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Fabricio Oberto: «Cuando el Valencia Basket ganó la ACB me emocioné, lo sentí como propio»

El exjugador del Pamesa Valencia argentino regresa doce años después a la que fue su casa acompañado de su hija Julia: «Es un bonito legado»

Juan Carlos Villena
JUAN CARLOS VILLENAValencia

Los 208 centímetros de Fabricio Oberto (Las Varillas, 1975) destacan sobre el turista medio que desgasta zapatillas en las calurosas calles de Valencia. De la mano, su hija Julia, de doce años. Precisamente, el lapso de tiempo que llevaba sin pisar una tierra que le enamoró gracias al Pamesa.

-¿Qué se siente al volver a Valencia después de tanto tiempo?

-Algo especial. Estoy muy contento de volver después de doce años y ver a muchos amigos. Cuando pasa tanto tiempo sin visitar una ciudad que conoces bien te permite ver la evolución en perspectiva. La primera sensación que tuve fue había pasado poco tiempo y que iba a volver a jugar. Hay una memoria residual que siempre te lleva a recordar todo lo que has vivido en un lugar.

-Y que le lleva a la Fonteta.

-Es verdad. Aunque la Fonteta está muy cambiada, y muy bonita, cuando entré tuve una sensación especial. Ha sido mi casa y era como si el día anterior hubiera estado allí y sólo hubiera pasado una noche.

-¿Recordaba así la ciudad?

-La ciudad ha cambiado. Por ejemplo, yo no conocía la Ciudad de las Ciencias completada, pero encontré todos los lugares a los que iba, los restaurantes, las tiendas... fue lindo recordar muchas cosas paseando por las calles. He visto una gran evolución en la ciudad. Volveré.

-¿El primer paso para un exjugador es ver un partido en la grada?

-Me queda venir a ver un partido del Valencia Basket. Es un paso importante porque es el momento en el que pasas el duelo de estar en la grada y no poder jugar. El verbo que no encaja en la cabeza es el de retirarse y cuando vuelves a un pabellón es cuando tienes que digerir que no vas a jugar más.

-¿Ha sido más especial el regreso por compartirlo con Julia?

-Ha sido un placer mostrarle a mi hija la ciudad donde su padre fue tan feliz. Ha escuchado muchas cosas de Valencia y tenía ganas de que las viera. Siempre he tenido la sensación de que dejé una huella muy bonita en los aficionados y que mi hija lo pueda comprobar por el cariño que me han demostrado mis amigos de aquí ha sido muy bonito. Cuando ella sea mayor y quiera venir la tratarán tan bien como a mí. Es un bonito legado.

-¿Cómo vivió desde la tele el título liguero del Valencia Basket?

-Me emocioné cuando el Valencia Basket ganó la ACB, lo sentí como propio. Cuando pasas por un club tan importante y por una ciudad que vibra con el basket siempre tienes un vínculo. El Valencia no tiene los títulos del Real Madrid o el Barcelona pero siempre ha estado en la lucha. Se lo que significa para el club ganar esa Liga y por eso me sentí muy orgulloso de que lo consiguieran, fue como quitarse la espina de aquella final nuestra de 2003.

-¿Qué le gustó más?

-Lo más bonito fue cuando la tele enfocaba caras en la grada que conocía; como Luengo, Cotolí, Pablo Martínez, Mulero, Alfonso (Castilla) o Juan Roig. Ver sus caras de alegría también fue muy especial. También con los periodistas. Al final compartimos todos juntos una etapa muy bonita y ver todas esas caras como campeones de Liga fue especial. Nunca he distinguido con ustedes porque los periodistas que viajan a todos los partidos también sufren con nosotros. Es justo reconocer cuando se gana que también son parte de ese éxito.

-¿Ese título debe ser un punto de inflexión para la historia del club?

