Las Provincias

Vicente Solá: «Hemos crecido tan deprisa que los de arriba están incómodos. Reciben protección»

«Crecemos tan deprisa que los de arriba están incómodos. Reciben protección»
/ IRENE MARSILLA
  • Vicente Solá, presidente del Valencia Basket, considera que el cambio de filosofía del club desde 2009 es la clave del éxito

El Valencia Basket clausuró ayer en el Ateneo la exposición sobre su treinta aniversario, que ha permitido a los aficionados viajar por el túnel del tiempo. Las historias más importantes del club, las de las alegrías de los trofeos y los sinsabores de finales perdidas o el descenso, son conocidas por todo el mundo. Pero un club que cumple tres décadas también tiene claves internas que explican las raíces, el camino recorrido y el futuro.

-¿Recuerda la primera conversación donde nace la idea de la creación del Valencia Basket?

-Las raíces del club están en la sección de baloncesto del Valencia y recuerdo aquel verano del 86, donde descendió a Segunda y nosotros íbamos a jugar a Badajoz la fase de ascenso para subir a Primera B. Pedro Cortés me dio un cheque de casi un millón de pesetas para el desplazamiento y me dijo que nos esperaba con el ascenso. Antes de salir dejamos encargado a Pipo Arnau que comenzara las gestiones con los hermanos Roig porque nos había dicho que tenían interés en entrar en el baloncesto desde que España había ganado la plata en Los Ángeles 1984. Ofrecerles un club no en Segunda sino en Primera B era fundamental.

-¿Qué ocurrió tras volver de Badajoz con el ascenso bajo el brazo?

-Al volver de Badajoz el Valencia ya había descendido y había dimitido el doctor Tormo y toda su junta directiva. Al frente del club se quedó Arturo Tuzón y al regresar, con el ascenso en la mano, tuvimos una entrevista en el despacho de Eduardo Arnau, compañero letrado y ya fallecido, en Conde de Salvatierra. Ahí, por primera vez, nos reunimos con Juan y Fernando Roig para conocer la idea que tenían para el club.

-Era el contexto perfecto. El Valencia no podía mantener la sección por motivos económicos, los hermanos Roig querían un equipo y la Primera B era un caramelo.

-Correcto, todas las partes salían beneficiadas con el acuerdo. En aquella reunión les comentamos que tenían que tomar la decisión rápida porque necesitábamos dejar en la Federación Española un aval de 20 millones de pesetas para inscribirnos en Primera B, que era la categoría donde ya estaban el Llíria, el Cajamadrid o el Elosúa León.

-¿Se llegó pronto al acuerdo?

-Al día siguiente me llegó una llamada de la secretaria de Juan Roig para decirme que quería hablar conmigo. Nada más entrar en su despacho de Mercadona, me dio la mano y me dijo: «¿Esto es lo que tú necesitas?». Me entregó en mano el aval de los 20 millones y me fui inmediatamente con mi coche a Madrid a inscribir al equipo.

-¿Ese paso lo precipitó todo?

-Sí, porque lo teníamos todo previsto para cuando dieran ese paso. Antes de la primera reunión ya había hablado con Arturo Tuzón y Alberto Miguel de la pretensión que teníamos. Ellos lo que querían es que el club cayera en buenas manos. También recuerdo que me dijeron que la Asociación de la Prensa, con Iñaki Zaragüeta y Antonio Egea, había mostrado su interés en respaldar el proyecto del club independiente. Todo eso se tejió así para el nacimiento del Valencia Basket, con el apoyo de Hoja del Lunes.

-¿Había algún temor dentro del Valencia por ese paso?

-Sí, porque era una época donde habían salido muchos comentarios como que el Sevilla había vendido su plaza a Salamanca y no querían que se diera la impresión de que el Valencia se había desprendido de malas maneras de la sección. Hay un error muy grande que cuenta que fue Paco Roig el que se quitó de encima el baloncesto y es mentira. En ese momento no era presidente y todo se llevó respetando las formas para que la transición fuera correcta. La propuesta es mía y al encontrar a los mecenas se firmó todo de forma que todas las partes salían ganando. Se había creado una ilusión con aquel equipo, con Leo Belloch o Pallardó, y no podíamos dejarles tirados ahora que por fin la ciudad de Valencia podía disfrutar por primera vez de la Primera B.

-¿Cómo recuerda los primeros años hasta el descenso del 95?

