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Sikma y Oriola defiende a Stoudemire, que se quedó en diez puntos. :: efe/miguel ángel polo

Valencia Basket - Hapoel Jerusalén | La Fonteta sigue con su festival

  • San Emeterio lidera el triunfo taronja tras un recital de puntos, dirección y cabeza y el equipo viaja mañana a Israel dispuesto a sentenciar el pase a la final

Fernando San Emeterio levantó los brazos al cielo de la Fonteta cuando Kinsey puso el 64-59 en el marcador a cinco minutos del final. Van Rossom acababa de cometer la cuarta falta y desde el banquillo se desesperaban, vestidos de calle, Diot y Vives. La Fonteta comenzó a temerse lo peor y el cántabro quiso con ese gesto calmar a las más de 8.500 personas presentes. El balón, desde entonces, fue para él. El internacional se puso los galones para los que llegó a Valencia. Esos que no hace falta pedirlos durante todos los partidos del año sino que se demandan cuando llegan los momentos dramáticos. Los de verdad. Donde se juegan los títulos. El veterano alero sabía que en ese momento tenía que hacer de tres, de uno... y de lo que hiciera falta. Esos últimos cinco minutos de San Emeterio sobre la pista valen el precio de un abono. El parcial final de 19-9 sentenció el primer punto de la semifinal para el Valencia Basket, que continuó con su romance con la Fonteta que comenzó en el tercer partido de los cuartos de final frente al Khimki. Un ambiente de catarsis, bautizado como caldera taronja, que no está dispuesto a que la maldición de las lesiones acabe con el sueño de la Eurocup.

Los valencianos, evidentemente, no ganaron sólo por San Emeterio. Ni mucho menos. Es más, el triunfo llegó porque los nueve jugadores de rotación aportaron lo mejor que tenían dentro. Cada uno en su momento, pero todos aparecieron. Desde los menos habituales, bien está ponderar la entrega de Will Thomas cuando la demuestra como anoche, hasta las estrellas emergentes. Joan Sastre acabó con -1 de valoración el partido que enfrentó a ambos equipos en octubre. Ayer fue otra de las claves, anotando y frenando a Jerrels cuando le tocaba hacer de base. Oriola cumplió la promesa que anunció en este periódico el lunes y se fue a por Stoudemire. A muerte. La otrora estrella de la NBA no vio por donde le venían los zarpazos del pívot de Tàrrega. Y así hasta el infinito, con las seis asistencias de Rafa Martínez que fue el otro base improvisado.

Con ese juego coral, el Valencia Basket logró sobreponerse a los zarpazos de Kinsey y al buen relevo físico que Jones le concedió a Stoudemire. Le bastó hasta para superar el arbitraje de Fernando Rocha. Lo del portugués ayer en la Fonteta quedará afortunadamente en una anécdota pero bien pudo costar un 0-1 con una actuación que se volvió demasiado bravucona. Algo impropio para un colegiado de su nivel.

El Hapoel saltó a la pista dispuesto a hurgar en las dudas físicas del rival, sabedores de que agotar a Van Rossom podía ser una de las llaves de la victoria. Los valencianos no se pusieron nerviosos, ni con el 6-10 inicial, ni con la falta de acierto posterior simbolizada en Sikma y Dubljevic ni siquiera con el momento más complicado del partido para los que vestían de naranja, el 22-29 al inicio del segundo cuarto. El despertar de los locales fue automático, al toque de una campana que indicaba que debían de salir como fuera de ese laberinto. Comenzó a hacerlo con el triple 209 en la Eurocup de Rafa Martínez, el que superó a Popovic como el jugador que más ha anotado en el torneo, y se estiró hasta un 25-8 hasta el cuarto minuto del tercer cuarto (47-37). Los parciales en el baloncesto son abiertos, no hay que leerlos tan sólo de cuarto en cuarto. Tienen vida.

El Hapoel contestó con otro pequeño parcial de 0-6 pero Pedro Martínez cortó cualquier amago de remontada pidiendo tiempo muerto (47-43). Eso que tantas veces le pide un sector de la grada durante los partidos y que en esta ocasión vieron recompensada su petición. Al final, no es cuestión de manuales sino de ver la situación. Ayer sí que tocaba pedirlo porque los gestos de los jugadores de Pianigiani tras cada canasta eran más fuertes que su baloncesto. Cada detalle es importante. Jerrels, Kinsey y Dyson jugaron durante todo el encuentro a 'comerle la moral' a sus defensores. Fue un buen intento... pero al final los que rieron los últimos fueron los exteriores del Valencia Basket.

Dos zarpazos de Will Thomas, que encaró el aro con una determinación que hasta ahora no había enseñado en su nuevo equipo, permitieron a los españoles levantarse de otro susto, que llegó tras un triple de Peterson (49-46) en la recta final del tercer cuarto. Ese pequeño estirón de 6-1 hasta el final del periodo fue oro molido en el desarrollo del último cuarto, puesto que encarar el tramo decisivo con un 55-48 permitió al Valencia Basket calmar los nervios. La Fonteta entró en el mismo momento de trance que contra el Khimki de forma paulatina.. y desencadenó la tormenta desde que San Emeterio, ¡MVP, MVP! levantó los brazos. Seguro que muchos se fueron del pabellón pensando lo brutal que puede ser un tercer partido... lo mejor es que el siguiente que vean sea en la gran final.

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