-Por supuesto. El título de la ACB sube al Valencia Basket a otro nivel. Ahora tienen el reto de la Euroliga. Nuestro año fue muy bueno. Dejamos una marca positiva en el estreno y ojalá que el club algún día logre ese primer paso de clasificarse para una Final Four.

-¿Qué es de su vida a día de hoy?

-La he enfocado hacia los medios de comunicación. Estoy trabajando para la ESPN y también hago radio, que siempre ha sido algo que me ha apasionado. También tengo una banda de música con la que salimos a tocar. Comparto mucho tiempo con mis amigos y con mi hija. Me gusta mantenerme muy activo.

-También imparte charlas.

-Sí, el próximo salto del deporte tiene que ser a nivel de gestión. Cuando vives tantos años dentro del deporte te das cuenta de las cosas que se podrían hacer mejor. Una de las que aprendí es que la prensa es fundamental. Si quieres tener una buena comunicación, y más hoy en día en el que vivimos en un mundo global, tienes que compartir con los aficionados todo lo que pasa en un club. Ahora todo ha cambiado y las nuevas redes sociales te permiten un universo infinito para contenidos. Soy una persona muy inquieta.

-¿Le enoja que muchas estrellas del deporte las utilicen para aparentar y no para interactuar?

-Me da mucha rabia que no las aprovechen bien. Cuando hicimos en LP Radio el programa 'De todo menos basket' teníamos llamadas de los aficionados en directo. Era como ahora un chat de Facebook o un comentario en Instagram. Creo que se generaba un buen rollo que hacía que la gente llamara para decirnos por ejemplo que tenían la receta para que metiéramos los tiros libres. En un clima de respeto. Los deportistas tenemos que aprender que eso forma parte de nuestro trabajo. Muchos no se dan cuenta que hoy en día darle un like o contestar un mensaje a un aficionado le puede hacer feliz. No nos cuesta nada hacerlo. Un deportista profesional tiene que ser inteligente y agradecido.

-Suena bastante lógico.

-Sin esa gente que nos sigue, no firmarías por un equipo, no jugarías a baloncesto profesional y la gente no pagaría dinero para verte jugar en una pista. Y si no hay nadie que comentara ese partido o lo relatara en directo no tendría difusión. Todos somos importantes y todos estamos en el mismo barco. El que no lo entienda, se equivoca.

-¿Vivir en España es una opción a medio plazo para usted?

-Siempre hay que estar abierto a todo. Aquí viví años muy buenos y la gente siempre me trató como si hubiera nacido en España, tanto en Vitoria como Valencia. Me sentí respetado como rival, jugando en Málaga o Madrid. Las raíces y la familia están en Argentina pero allí muchas veces la situación no es la óptima. No hace falta mucho para que España sea un país mucho más tranquilo para vivir. Sería una buena opción en esta segunda etapa de la vida.

-¿Existe alguna explicación a esa situación que describe allá?

-Tenemos que hacer un cambio grande. La paciencia está agotada. Somos tan competitivos que lo llevamos al extremo de no dejar pasar a alguien en la calle. No es algo de los últimos veinte años. Viene de hace mucho y eso se paga después.

-¿Como argentino que trabaja en Estados Unidos, se siente atacado por el discurso de Trump?

-La realidad es que en todos los países hay inmigrantes y el noventa por ciento de la gente es excelente y muchas veces hacen trabajos que las personas de ese país no quieren hacer. La gente que trabaje y haga las cosas bien debe tener siempre posibilidades en cualquier parte del mundo. Los derechos individuales terminan donde empiezan los del vecino. Si entiendes eso, puedes convivir en cualquier parte sin ningún problema.

-¿Cuál ha sido la mayor enseñanza que le ha dado el baloncesto para aplicar en la vida real?