-Durante muchos años estuvimos ilusionados en tener un equipo importante y los hermanos Roig siempre apostaron porque un día aquel sueño de jugar en Europa, en las mejores pistas, se cumpliera. Desde el primer momento, el proyecto del Pamesa siempre tuvo una idea de continuidad y de alcanzar las máximas cotas. Fuimos poco a poco y es verdad que cuando quisimos ir demasiado deprisa tuvimos el batacazo del descenso en Huesca.

-¿La Copa del 98 lo cambia todo?

-La ilusión al ganar la Copa en Valladolid fue tan grande que cuando Juan Roig dejó de ser vicepresidente, entonces el presidente era Fernando, y se pone al frente la única aspiración que tenía era repetir aquel éxito que tuvo su hermano.

-¿Nació entonces la famosa frase de 'vamos a ganar la Copa de Europa antes que el Barça'?

-Al final no se pudo cumplir pero demuestra la ambición que siempre se ha tenido y que aumentó a partir del título del 98. Los que hemos estado cerca de Juan todos estos años hemos vivido su trayectoria empresarial. El Juan Roig del 2016 no es el mismo que el de 1986. El de entonces era un hombre emprendedor y el de ahora ha creado un imperio en Mercadona. Estoy satisfecho porque cumplimos en aquello que nos pidió Tuzón, que acertáramos en las personas que iban a llevar el club.

-¿Qué le respondería a quien opina que si quisiera pondría 30 millones y haría campeón de todo al Valencia Basket?

-Les diría que en deporte está demostrado que no todo es poner dinero y que en el Valencia Basket hemos vivido internamente ese escenario, gastando un 50% más que en la etapa que se inició con la entrada de Paco Raga y mía, y comprobamos que por meter más dinero no se consiguen las cosas. La Cultura de la Esfuerzo, que muchos se reían y hacían bromas en su momento, nos damos cuenta con el paso de los años que era el camino. Si el dinero te lo facilitan con demasiada ligereza pierdes el valor de las cosas y de la realidad. Ese fue un error que tuvimos en su momento.

-¿Temió más tras el descenso en Huesca en 1995 o en 2009 cuando Pamesa retira el patrocinio?

-En el verano de 2009. Aquella temporada acabó con una decepción enorme de Juan Roig, que vio que después de muchos años de esfuerzo económico en el club, de muchas ilusiones, de haberle dado a Valencia una Copa del Rey, un título europeo o haber jugado la Euroliga llegó aquel último partido del playoff con el Barcelona. La gente se marchaba antes del final y algunos con insultos hacia su persona. Recuerdo que había uno que no paraba de decirle de todo junto a la escalera y me giré hacia él y le dije que si este señor pierde la ilusión y deja el club a ti también te haré responsable. Se vivieron momentos de encrucijada, de seguimos o no.

-¿Aquel anuncio de que se mantenía el mecenazgo tan sólo dos años fue así de contundente?

-Fernando Roig me lo decía muy seriamente, esto se acaba y ya está bien. Juan también me advirtió de que su patrocinio lo mantenía dos años, pero tengo que decir que en todas las reuniones que tuvimos en su despacho nos prometió que nunca abandonaría el baloncesto. Que aún a las malas nos apoyaría siempre.

-¿La ilusión le vuelve en Vitoria con el título de la Eurocup de 2010?

-Fue recuperando la ilusión viendo el trabajo de aquel equipo entrenado por Spahija. Notamos el calor de la afición aquella temporada porque la gente se dio cuenta de que estaba en peligro el proyecto. Que no era un farol, que era verdad. Si Juan Roig hubiera dado un paso atrás el temor a la desaparición era claro.

-Spahija desnudó el gran error del proyecto tildando de mercenarios a las estrellas del Pamesa en San Sebastián. Rompió un tabú que mucha gente pensaba dentro.

-Aquello fue una verdad como un templo aunque es cierto que nadie se había atrevido a decirlo nunca de forma pública.

-El momento más duro fue el descenso de Huesca en el 95. ¿Qué imágenes tiene en la memoria?

-Recuerdo la parada que tuvimos en carretera esa madrugada volviendo a Valencia. Era por Zaragoza. Me senté en una mesa con los hermanos Roig y Jorge Bauset, nos miramos y la pregunta fue ¿y ahora qué? El futuro era incierto y había que tomar muchas decisiones. Allí reflexionamos sobre todos los errores cometidos en el año en el que más ilusión habíamos tenido. Por eso aquello de que no todo se consigue con dinero. Sacamos en claro que había que reinventarse y así lo hicimos con Miki Vukovic y un equipo de gente joven. Pensamos en un entrenador que había tenido éxito con el Dorna, fue idea de Fernando Roig.

