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Las claves del adiós de Pedro Martínez al Valencia Basket

Pedro Martínez posa con el trofeo de campeón de la Liga Endesa la noche del título. / acbphoto

El catalán acata la decisión del Valencia Basket de no dar marcha atrás a su renuncia de mayo: «La respeto y la asumo con profesionalidad» El técnico comunicó antes del playoff que no iba a seguir por falta de confianza y el club dio por cerrado el ciclo

JUAN CARLOS VILLENA

valencia. El viernes 5 de mayo de 2017 se comenzó a escribir el adiós de Pedro Martínez del Valencia Basket. Con la perspectiva que da el tiempo, con el título de la Liga Endesa luciendo en las vitrinas de la Fonteta, ese último roce entre el entrenador y el director general del club no podía ser más simbólico y de guión de película. Dos días antes, en un acto en EDEM, Paco Raga declaró que el objetivo del equipo en el playoff no era sólo llevarse la plaza de Euroliga en juego sino «ganar la Liga». Algo que, por cierto, se ha cumplido. Por aquel entonces el conjunto taronja era segundo empatado a victorias con el Real Madrid a tres jornadas para el final de la Liga. Menos de cuarenta y ocho horas después, en la previa del viaje a Andorra, Pedro Martínez dio su visión al respecto: «No hay que hablar de boquilla sino trabajar en el día a día, hacer las cosas bien. Hablar de semifinales y final es humo. Lo que tenemos que hacer es un buen final de temporada en estos tres partidos. La ACB está siendo muy bonita y hay que tener tremendo respeto por todo el mundo». Fue la gota que colmó el vaso de una relación tensa desde los últimos meses de la temporada anterior.

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El viaje al Principado estuvo marcado por ese momento siempre incómodo cuando se cruzan declaraciones a ese nivel. Aquel partido contra el MoraBanc acabó con derrota (89-84), avivando las dudas deportivas que una parte del club arrastraba con Pedro Martínez desde la primera temporada, la del batacazo europeo, y que volvió a acentuarse tras la derrota ante el Unicaja en la final de la Eurocup, el 5 de abril en la Fonteta (58-63). Pocos días después de ese viaje de Andorra, que comenzó con esa frase sobre vender humo, Pedro Martínez marcó el número de teléfono de Chechu Mulero. Había tomado una decisión.

La reunión entre el director deportivo y el entrenador del Valencia Basket se produjo en una cafetería. De forma tranquila y distendida. Allí, el catalán le comunicó al pucelano su decisión de abandonar el club en cuanto se acabara la temporada. Adujo para ello una cuestión de falta de confianza por parte del club y basándose en su primera frase cuando se hizo cargo de la nave taronja en el verano de 2015, aquello de que no se convertiría en una carga para la entidad si en algún momento tenía esa sensación. «Cuando me comunicó que se marchaba fue una sorpresa y un bajón personal, porque tenía claro que mi deseo era renovarle cuando acabara la temporada», confesó ayer el propio Mulero a este periódico. Desde ese día, se separaron los caminos del Valencia Basket y Pedro Martínez. «Creo que si no me han querido convencer desde entonces es una señal de que no estábamos en sintonía y por lo tanto es mejor que pase lo que ha pasado», argumentó ayer por la tarde el entrenador después de que ya fuera público el comunicado del club confirmando la separación de mutuo acuerdo. Desde aquella conversación en la cafetería Pedro Martínez ya no tenía opciones de seguir siendo entrenador a partir de junio de 2017. Como se ha demostrado después.

El gran 'problema' es que ninguna de las dos partes podía imaginar que el final de esta historia iba a ser la de un Valencia Basket campeón de la Liga. Las últimas seis semanas, en cuanto al futuro del técnico, han sido un auténtico paripé por las dos partes. Las cosas, como son. Tanto el club como el entrenador sabían lo que había ocurrido y que, por tanto, ya no servía el manido tablero del acuerdo verbal para sentarse a final de temporada para decidir sobre la renovación. No había nada que hablar desde mediados de mayo porque, simplemente, Pedro Martínez dijo que se iba porque no aguantaba el ambiente de la moqueta de la Fonteta, no así de la dirección deportiva, y porque la zona de despachos no movió una ceja para convencer al entrenador. Uno se quería marchar y al otro no le importaba. Punto y final.

Tras la consecución del histórico título de la ACB, el pasado viernes, Pedro Martínez intentó activar la comunicación con el club. Puesto que no se iba a cumplir aquello de sentarse a hablar nada más acabar la temporada. Todo lo que rodeaba a ese pacto entre caballeros sí que era humo desde el 14 de mayo, ya que tanto el entrenador como el club sabían que ni se iba a producir una negociación ni iba a realizarse ninguna propuesta de renovación. Txus Vidorreta, cuando Rafa Martínez y Van Rossom levantaron la copa de campeones, ya tenía cerrado un acuerdo con el Valencia Basket desde hace varias semanas que tan sólo debía de rubricarse con una firma en cuanto terminara la temporada. Que haya sido el 20 de junio no es más que el efecto colateral de una gesta legendaria, el primer título de la Liga de la historia del club. El lunes, Pedro Martínez intentó abrir una puerta que estaba cerrada. Paco Raga le comunicó que llegaba tarde. En media hora se escenificó el fin de la obra y el entrenador se marchó a Barcelona.

Orgulloso y con una sonrisa

«Me voy orgulloso y con una sonrisa». Así resumió su marcha, ayer desde su casa a LAS PROVINCIAS y con voz sosegada, Pedro Martínez. «Ver la felicidad de la gente y darte cuenta de que has conseguido algo histórico es algo que quedará para toda la vida», sentenció. Reconoció, la expresión más repetida en la conversación fue «relaciones personales», que su marcha se debe más a aspectos extradeportivos, de falta de confianza que de resultados, algo absurdo puesto que cuando transmitió su deseo de romper la relación el Valencia Basket ya había disputado dos finales de dos posibles, pero, sin citar a Paco Raga o el doctor Miguel Frasquet, con los que ha tenido disputas internas y públicas (sólo hay que repasar la hemeroteca), reconoció la falta de confianza como clave: «A partir de perder la Eurocup me dio la sensación de que el ciclo había acabado. Noté que se perdía la confianza, se enquistaron cosas y la comunicación dejó de fluir. Me sentí un poco solo y poco arropado en algunas situaciones. Pensé que era mejor acabar la relación porque si continuábamos seguro que iba a ir a peor. Así se lo transmití a Chechu Mulero, que ha sido mi persona de confianza estos dos años». Sobre la decisión del club del lunes, de no abrir una puerta ya cerrada, la entendió: «La respeto, me parece coherente y la asumo como un profesional».

Por su parte, el director deportivo taronja, en declaraciones a este periódico, entendió «las dificultades del aficionado» de comprender los motivos por los que un entrenador que te acaba de hacer campeón de Liga se marcha pero, tras reconocer petición de Pedro Martínez de no seguir apeló a la coherencia: «Me expuso unos motivos y a partir de ese momento no podíamos quedarnos de brazos cruzados. No sería lógico llegar a estas fechas sin tomar decisiones.». Mulero quiso dejar que siempre defendió al entrenador desde el punto de vista técnico: «Mi deseo, antes de esa reunión que se produjo en mayo, era renovarle cuando acabara la temporada. El lunes nos comentó la posibilidad de dar marcha atrás pero teníamos ya compromisos adquiridos». Toca cerrar página y seguir adelante.

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