Aplausos para Oriola y pitos para Claver

Oriola (i), defendiendo a Pleiss. / jesús signes
Oriola (i), defendiendo a Pleiss. / jesús signes

JUAN CARLOS VILLENA VALENCIA.

La Fonteta rindió homenaje al primer campeón de Liga en visitar el pabellón con una camiseta distinta a la taronja. Algo que, por cierto, habían reclamado dos pesos pesados del vestuario de Vidorreta como Van Rossom y San Emeterio en los días previos. Es cierto que no fue una ovación a la altura de históricos como Hopkins o Pietrus pero, teniendo en cuenta todo el ruido de su salida en verano y la rivalidad con el Barça, los aplausos fueron infinitamente superiores a los pitos. Todo lo contrario que con Víctor Claver, que volvió a escuchar una contundente música de viento, que superó a los aplausos. No es la primera vez que ocurría, pero el valenciano acusó el golpe. La comparación con lo ocurrido con Oriola, e incluso con Ribas, fue tan grande que el jugador de Maristas no abandonó el gesto serio hasta comenzar el partido. Le tocó la fibra la pitada. Se dio cuenta hasta el propio Oriola, que no paró de hablar con el extaronja en el banquillo durante los primeros minutos del primer cuarto. Un trago duro para uno... y una noche especial para el otro.

El primer momento especial para el pívot de Tàrrega llegó cuando levantó la vista nada más salir por el túnel de vestuarios y ver colgada del techo de la Fonteta la bandera del título de la ACB. «He sentido cosquillas dentro y me han entrado ganas de subir al palco y abrazar otra vez la copa», confesó a LAS PROVINCIAS. Unos segundos después se fundió en un sentido abrazo con Paco Plaza, el utillero del Valencia Basket y una de las personas que destila más cariño en el vestuario taronja. Oriola se quedó con las ganas de saludarle en el partido de la primera vuelta en Barcelona y no dejó pasar la oportunidad de comenzar su ronda de abrazos con él, justo antes de charlas de forma distendida, durante muchos minutos, con Rafa Martínez en el centro de la pista. Sobre el escudo del Valencia Basket y sin público en las gradas. Dos amigos recordando un título. Ahí se acabaron los momentos distendidos puesto que la batalla en la pista fue espectacular, con esos dos amigos destacando en ambos bandos. Rafa Martínez fue el corazón que permitió al Valencia Basket llevarse el partido y Oriola... el soplo de un equipo atenazado.

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