Anicet Lavodrama: «El techo de Abalde es el cielo porque es un estudioso del baloncesto»

Anicet Lavodrama posa en el Gran Canaria Arena durante la pasada Copa del Rey. / j. bermejo
Anicet Lavodrama posa en el Gran Canaria Arena durante la pasada Copa del Rey. / j. bermejo

«Cuando estaba lesionado teníamos que luchar para que descansase», destaca el que fuera icono del OAR Ferrol en los 80

JUAN CARLOS VILLENA VALENCIA.

Los aros de la ACB temblaron durante década y media con los brazos de acero de Anicet Lavodrama (Bangui, 1963). Fue uno de los iconos del OAR Ferrol, un equipo legendario que fue el orgullo de toda Galicia a finales de los 80. Allí conoció a Alberto Abalde Rodríguez, el padre del actual jugador del Valencia Basket. Su amigo, que ahora ejerce como comentarista en Málaga tras pasar por el equipo de scouting de los Cavaliers, tiene claro que el jugador taronja puede llegar a donde se proponga con su carrera.

-¿Siente que es el jugador más querido de aquel mítico OAR?

-Me gusta mucho que la gente recuerde aquella época. Una vez, paseando por Callao en Madrid, se acercó un hombre y me contó, con detalles, partidos del Clesa Ferrol y de la ACB de los 80. Desde entonces me ha ocurrido varias veces, una de ellas en Vitoria. Es algo que me llena de orgullo y me emociona. A día de hoy mucha gente no recuerda los jugadores de su equipo de hace dos años pero sí que lo hace de aquellas plantillas. Es algo muy bonito.

«Su padre sabía que podía ser determinante de base por su altura, nuestro ídolo era Magic Johnson» «El modelo del Valencia Basket me recuerda al del Joventut de mi época, es perfecto para crecer»

-El Ferrol y La Malata. Son iconos para los que vivimos esa ACB de los 80 y los 90 que enamoró a varias generaciones de españoles.

-Lo que se vivía en el pabellón de La Malata y en Ferrol con el baloncesto era algo mágico. Fue algo que hacía falta porque fue una época de muchos cambios sociales y la gente se refugió en el baloncesto para marcar la identidad de la ciudad.

-Fueron los años de la reconversión industrial. ¿El baloncesto fue la válvula de escape?

-El público de Ferrol siempre fue muy reivindicativo. El baloncesto sirvió para suavizar la tensión social. Estaban cambiando las cosas y hasta nuestro uniforme, con OAR y Clesa, fue un objeto de culto para los seguidores. La vinculación con todos los jugadores y entrenadores fue muy fuerte. Toda sociedad necesita identificarse con algo.

-Y ahí apareció Alberto Abalde.

-Ahí apareció un gran compañero que se convirtió en un amigo, como es Alberto Abalde senior. Lo considero como parte de mi familia. Recuerdo que se vino del Obradoiro junto a Juane y Aldrey. Nos entendíamos muy bien en la pista porque éramos un equipo peleón. El nacimiento de nuestros hijos nos unió. Yo tengo dos y Alberto tres, dos de ellos son extraordinarios jugadores de baloncesto.

-¿Los hijos de jugadores llevan en los genes su profesión futura?

-Cuando se es hijo de jugador hay gente que tiene una personalidad que le permite absorber mucho de eso para luego poder proyectarlo en su pasión por el baloncesto. Este es el caso de Tamara y Alberto Abalde.

-¿Se parecen padre e hijo?

-Ha heredado su garra y determinación. Cuando está sobre la pista veo ese carácter guerrero, combativo y de superación de su padre. Le conozco desde que gateaba y cuando le vi crecer, me asombró su pasión por el baloncesto. Se lo sabía todo, era como una enciclopedia de jugadores, equipos y partidos. Desde pequeño ha tenido la convicción de que podía superar cualquier obstáculo.

-¿Le ha sorprendido el nivel que ha dado como base en Valencia?

-No me sorprende porque se formó como base de pequeño. Su padre siempre tuvo una gran visión del juego y sabía que con esa altura podía ser determinante. Uno de nuestros ídolos era Magic Johnson y luego Larry Bird. Es decir, gente de 2,06 que jugaban en el exterior y lo hacían con excelentes fundamentos, con gran visión de juego. Eso es lo que Alberto Abalde intentó trasladar a su hijo. Desde pequeño siempre jugó de base.

-Pero luego mutó a alero.

-Antes de irse de Vigo hizo dos pruebas, en el Estudiantes y el Joventut, y las hizo de base. Luego con la genética fue creciendo y ahora es un jugador muy polivalente que puede jugar tranquilamente de base. Tiene, además, ojo de tirador de élite. Puede jugar en cuatro posiciones porque en el Joventut le ponían, para probarle, hasta a defender cuatros y postear. Lo resuelve muy bien porque conoce el juego.

-¿Donde tiene el techo?

-Es un jugador muy adelantado para la edad que tiene. Su padre siempre quiso ser reservado pero su potencial lo veíamos todos. Queríamos ser prudentes para no proyectarle una presión porque ese es un error que se comete con muchos jugadores jóvenes. El techo de Abalde es el cielo, es ilimitado, porque es muy trabajador, es un estudioso del baloncesto y con un talento enorme.

-¿Es un enfermo del baloncesto?

-Cuando estaba en la cantera de la Penya hay veces que estaba lesionado y teníamos que luchar con él para que descansase. Se daba 24 horas, veía que bajaba el dolor y ya pedía la llave otra vez para ir a entrenar. Si sigue con la misma mentalidad no sabemos donde está su techo.

-¿El Valencia Basket es el mejor lugar para crecer?

-Valencia es un lugar perfecto para crecer. En los últimos años el club ha consolidado un enfoque donde lo más importante no es el dinero sino meter presupuesto con criterio. Han fichado a jugadores españoles jóvenes de mucha proyección y han añadido a extranjeros veteranos e implicados. Es un modelo que me recuerda al Joventut o al Estudiantes de mi época. Es lo que admiro del actual Valencia Basket porque veo que es un proyecto real, para cualquier jugador que quiera crecer.

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