-El trabajo, que hay que trabajar todos los días. Nunca hay que perder la esperanza y siempre hay que luchar. Cada día que me levanto tengo ganas de hacer cosas nuevas. Un día te duele más el cuerpo, de una cosa o de otra, pero no encuentras un camino si no le pones horas, haces las cosas bien y tratas de no tirarle tierra nadie. El tiempo te deja con la gente que tienes que estar.

«La gente que te llega al corazón permanece, esa es la amistad»

En 2009, el corazón le dio un primer susto a Fabricio Oberto. Fue intervenido en San Antonio para solventar sus arritmias, aunque el argentino sintió que debía poner el freno un año después, cuando vistió de forma fugaz la camiseta de Portland. Su pasión por el baloncesto le llevó a darse una penúltima oportunidad buscando el sueño olímpico de Londres. No lo logró. Se dio una última 'chance'. En el Atenas de Córdoba. Donde se inició todo.

-¿Cuando comenzaron sus dolencias en 2009 sintió la magnitud de lo que suponía la marca 'Fabri Oberto' para el basket?

-El cariño de la gente en aquellos días, que fueron muy difíciles, fue tremendo. Cuando estás enfermo te das cuenta de que la vida siempre tiene una segunda parte, que hay vida más allá del deporte profesional. Cuando entiendes eso y te das cuenta que no puedes jugar toda la vida, entiendes que la vida te ha puesto en un camino y que tienes que aprovecharlo. La vida me ha enseñado a aprender y a disfrutar cada día.

-¿Recuerda el momento en el que decide parar?

-Lo recuerdo perfectamente. Jugábamos en Milwaukee y estaba con Carlos Delfino en la pista antes del calentamiento. Le dije que sentía como si me fuera a dormir, que por momentos no veía y escuchaba nada. Me revisaron los cardiólogos y después del partido, en el viaje de regreso a Portland, lo comencé a pensar en el avión. Al final todo fue por tomar unas vitaminas que me aceleraban mucho el corazón pero esa noche fue la que pensé que había llegado el momento de dar el paso, después de jugar dos años con un holter donde mi médico analizaba en vivo cada partido desde Austin.

-¿Cómo fue el día siguiente?

-Sentí que era el momento adecuado por parte del destino. Al volver a Portland tuvimos dos días libres, algo muy extraño en la NBA. Ahí es donde tomé la decisión definitiva y llamé a la franquicia para comunicarlo. Después volví a Argentina, creo que me he retirado tres o cuatro veces (ríe). Intenté llegar a los Juegos de Londres en 2012 para despedirme con mis compañeros pero no lo logré. Creo que ese hubiera sido el cierre justo a mi carrera, pero no pudo ser.

-¿Se valora más la amistad en momentos así?

-La amistad no es estar todo el día adulando a alguien o tocándole el lomo. Cuando conectas con alguien de verdad la barrera del espacio y el tiempo no importa. En Valencia he quedado con gente con la que parecía que había retomado una conversación de hace unas horas y con algunos habían pasado doce años. La gente que te llega al corazón permanece siempre, aunque no las puedas ver todos los días. Ese es para mí el concepto de la amistad.

-Fue un final de carrera distinto, pero usted también siempre lo ha sido. Igual se le puede ver cruzando países en moto junto a Tim Duncan o planeando la subida a una montaña.

-Es verdad. Siempre he sido un luchador y nunca me han asustado los retos ni las cosas nuevas. Ahora estoy pensando en subir una montaña y hacer allí reportajes. Mi cabeza está siempre maquinando, esa es la clave. Tienes que buscar desafíos continuos.

-¿Esa es una de las enseñanzas que da en sus charlas?

-No me considero empresario pero sí le puedo transmitir a un empresario mis vivencias y, a través de ellas, encontrar vías en común en la toma de decisiones o de plantear como superar las metas. Hay muchos episodios comunes entre el deporte y la empresa; la lucha, el levantarse los golpes o saber gestionar los triunfos. Me gusta leer libros de gente que le ha ido muy bien pero también de gente que le ha ido muy mal.

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