Madrid / EFE

Los taronja, liderados por Thomas y Dubljevic, desbordan a un Real Madrid incapaz de contener la ofensiva de los de Pedro Martínez

JUAN CARLOS VILLENAValencia

El equipo que nunca deja de creer, el equipo que nunca deja de luchar y el equipo que nunca deja de soñar se merecía tener una oportunidad como la doble que tendrá desde mañana. El Valencia Basket no dio opciones al Real Madrid en el tercer partido de la final de la ACB y está a una victoria de sellar la mayor gesta en sus treinta años de historia. Nunca, jamás, tuvo dos bolas de título en una final de la Liga Endesa. Es mas, tuvieron que pasar más de 5.000 días para que su afición volviera a disfrutar de un partido por el título en la Fonteta. Una dulce condena porque el partido que acerca a la gloria al conjunto taronja fue casi perfecto. Otro muro superado, otro paso más al frente en la cerrera loca del playoff que está derribando todos sus complejos.

La de ayer fue la primera victoria en casa en una final. Antes cayeron la primera eliminación al Barcelona en una serie, la primera victoria en el Buesa Arena, la primera eliminación al Baskonia y la primera victoria en una final. Esas pequeñas conquistas, sin alzar la voz, son las que están dando la gasolina a un vestuario empeñado en pasar a la historia como el mejor Valencia Basket de siempre. En las horas previas al tercer partido, Luke Sikma no se movió del mensaje del respeto al rival. Rudy Fernández de venir a Valencia a ganar la Liga. Lo segundo ya no lo podrán hacer, puesto que ahora el conjunto blanco está obligado a ganar mañana para forzar el quinto partido.

81 Valencia Basket

Diot (5), San Emeterio (15), Sato (8), Sikma (6), Dubljevic (14) -cinco titular- Thomas (16), Vives (9), Rafa Martínez (4), Oriola (4) y Sastre (-)

64 Real Madrid

Llull (16), Rudy Fernández (10), Maciulis (-), Reyes (-), Ayón (15) -cinco titular- Randolph (3), Nocioni (-), Doncic (13), Carroll (3), Hunter (-) y Taylor (4)

parciales
11-16, 25-19, 23-16, 22-13
árbitros
Hierrezuelo, Pérez Pizarro y Jiménez. Sin eliminados
incidencias
Tercer partido de la final de la Liga ACB disputado en el pabellón de la Fuente de San Luis ante 8.500 espectadores. Al encuentro asistió Ximo Puig, president de la Generalitat Valenciana

La presión, otra vez, es para el Real Madrid. Música de viento para un equipo, el valenciano, que prefiere vivir con la tranquilidad del trabajo diario. Sin los focos apuntando. Como en familia. La afición sí que tiene la libertad de disfrutar este momento histórico. Es más, está obligado a hacerlo. Tras un año durísimo, y con el palo tremendo de la Eurocup, lo ocurrido anoche sobre el parquet de la Fonteta es la mejor medicina para los aficionados del Valencia Basket. Muchos de ellos están al lado del equipo desde hace tres décadas. Vivieron el traslado de La Canaleta a Hermanos Maristas, el descenso en Huesca a la EBA, la Copa de Valladolid, los tres títulos europeos y el intento por consolidarse en la elite de la ACB. Ese esfuerzo, de todos los entrenadores y jugadores que han pasado por los últimos catorce años de la historia de la entidad, es el que tendrá su reflejo en dos bolas de partido para la eternidad.