-Mentalmente se asocia la Copa del 98 a Vukovic y Rodilla. Ninguno de los dos está en el club. ¿Hay heridas que todavía hay que coser?

-En ocasiones todo lo que tú quisieras no puede quedar atado ni puede ser. Tenemos la suerte de contar dentro del club con Víctor Luengo que ha sido un santo y seña. Sobre la circunstancia de que Rodilla haya elegido otro camino o no hayamos pensado en él creo que hay que respetar las decisiones de todas las personas que en algún momento han tenido responsabilidad interna. Me quedo con lo bueno de Vukovic y Rodilla, no nos olvidamos para nada de ellos.

-Tampoco hay que olvidar la sanción por no viajar a Tel Aviv. ¿Se sintieron ninguneados?

-La decisión de no viajar a Israel fue del club. Con el tiempo es muy fácil decir que mal tomada pero había que estar ahí. Fueron días muy duros. Se había producido la muerte del líder de Hamas y la frase clave que toda mi vida me acordaré es que la amenaza fue que por las calles de Tel Aviv correrá la sangre. Los que teníamos que viajar éramos nosotros no los que opinan desde fuera. Lo aconsejable era no viajar. Lo otro era conseguir aplazar el partido o que se jugara en otro lugar, nunca nos negamos a no jugar le partido.

-Y nadie les apoyó, ni los políticos autonómicos ni los nacionales.

-Fuimos a Barcelona, con Lluis Muñoz, a reunirnos con Jordi Bertomeu para intentar aplazar el partido o buscar una solución y nos dijo que no podía ser. Nos dijo que si hacía falta viajaba con nosotros pero que no podía aplazarse. Su frase fue que Tel Aviv era un búnker.

-¿Si le hubiera ocurrido a Real Madrid o Barcelona se hubiera aplazado o reubicado el partido?

-Seguramente sí. Pasó algo parecido en Turquía y al Real Madrid se le cambió la ciudad a un partido. A nosotros no y eso duele. Lo que la gente no sabe es que fueron días de muchas llamadas y reuniones. Se pensó que aquel partido internacional podía ser un atractivo mediático para cualquier barbaridad. Robert Pack recibió una carta firmada por Condoleezza Rice que le instaba a no viajar a Israel. Ese era el consejo del gobierno americano y el jugador puso el documento encima de la mesa. No nos merecíamos lo que ocurrió y faltó sensibilidad con nosotros.

-La decisión era exponerse a una sanción o correr un riesgo.

-Recuerdo salir un día de un juicio en Alzira. Juan Roig me llamó y me preguntó por las consecuencias. Mi contestación fue que por no viajar no iba a pasar nada grave pero que si íbamos y ocurría algo pesaría sobre nuestra conciencia toda la vida. Hubo tanta presión que se nos ofreció incluso que seríamos escoltados por el ejército israelí. Algo que no ayudó a calmarnos.

-¿La Euroliga les ha pasado factura de aquello desde entonces?

-¿Que peaje hemos pagado? ¿Que nos eliminara el Real Madrid en el quinto partido del playoff con Pesic? Todos sabemos lo que ocurrió pero no creo que fuera por el peaje de Tel Aviv. En algunas ocasiones se nos ha visto como nuevo rico en la ACB y eso ha creado un sentimiento de estar en contra. Hemos querido crecer tan deprisa que los de arriba están incómodos. Creen que debemos estar aún en la cola, que no podemos llegar tan alto. Puede que sea fruto de mi imaginación pero todos sabemos que existen cosas que hacen que a los equipos de abajo les cueste llegar arriba porque allí ya hay algunos instalados que reciben determinada protección.

-¿Habla de Baskonia y Querejeta?

-No digo nada, eso en todo caso es una cosa tuya.

-¿Cual es la peor actuación que ha visto desde dentro del club?

-Lo que hizo Marshall, simular una lesión para no jugar la prórroga de la vuelta con el Mons, fue horroroso. Por eso fue fulminado. Tampoco me gustó que un jugador que tenía un contrato millonario como Shammond Williams tuviera el billete preparado para marcharse a Estados Unidos antes de acabar el playoff con el Barcelona en 2009. Por eso no nos tembló el pulso para cortarle de inmediato, no podía continuar ni un minuto más dentro del club. Lo importante es darte cuenta antes de que una manzana siga en el cesto perjudicando a otros.