El abrazo de los maestros

Vukovic y Obradovic charlan en L'Alqueria del Basket de manera distendida. / gigantes
Vukovic y Obradovic charlan en L'Alqueria del Basket de manera distendida. / gigantes

El serbio rememora la final de la Copa Saporta del 99 y revela el secreto de su éxito: «Mantengo la misma pasión que tuve el primer día que entrené»

JUAN CARLOS VILLENA VALENCIA.

Cuando Zeljko Obradovic (Cacak, 1960) aterrizó en 1991 con su Partizan de Belgrado en Fuenlabrada, huyendo de la guerra, Miki Vukovic (Kraljevo, 1944) ya había ganado la primera de sus cinco ligas consecutivas en el Dorna Godella y comenzaba a madurar la pócima de la primera Copa de Europa. Si algo profesan los técnicos balcánicos, sea cual sea su procedencia, es el respeto a los maestros. Cada generación, siempre, se mira en el espejo de la anterior. Esa palabra, respeto, no caduca con el tiempo y es por ello que, casi tres décadas después, el entrenador que acapara nueve Copas de Europa, por la primera persona que preguntó nada más pisar L'Alqueria del Basket fue por aquel ingeniero de minas que conoció en la década de los 90. «Miki Vukovic es una leyenda», así de claro definió Obradovic la figura del mítico entrenador del Pamesa a LAS PROVINCIAS. Con gesto reverencial.

Cuentan los que conocen bien a Obradovic que siempre vuelve a las ciudades donde se haya dejado algo por hacer, en sus desconexiones de baloncesto en los veranos. Valencia está ya en esa agenda, puesto que no pudo conocer en profundidad las entrañas de L'Alqueria. «Es impresionante, una casa del baloncesto», sentenció justo después de glosar la figura de Vukovic y revelar el secreto de su eterna juventud en los banquillos: «Para vivir del baloncesto tienes que tener pasión. Estoy muy feliz haciendo mi trabajo y mantengo la misma pasión que tuve el primer día que entrené. El día que vea que no la tengo me retiraré».

Su mayor recuerdo en la historia taronja es la mítica final de la Copa Saporta en Zaragoza, que utiliza para explicar el crecimiento del club hasta el presente, donde es el vigente campeón de la ACB: «El actual Valencia Basket no tiene nada que ver con el Pamesa de mis años en España pero su crecimiento no ha sido de un año para otro sino poco a poco. En aquella final ya se veía que ese proyecto iba a ir hacia arriba de la mano de Vukovic, que venía de ganar un año antes la Copa del Rey. Es un club en el que se progresión en todos los sentidos». Muy poca gente recuerda que en la previa de aquella final, en Zaragoza, Obradovic realizó un llamamiento contra el bombardeo de la OTAN en Belgrado. Pone gesto serio al recordarlo y sentencia: «La vida es más importante que el baloncesto. Lo dije aquella noche y lo vuelvo a repetir». Todo lo ocurrido en aquellos años no le cambió su círculo de amistades «porque la gente normal nunca se separó por la política. Tengo amigos que son de toda la vida y lo siguen siendo. No me interesa la política, es para gente tonta. Para la gente normal no existen estas cosas».

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El serbio tiene claro que el actual calendario del baloncesto europeo «es una locura» y suspira cuando se le pregunta qué hubiera sido del baloncesto si Drazen Petrovic no se hubiera estado en aquel coche el 7 de junio de 1993: «No lo se. Lo que sí que se es que tuve la suerte de estar en la misma selección, jugando junto con Drazen. Recuerdo 1988, en los Juegos Olímpicos de Seúl, jugamos la final contra la entonces URSS y teníamos que esperar una semana para volver con los demás deportistas en el mismo vuelo a Yugoslavia. El entrenador nos dio unos días libres y al día siguiente Petrovic preguntó donde había un pabellón donde podía tirar. Era un fenómeno, su vida era el baloncesto». Otra leyenda, como Vukovic.

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