El baloncesto es un juego de equipo y más en un Valencia Basket donde se repite en el discurso como un disco rayado conceptos como el de pasarse el balón más que en anotar más o menos puntos. Will Thomas fue el mejor símbolo en el segundo golpe a la final. El pívot de Baltimore no ha pasado una temporada fácil. Le costó encontrar si sitio en la rotación de Pedro Martínez y, cuando lo hizo, no encontró la regularidad. Mostró sus armas en el cuarto partido de la semifinal ante el Baskonia y su tercer cuarto de anoche, sencillamente, es uno de los mejores poemas de baloncesto en el libro histórico del club. Talento y raza en estado puro. Un auténtico tren que hizo descarrilar a todo el juego interior de Pablo Laso. Los americano llaman a estas actuaciones ‘instant classic’. Para guardarlo en la videoteca para siempre. El conjunto taronja volvió a levantarse de la lona en el mejor momento, cuando el silenció comenzó a adueñarse de la grada con el 19-28 que anotó Luka Doncic, el mejor soldado de Pablo Laso durante la primera parte. Desde entonces, el parcial hasta el descanso fue de 17-7. Con una presión máxima sobre la pista hacia unos momentos extraños del arbitraje, que cargó con tres faltas a Oriola en pocos minutos y dejó defender duro a Taylor sobre Diot, emergió la figura de San Emeterio. El bombero de Santander. El hombre al que siempre hay que darle la bola cuando más calienta el sol. Un triple del santo comenzó una particular mascletà de tres canastas consecutivas desde más allá del arco, un parcial explosivo de 0-9, que volvió a meter a la Fonteta en el encuentro. Esos tres triples, dos de San Emeterio y uno de Dubljevic, empataron el tercer episodio de la final (30-30). Una canasta de Rafa Martínez permitió que ese pulso psicológico aguantara hasta el paso por vestuarios. Nadie era consciente en ese momento que ese escueto 36-35 iba a ser tan importante.

El Valencia Basket no dejó pasar la oportunidad de tumbar en la lona a un rival que se fue desangrando a la misma velocidad que fue fallando los 14 triples de los 16 que intentó en la segunda parte. La inercia taronja fue totalmente la contraria, con un Will Thomas que comenzó su recital y que fue secundado por Sato. Cuando Luke Sikma puso la que en ese instante era la máxima renta valenciana (59-49) el parcial ya era de 40-21. Una auténtica losa que el conjunto logró maquillar antes del final del tercer cuarto (59-51). El partido no estaba decidido con ese marcador, ni mucho menos, pero las caras de los jugadores del Real Madrid no eran las de un equipo que creyera en la remontada.Con el estado anímico tan cambiado en ambos bandos, tan sólo restaba observar el inicio del último cuarto para anotar la casilla del ganador.

El último intento del Real Madrid para ganar estaba en la mano de Sergio Llull. El hombre que siempre rescata a su equipo en los momentos malos. Lo sabe bien la Fonteta, con aquel triple desde su campo que heló la sangre hace dos temporadas. Pero el balear no tuvo su noche, en parte por otra gran defensa de Guillem Vives mientras le aguantó el tobillo. Antes de descansar al volver a sentir dolor, el base de Badalona anotó dos triples consecutivos para poner su nombre en la estadística histórica (65-51). Sato se sumó a la fiesta y desde el 74-57 el Real Madrid bajó los brazos. Ese guarismo, como si fuera el código PIN del cielo, desató la locura en la Fonteta. Nadie quería esperar al decoro del final del partido para celebrar la victoria. Es algo normal. Tras tantos años de sufrimiento, y el susto del Unicaja en el último cuarto de aquel infausto tercer partido de la final de la Eurocup, la adrenalina había que sacarla. Dubljevic fue, de nuevo, el cicerone de la fiesta. Los puños al cielo del montenegrino dieron paso al final del partido... con más de dos minutos por disputarse. Felipe Reyes negaba con la cabeza desde el banquillo. Pablo Laso ya no sabía dónde mirar. Esos nervios del rival, del obligado a ganar el título, debe ser el mejor símbolo para afrontar el cuarto partido. Todas las previas antes de la final hablaban de la poca experiencia del Valencia Basket en las finales ligueras. Era cierto. Pero también lo es que sus jugadores más jóvenes están creciendo esta temporada a un ritmo superior al de las manijas del reloj. El primero en contestar con un gesto de calma a la grada fue Pierre Oriola. Un gesto de veterano en un cuerpo de joven. El de un pívot que, a buen seguro, tendrá un largo recorrido en la selección.

El Valencia Basket está a una victoria de conquistar la primera Liga de su historia. Es algo tan bonito de contar que da licencia a toda una ciudad para soñar. Mañana, el primer intento.

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