El corazón del 98 vuelve a latir en la Fonteta

Miki Vukovic toma la palabra junto a Martín Labarta, un emocionado Miguel Maeso, Jorge Mora y María Moreno, el hijo y la mujer del fallecido doctor Jorge Mora. / m. ángel polo

Cinco jugadores de la plantilla histórica glosan la figura del maestro como clave del título de la Copa conquistado hace dos décadas en Valladolid Un emocionado Miki Vukovic simboliza el emotivo reencuentro

JUAN CARLOS VILLENA VALENCIA.

El corazón de Miki Vukovic sigue latiendo gracias al baloncesto. Si es cerca de la Fonteta, mejor. La mejor medicina para el maestro no está en el tratamiento que actualmente sigue en Valencia, sino en el cariño de la gente que le quiere. Cuentan los que están cerca de él en el día a día que hace tiempo que no le veían con una sonrisa durante tantas horas. El homenaje a la Copa del Rey del 98 fue una receta mágica, desde el primer abrazo en las entrañas de L'Alqueria a ese momento, con la Fonteta en pie, donde al serbio de nacimiento y valenciano de pasaporte se le volvió a quebrar la voz. Junto a él, Miguel Maeso. El preparador físico de aquel histórico Pamesa no escondió su emoción. Maeso es otro luchador. El mejor regalo en 2018 para la familia azulejera es verle latiendo junto a Miki. Dos guerreros. Sólo falta el doctor Jorge Mora, pero su aliento no faltó sobre el parquet de Hermanos Maristas. Su hijo Jorge y su mujer María esbozaron por él su sonrisa. La que él tenía con aquellos chavales que consiguieron ganar una Copa del Rey cuando nadie lo esperaba. No estaban todos los que son... pero el bombeo de la tierra santa de Valladolid volvió a sentirse veinte años después de que aquel Pamesa brindara a su afición el título copero en un partido ante el Ourense.

Unas horas antes de ese instante, ese grupo de amigos se reunió a comer. En L'Alqueria, ese templo del baloncesto de cantera que es el mejor guiño a lo que significó aquel Pamesa. De la cafetería de la nueva ciudad deportiva al añorado Bar Amparo en la Carrera de San Luis hay unos cientos de metros. De los chivitos de Pepe Alabarta y su esposa Amparo, con los que crecieron Berni Álvarez, Maluenda, Luengo, Rodilla, César Alonso o Jesús Fernández a la paella que degustaron ayer han pasado más de dos décadas, mientras se sucedían las anécdotas y se recordaban las mismas bromas. Aquello no era un vestuario, era una familia. Los comensales, compartieron con LAS PROVINCIAS la importancia del reencuentro. «La sensación ha sido la misma que tienes cuando hace tiempo que no ves a un familiar. El baloncesto de antes era diferente, habían más nacionales que acogíamos a los extranjeros y ahora los equipos son multinacionales, con jugadores de muchos países. Miki fue nuestro padre deportivo y ahora, veinte años después, es nuestro abuelo deportivo», resume con una sonrisa Maluenda. A su lado, Zubizarreta. Tiene lo mismo de bondad que de envergadura: «Más que una amistad tenemos una hermandad. Lejos de diluirse, la relación va en aumento con el tiempo. Por mucho que viva en Euskadi siempre llevaré a Valencia en el corazón. Más que un equipo éramos una banda que hacíamos todo juntos y teníamos un director de orquesta como Miki, que tenía un talento especial para llevar a gente joven y darnos unas lecciones de vida que nos han servido después fuera de las pistas para ser mejores personas».

La vida, caprichosa, hace que algunos lazos de aquellos amigos se hayan fusionado. César Alonso trabaja en la agencia que representa al ahora entrenador Berni Álvarez. «Mucho trabajo no le doy porque las veces que me ha comentado alguna oferta para salir de Tarragona no se ha dado por decisión mía», bromea el catalán, mientras que el valenciano cierra los ojos imaginando que la conversación con un café sobre la mesa se realiza en cualquier lugar remoto en aquella Copa Saporta: «Es todo tan igual que parece que estamos viajando en uno de aquellos interminables viajes en autobús». El presidente del Valencia Basket, Vicente Solá, y Fernando Jiménez, mano derecha de Vukovic en el banquillo, recuerdan más anécdotas mientras que Gordana, la mujer de Miki, observa con orgullo la luz en la mirada de su marido.

Volvamos al parquet. El propio Miki no quería abandonar la Fonteta sin saludar a Óscar Quintana y darle el pésame por el fallecimiento de su madre. Un detalle que le define. Junto a los cinco jugadores presentes de aquel histórico Pamesa (Luengo, Alonso, Zubizarreta, Maluenda y Álvarez), Miguel Maeso, Alfonso Castilla, Martín Labarta, Fernando Jiménez, Pablo Martínez, Jorge Mora junior y María Moreno, Vukovic volvió a abrir su corazón a la afición del Valencia Basket. «Veinte años es mucho tiempo pero se hace muy corto recordando a aquel equipo que hizo historia. Estoy muy feliz», declaró sobre la pista. Reggie Fox, Alfonso Albert, Aaron Swinson y Nacho Rodilla, larga ovación para el MVP de aquella Copa, mandaron un mensaje por vídeo. En el treinta aniversario el mejor homenaje sería ver al edetano trabajando en L'Alqueria. Eso y sentir el corazón latiendo de Vukovic y Maeso, emocionados y brindando por la vida.

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